este fan fic esta ambientado en la época antes del covenant, aun esta en proceso, les dejo un pedazo del prologo y subiré lo demás en PDF, se ira actualizando conforme vaya avanzando.
Estén al pendiente.
Spoiler
~Prologo~
-tantos años, cuando se nos permitirá volver- pregunto Ramee, con tono agresivo; la diminuta sala de mandos, de aquella estrecha nave, se le había hecho pequeña después de tantos años encerrado, y por los ya viejos y rayados cristales blindados de aquella helada tumba metálica, parecía que la oscuridad del espacio se abría paso por el vacio que dejaba cada bocanada de oxigeno de los tripulantes.
-pareces asustado Ramee, acaso… ¿te asusta la oscuridad?- respondió el capitán Tyme con tono sarcástico, mientras con aquellas cuatro mandíbulas dibujaban apenas una tenue sonrisa burlona.
-no, la oscuridad nos ha acogido y escondido, es una madre para mí- ramee, no mordería de nuevo el anzuelo de las sarcásticas preguntas que Tyme solía hacer antes de darle un sermón de honor Sangheili, Tyme era un anciano astuto, había visto sus mejores años en el ejercito principal y con ello acumulado una odiosa empatía pero también basta sabiduría, después de tantas lunas su cuerpo cansado había hecho que lo relevaran y pusieran a bordo de una nave de exploración en aquel vacio espacio.
-no seas tan adulador ramee... la oscuridad siempre da miedo, nunca sabes los misterios que esconde- interrumpió Onme en la conversación.
-temerle a la madre de la noche, es temerle a lo desconocido, un Sangheili debe acogerse en su manto para descubrir lo que oculta, y usarlo uno mismo para ocultarse de lo que acecha- dijo Ramee mientras se acercaba amenazante a Onme, tanto hasta quedar a pocas pulgadas de distancia mirándose a los ojos cada uno.
-tantos años con el viejo Tyme y sus sermones, te han vuelto igual a él… deja de jugar al valiente, odias esta nave tanto como yo, el asqueroso hedor a alimentos pasados, y los desechos que se han ido acumulando con los años, el maldito chasquido del metal retorciéndose que no te deja dormir, y el frio que te congela hasta la medula.
Veamos cuan generosa será la oscuridad cuando una hoja de energía te corte la garganta en medio de su “manto”-
Replico Onme con tono tajante, mientras daba media vuelta y se marchaba hacia la sala común de la nave.
Tyme aun siendo capitán pareció oír las quejas sin entrometerse, no es que no quisiera detener aquel enfrentamiento, quería comprobar cuan honorable podían llegar a ser sus hombres, como para perdonarse entre hermanos.
-¡solucionemos esto de una vez Onme!, si quieres matarme que sea aquí y ahora- grito Ramee mientras, desenfundaba su espada energética, tan rudimentaria en esas épocas que tardaba unos cuantos segundos en que los rayos energéticos alcanzaran a formar la punta de aquella espada, que apenas y era una estela de luz difusa, apenas lograba tener la silueta de una espada energética.
La puerta de la sala de mando se había abierto entre crujidos de tan vieja que se encontraba, sin embargo la sombra de Onme permanecía quieta entre la puerta, había detenido su camino al escuchar la réplica de Ramee, la luz azul tenue que provenía del pasillo contiguo, el cual condujera a la sala común, contrastaba con el interior de la sala de mando, hacia que el perfil de Onme se dibujara de un oscuro sombrío, su esbelta figura como un Sangheilo joven, quien apenas se había embarcado en su primera misión, se desentonaba del tono azulado del pasillo, y aquellos ojos con un amarillo encendido resaltaban entre la sombra de su figura.
De pronto una luz blanca se reflejaba sobre el rostro de Onme, una espada hecha de energía se forjaba entre su flacuchas manos.
Onme se dio la media vuelta, y ambos tanto Ramee como Onme se acercaron con pasos cortos y controlados cada uno con espada energética en la mano preparados para cualquier cosa.
Pronto se encontraron de frente a pocos centímetros de distancia, en el medio de la sala de mando; detrás Tyme, el capitán, quieto como gárgola, vigilaba con atención los movimientos de sus hombres, esperando quien asestaría el primer golpe, sin embargo ya tenía su mano posada sobre la empuñadura de su espada enfundada, para que intervenga antes de que tuviera un hombre menos, cosa que en lo más mínimo le interesaría, si no fuese porque sus superiores lo retirarían si se enterasen que uno de sus hombres murió a sus ojos sin hacer nada por ayudarlo.
Pronto Onme y Ramee, encorvaron las piernas preparándose para correr hacia el otro, apretaron las empuñaduras de sus espadas, casi podía jurarse que se trataba de un espejo, de no ser porque Ramee con pocos años mas superaba en estatura a Onme y por aquella vieja armadura de metal con pintura rasgada se asomaba una cicatriz desde el pecho de Ramee. Al mismo tiempo Tyme desenfundaba y se preparaba para saltar a bloquear cualquier ataque de cualquiera de los dos.
Sin embargo, antes de que cualquiera pudiera lanzarse a su cometido, un estruendoso sonido reboto en las paredes de la nave, provenía del vacío oscuro del espacio, un sonido grave continuo parecido al rugido de un león pero con la dulzura de un canto de ballena.
Por la ventana principal, una figura siniestra empezaba a salir de las penumbras, un objeto metálico, parecía un enorme prisma de 7 lados, con pequeños cilindros a los costados y con una de sus puntas ovalada por el cual se reflejaba una ventana, tenia cortas alas en la parte trasera justo en las caras más elevadas.
Pronto se dieron cuenta que se trataba de otra nave, un poco más grande que la de exploración que tenían.
Sin embargo, aquel navío espacial, no tenía una figura reconocible de alguna flota Sangheili, de hecho, salía de cualquier diseño conocido, incluso desafiaba las formas finas que los Sangheilis habían diseñado de forma perfecta para evitar la fricción al despegue o aterrizaje.
Era obvio que aquella figura, pertenecía a alguien más, alguien desconocido. La nave parecía estar a la deriva, pequeños destellos que salían de la ventana, indicaban que algún fallo de energía tenia aquella nave; seguramente como las luces aun parpadeaban, el incidente no debía tener más de unas cuantas semanas, tal vez, dentro había algún ser desesperado sin comunicación, solo, a la deriva.
Los tres Sangheilis se quedaron petrificados ante la imagen, como si esperaran a que algo ocurriera, las espadas de Ramee y Onme aun brillaban encendidas, Tyme había girado lo mas que pudo su anciana cabeza para divisar aquel objeto en el espacio.
-¡Rápido!, dejen de sus juegos de niños. Todos a las naves de abordaje, veremos quién es nuestro pequeño invitado…- reclamo Tyme al recobrar la razón, enfundo la espada de nuevo. Ramee y Onme se miraron de nuevo, la frustración de no haber concluido su enfrentamiento se marcaba en sus rostros, sus espadas regresaron a ser solo la empuñadura de metal Sangheilo.
Un empujón los separaba, Tyme cruzaba entre ellos, llamando su atención y cruzando aquella puerta antigua que antes había abierto Onme, los otros dos lo siguieron.
Las naves de abordaje salían de aquella nave antigua de exploración, las pequeñas naves de abordaje eran tan diminutas, que los elites apenas se acomodaban entre controles y palancas, las naves, apenas unos cilindros de un par de metros de diámetro con impulsores en la parte trasera; tres astronaves pare se exactos, se dirigían hacia aquella intrusa del espacio.
Al acercarse al área de aquel vehículo extraño, cada cilindro se posiciono, perpendicularmente a las paredes del ajeno, de la parte inferior frontal de las naves Sangheili, se desprendía un rayo laser, tan fino con un cabello de un color naranja fosforescente, dicho rayo, se movía siguiendo la circunferencia de aquellos cilindros, y al dar cada uno la vuelta entera el rayo desapareció tan rápido como apareció.
Sonó un chasquido mientras unos pequeños ganchos salidos de los cilindros se enganchaban a la nave extranjera, como sanguijuelas sujetándose a sus huéspedes, los cilindros se sostenían del prisma heptagonal.
Dentro de la nave extraña, en medio de oscuridad y un eterno silencio, un estruendoso golpe se escuchaba, grandes círculos de metal caían de una de las paredes de la nave, y con ellas en un sonido silbante como cuando alguien silencia a otro, mientras un gas se desprendía del siniestro, una compuerta se alzó en aquellos agujeros, abriendo el cilindro que se había enganchado.
Los tres Sangheilis salieron de sus naves y se adentraron en aquel desconocido vehículo. Se encontraban en un pasillo estrecho se extendía hacia ambos lados perdiéndose en la oscuridad.
-Ramee, Onme, olviden sus estupideces, necesito que se concentren, los dos vayan hacia la derecha, yo investigare por la izquierda, si hay alguien o algo en esta cosa, lo encontraremos- Ordeno Tyme con una voz baja pero que era ronca y fría.
Ramee y Onme se dirigieron a donde les habían dicho, sin saber lo que los esperaba. Después de unos 50 pasos el pasillo terminaba, en una sala gigantesca la mayoría en penumbra, excepto por unas tenues luces rojizas que apenas se reflejaba en las paredes metálicas.
Por unos minutos se quedaron inspeccionando, pronto vieron algo parecido a un elevador, una pieza de metal en forma de semicírculo, parecía atascado a media altura de la pared.
-Ramee, me parece que alguien ha intentado subir pero eso se atasco, sube, y te cubriré aquí abajo- dijo Onme mientras miraba aquel elevador extraño.
-No me des ordenes Onme, no eres un superior… De hecho, yo soy quien debería ordenarte a ti, después de todo entre los dos soy el que tiene más experiencia- reclamo Ramee, en ese momento.
-¿más experiencia?... ¿en qué?... ¿naves de exploración inútiles?... desde donde veo, logro ver a un patético Sangheili fracasado que intento ser un Spec Ops pero termino siendo tripulante de una estúpida nave al mando de un viejo inútil.
No te di ordenes Ramee, deja tu alto ego, ¿qué trajiste contigo?; una espada energética solamente de que manera podrías cubrirme con eso, tengo un rifle de plasma en mis manos y una espada enfundada, soy más útil aquí abajo que trepando sin ninguna protección.
¡Deja de quejarte de una vez y haz las cosas!- Onme había dado donde más le duele a Ramee, Ramee había entrado al ejército para cumplir su sueño de ser un Spec Ops como su padre, y honrarlo después de que muriera en una guerra contra una tribu separatista de Sangheilis. Sin embargo sus sueños se derribaron, después de que apenas en su primer entrenamiento uno de sus compañeros le clavara una espada energética en el pecho por accidente, la condición de Ramee decayó, la herida aunque sano, dejo graves consecuencias, se agitaba más rápido que cualquier otro Sangheili y uno de sus corazones había resultado gravemente herido, y aun curado sufría de afecciones cardiacas. Debido a esto lo retiraron de los Spec Ops sin haber siquiera entrado a una sola misión, fue relevado a una nave de exploración en la órbita de Sangheilos, sin embargo Ramee continuaba sintiendo honor, aunque muy en el fondo estaba decepcionado de sí mismo. A pesar de las burlas y la ofensa, Onme tenía razón, el no estaba equipado para defender.
Ramee aun invadido por odio, pero sabiendo que las palabras eran ciertas; giro aquella encorvada cabeza, camino hacia las paredes y comenzó su ascenso.
Clavo aquellas manos, en las pequeñas aberturas de la pared metálica, parte del diseño de la habitación, unas franjas hundidas en el metal que iban en zigzag hacia el techo, no muy profundas, y formaban un pequeño tema para la pared, que lo sacaba de la monotonía de aquel gris del metal.
La distancia era mucha, la pared y la altura del techo era inmensa más de 8 metros separaban el suelo del techo, y a pesar de que el elevador estaba a media distancia, aun seguía siendo una altura considerable.
En casi oscuridad Ramee ascendía hasta llegar a la plataforma, con cada paso ascendía un poco, las franjas hundidas en la pared eran pequeñas, y tenía que hacer mucho esfuerzo para sostenerse, sus músculos se empezaban a cansar cuando apenas había ascendido poco más de la mitad del camino, su agitación aumentaba, el frio en la habitación era terrible, y con cada respiro, su aliento asomaba como una bandera ondeando en un tenue humo blanco.
-¿¡quien anda ahí!?- escucho Ramee desde las alturas, desde abajo Onme perdido en las penumbras gritaba hacia las sombras.
Ramee trataba de mirar que ocurría lo mas que podía permitirse con su incómoda posición.
De pronto, una sombra tenue que apenas se diferenciaba en la oscuridad, paso por el pasillo de donde habían llegado.
-¿¡Capitán Tyme, es usted!?, ¡Vamos sal de ahí!- Onme le gritaba a la oscuridad.
Como si las difusas sombras no fueran suficientes, en ese ambiente de suspenso, ahora, podían escucharse pasos, o sonidos semejantes a pasos, el suelo sonaba con el golpe de algo metálico, uno a uno; lentos; seguros; constantes; los pasos, cada vez más fuertes. Onme encerrado en oscuridad, Se había detenido para escuchar aquello que se acercaba lentamente, como un martillo en la mente de Onme, cada paso solo golpeaba su mente con soluciones irreales, “¿Tyme?, quizás… un objeto que se ha caído”, cada pensamiento, con menos sentido que el otro.
Tan repentino, como aparecieron, los pasos se dejaron de escuchar. Onme se volteaba a ambos lados, giraba y gritaba mil maldiciones al aire, pero no había quien conteste a sus palabras. Onme se volteo para intentar buscar, en donde la tenue luz rojiza se reflejaba.
Entonces, una figura apareció ante él, no tan alta como un Sangheili, pero imponente, lucía una armadura de metal, que lo cubría de pies a cabeza, unas muñequeras cuadradas brillantes, con sus piernas cubiertas de una especie armadura robótica, seguramente para ayudar al andar de la creatura, un pectoral achatado y ovalado que lo protegía, con unos jeroglíficos grabados en el pecho derecho, su cuerpo cubierto por debajo de la armadura de un mallón tan negro que se asemejaba a la oscuridad y una pequeña careta que apenas dejaba ver su rostro; el cual, parecía el de un anciano, tenia ojos oscuros y grandes, casi podía sentir como el extraño ser penetraba su alma con esos ojos, una mandíbula que apenas sobre salía de la creatura, y una risa, traviesa y perversa que se dibujaba entre unos labios apenas visibles, delgados y con arrugas.
La creatura se abalanzo hacia Onme; con sus brazos, la creatura se apresuro a sujetar el rifle de plasma, que Onme apenas y preparaba.
La fuerza de la creatura era inmensa, tal vez, aumentada por la armadura, le había arrebatado de un tirón el rifle de sus manos y lo lanzo hacia la oscuridad.
Entonces, la creatura retrocedió unos pasos, mirando desafiantemente a Onme, este estaba invadido por una sensación extraña, no sabía que era, nunca la había percibido… miedo.
Aquella creatura, balbuceo algo en una lengua extraña, apuntando hacia Onme y con el otro brazo sujetando algo de entre su cadera; la voz, era parecida a un sabio, hablando, profunda y calmada, pero echada en furia y que emanaba terror. Onme a pesar de no hablar esa lengua, entendió el mensaje.
-quieres pelear a la antigua, ¡ehhh!. No sé que seas, ni de donde vengas, pero tal vez si te abro las entrañas pueda averiguarlo- Dijo Onme mientras desenfundaba su espada, pronto la habitación se iluminaba de un blanco, luz proveniente de la espada energética de este.
La creatura saco algo de su cintura, el objeto parecía una vara de metal, empezaba con una empuñadura ancha, de donde la creatura la sujetaba, desde el perímetro de la empuñadura, un pequeño filamento se extendía, más pequeño y brillante. Pronto aquel filamento extraño chispeaba, y con energía que salía de este, una figura conocida se empezaba a formar, una espada energética como la de los Sangheili, sin embargo más delgada, y más avanzada, mientras que, la espada energética Sangheili era ancha y difusa, la hoja formada por aquella extraña vara, era delgada y mejor definida, se podía notar el filo que formaba la energía, incluso la manera de empuñarse era distinta, la espada Sangheili se empuñaba de forma horizontal y la energía salía de los extremos, la de la creatura se empuñaba de manera vertical, con dicha vara que expulsaba la energía. Casi podía sentirse que dicha espada podía cortar el metal como si fuera mantequilla.
Onme fue el primero en lanzarse al ataque, con una enorme zancada, ataco, el brazo de Onme se arqueo lo mas que pudo, gritaba con mucha fuerza y furia, en medio del aire, la creatura alzo la espada también, en modo de defensa, las espadas chocaron y un estruendoso sonido se despidió de ellas, el ser apenas se movió, Onme en cambio retrocedió unos pasos debido al impacto.
Desde las alturas, Ramee intentaba ver lo que sucedía, sin embargo su precaria posición no lo permitía, lo único que podía captar, era el sonido de la energía contra energía, chocando una y otra vez.
Ramee decidió bajar sigilosamente sin decir nada para apoyar a su compañero en batalla, sin embargo, el camino de bajada era más difícil que el de subida.
Debajo, dos figuras se encontraban de frente, el brillo de las espadas se reflejaba en el cuerpo y armadura de cada uno, Onme con su armadura Sangheili, muñequeras, hombreras, pectorales, muslos y pies, cubiertos de la tradicional armadura Sangheili para rangos bajos, ovaladas, opacas, color azul oscuro, apenas podían proteger al soldado, contraste enorme con la armadura de la creatura.
Onme estaba exhausto, había asestado más de10 golpes, Onme era torpe y apresurado, siendo un novato y joven apenas, no tenía mucha practica con la espada energética, se apresuraba demasiado y sus golpes eran siempre predecibles.
La creatura se limitaba a bloquear, inmutable de su posición.
Rompiendo la tensión del ambiente, la creatura emitió un sonido, seco y profundo, pero podía apreciarse con claridad que se trataba de una carcajada.
Onme se daba cuenta de algo, algo, que el calor de la batalla no había dejado que se percatara.
Varias miradas más, se habían unido al espectáculo, 4 para ser exactos, ocultas apenas en la oscuridad, pero se podían apreciar, cada una parecida a su contrincante, misma armadura, y mismo gesto anciano. Se limitaban a observar, ninguna parecía que pensara meterse, solo miraban atentos a la batalla.
-¡malditos! Terminare con este y seguirán ustedes- Gritaba Onme hacia los vigías.
Su rival, avanzo, y lanzo un golpe medio hacia Onme, Onme lo bloqueo con dificultad y retrocedió unos pasos más.
La creatura rival, volvió a reírse de una forma estruendosa. Una de las creaturas balbuceo algo en aquel idioma extraño, dirigiéndose al rival de Onme, parecía reclamarle algo; con un gesto molesto, aquel enemigo, se volvió a dirigir hacia Onme, empuño la espada con ambas manos y la extendió hacia un lado.
Onme se preparo, flexiono las piernas, y sujeto la espada fuertemente como si se tratase de un compañero quien quisiera escaparse de sus brazos.
La creatura, blandeo la espada hacia arriba estirándola lo más que pudo y asesto un golpe tan fuerte, que el sonido estremeció toda la habitación, Onme la había detenido, de milagro.
Las espadas se encontraron, filo contra filo, sin embargo, la espada extraña, era más avanzada, parecía cortar la hoja energética difusa de la de Onme, y en otro estruendoso sonido acompañado de un destello cegador blanco, la espada de Onme exploto en energía.
Ramee, desesperado seguía bajando, solo escuchaba, los gritos aterradores de su compañero.
Onme, gritaba y gritaba, se hinco en un arrebato, la explosión había quemado su rostro y todo su pecho, la piel de su rostro en algunas zonas se había casi evaporado, dejando ver el rojo de la carne. Su pectoral estaba al rojo vivo, y quemaba como el mismo infierno sobre la piel de Onme, el dolor era insoportable, los gritos de agonía eran terribles, inundaban toda la habitación, Onme se sujetaba el rostro con una mano, mientras, la otra, la cual había sujetado la espada, había desaparecido junto con la explosión.
La creatura estaba inmóvil en su sitio, aun en la posición en la cual se encontraba al momento del ataque, inerte, su armadura lucia opaca y negruzca en algunos lados, debido a la explosión, pero no parecía herido.
Mientras el suelo se manchaba de un morado oscuro, proveniente de la sangre que se derramaba de Onme, los vigías siniestros, y casi sin hacer ruido. Todos al unisonó activaron sus espadas; los gritos de Onme aun inundaban la sala, las creaturas lo rodearon con espadas en mano, esperando, disfrutando el momento, saboreando cada grito como si se tratase de un manjar, una bebida deliciosa para sus oídos.
Casi como si se tratara de 4 espejos, reflejando la misma figura, las creaturas clavaron sus espadas en el cuerpo de Onme, el silencio reino entonces, el único sonido, era el de la carne quemándose al contacto con la energía. Un humo negro y espeso salía del cuerpo de Onme donde las espadas habían penetrado, la energía ardía en el cuerpo y armadura de Onme, quien estaba ya muerto, colgado y sostenido solo por aquellas espadas clavadas en su cuerpo.
Una por su abdomen atravesando hasta la parte baja de la espalda, otra en la parte superior de la espalda, sobresalía por el abdomen casi rosando aquella otra espada, la siguiente en el hombro derecho, parecía haberle destrozado los huesos del hombro pues el brazo completo estaba deformado con el hombro más arriba incluso que su cuello, la ultima luz penetraba su pecho izquierdo hasta salir por atrás de su cuerpo, quemando y derritiendo atreves de la armadura, las parte que tocaba la energía de la espada, se derretía y derramaba en un rojo vivo y caliente.
Tan rápido como entraron las espadas se desactivaron y el cuerpo de Onme ya sin vida cayó al suelo, la quinta creatura aquella que fue rival de Onme aun inerte, no sospechaba que detrás algo caía de la pared.
Ramee, se estaba maldiciendo, se apresuro tanto pero aun así no logro bajar a tiempo, de sus ojos se reflejaba tristeza, Onme a pesar de ser su eterno rival, era un Sangheili un hermano, como todos. Se dirigió hasta la creatura inerte, con los brazos en furia, listos para estrangular a lo primero que se le cruzara.
De pronto, una luz azul, se avecino tan rápido como el rayo, Ramee, sintió algo desgarrador, la vista se nublaba, y sentía que caía al suelo, un dolor y un calambre se extendían desde su espalda hasta la punta de sus dedos, un dolor inimaginable, la vista se nublaba mas y mas, oscureciéndose con cada segundo, y su cuerpo cayendo, sus brazos estirados que estaban listos para atacar, ahora parecían fideos ondeando en el aire mientras caían; parecía casi, como si el tiempo se detuviera en su caída, la creatura a quien pensaba atacar, giro la cabeza, y por un segundo en el aire, la mirada borrosa de Ramee y la de la creatura se encontraron, odio se apreciaba en ambas, pero la creatura parecía sorprendida; al caer todo se volvió oscuro.
No paso ni más de un minuto en el suelo inconsciente, su honor e instinto Sangheili lo hizo abrir los ojos, no podía mover nada, algo ardía en su espalda, ¿quemadura por plasma?, ¿así se siente entonces?, se preguntaba, era la primera vez que resultaba disparado, despejo su mente y decidió observar lo que sucedía, las 5 creaturas estaban de pie a un costado de él dándole la espalda, delante, una creatura mas, con un objeto extraño entre los brazos se había unido, ¿un rifle de plasma?, era tan extraña la figura que casi no se reconocía que fuese un arma. La creatura nueva, vestía una armadura igual, pero con franjas purpura en la careta, parecía estar regañando a las demás, sin embargo eran tan extrañas que no sabía exactamente qué pasaba.
Ramee se dio cuenta de algo que no había notado antes, la creatura nueva con un brazo sujetaba un cuerpo, un Sangheili, podía reconocer esa armadura antigua color azul pálido, opaca y desgastada, Tyme, quien ahora tenía 3 marcas de quemadura de plasma, al parecer el capitán había dado más batalla que él y Onme juntos.
Algo inquieto a la creatura de mayor rango, miro a Ramee a los ojos, y luego con pasos seguros se acerco lentamente hasta él, la creatura se inclino para mirar mejor a Ramee al rostro.
-que… que… ¿que son ustedes?… ¡aghh!- Dijo Ramee con las fuerzas que le quedaban, la creatura parecía que comprendió la idea.
Quien lo único que dijo antes de alejarse de Ramee fue: “San Shyuum”.
Ramee quedo en el suelo, pensando, el dolor se había ido, y una sensación cálida recorría su cuerpo, no había preocupaciones, ni dolores, ni miedo, ni angustia que llenaran la mente de Ramee, estaba despejado completamente, la vista se volvía a poner nublosa, antes de cerrar los ojos, pensaba “el capitán, los exploradores, nave pequeña, trajes diseñados para espacio…” quedaba claro, habían encontrado a una tripulación de exploradores, de alguna otra raza.
Ramee dibujo una sonrisa entre sus mandíbulas, suspiro, y sus ojos se cerraron, cubriendo su vista de un negro profundo, y eterno.
~ ARENAS DEL TIEMPO ~Las llanuras del desierto Sangheili se extendían tan lejos como la vista podía percibir, el aire resoplaba por las rocas y silbaba una canción solitaria, la arena se alzaba y en el suelo parecía formar olas como si de un mar color café se tratase.
Algunas rocas estaban marcadas por las cicatrices de batallas, encontradas a través de ya más de ochenta años, desde aquel día en que los caídos cuyos nombres habían sido borrados y calados por la arena de los tiempos, se encontraron con la primera flota San Shyuum.
La guerra por las diferencias en sus creencias, y la dominación de los artefactos sagrados, había empezado hace ya mucho, la tensión se vivió desde la llegada de los extranjeros al planeta Sangheilos, sus creencias, por cómo se deberían usar los artefactos de los dioses, eran totalmente diferentes, la sombra y el hambre por el poder, se adueño del planeta, el cual se sumergió en una guerra la cual parecía interminable.
Sangheilos antes dividido en tres grandes bandos; el Pacto de la Unión dominaba en las tierras del norte Sangheilos aquel continente gigantesco, lleno de lagos y montañas, con cambios tan drásticos en su terreno, en un lugar podía helar hasta matar a un Sangheili fuerte en un instante y a lado, podría haber una jungla llena de Midkas que corrían libremente, parecidos a perros sin pelo y con un rostro sin ojos pero con una nariz inmensa y pegajosa que cubría la mitad de su cráneo; el pacto de la unión tenía el símbolo del honor como emblema, dos espadas energéticas cruzadas, el pueblo era inmenso, ciudades se extendían bajo el control del pacto de la unión, una población de guerreros Sangheilis, con un sentido del honor que rozaba el fanatismo. Lejos, al sureste el llamado continente de las arenas yacía, tan vasto y enorme como el anterior, uno de los dos continentes principales en Sangheilos, tenía el desierto más grande del planeta, sus arenas se extendían por más de la mitad, que se perdían luego en bosques secos con arboles color rojizo y purpura, mas allá al sur del continente casi rozando el polo sur del planeta, una tundra se extendía “el desierto de hielo” como lo llamaban los Sangheilis ancianos; en ese continente yacía el dominio de Augur, se centraban mas en el cuidado de las reliquias antiguas, en extremo religiosos, su emblema una esfera con tres puntas que salían de ella, representando las tres virtudes Sangheili, religión, honor y sabiduría. Por último, el bando rebelde, el Ejercito Separatista, dominaba las costas intermedias entre los grandes continentes y varias islas, Sangheilis que querían vivir libres del estricto régimen de honor de la unión y de la monotonía conservadora de augur; su emblema, un cráneo Sangheili.
Durante la guerra se habían unido los bandos como hermanos de una misma raza y un mismo emblema, el puño Sangheili de la libertad, y a cada bando, lo comandaba un Sangheili de casta nombrado “comandante supremo” de alguno de los tres bandos; los cuales servían a un mismo líder.
Pero todo eso es cuestión del pasado. Las llanuras del continente de las arenas, seguían soplando y lejos del ruido de aquel canto mágico del viento, se escuchaban voces en diferentes tonalidades, entre las arenas que soplaban, se encontraba un campamento temporal, ondeaban las banderas, un puño dibujado en una, y una esfera de tres picos en otra.
Los Sangheilis caminaban por todas partes, llevando suministros y heridos, los gritos de agonía contrastaban con las risas en la carpa del comedor, sin embargo a pesar de que cada tienda y carpa hacia un escándalo que opacaba a la dulce música del viento, en la tienda más grande y de la cual ondeaban las dos banderas, reinaba el silencio.
Dentro el comandante del ejército de Augur, se postraba en silencio en su silla de mando, justo a la cabeza de una mesa de metal Sangheili con un intenso purpura, en ella se encontraba un mapa holográfico, el comandante parecía examinar y perder su vista entre las montañas y dunas del holograma. Un elite de cuerpo robusto y musculoso, vestía una armadura con un leve tono violeta, de sus hombros una capa rasgada por años de pelea se extendía hasta sus pies ocultaba el brillo de su armadura cuando dejaba que la capa cubriera sus hombros y brazos por completo, sus muñequeras, la derecha tenia grabada el escudo del puño en alto Sangheili, y en la izquierda el símbolo de Augur.
Pronto algo arruino su paz, alzo la vista para contemplar el visitante en su tienda.
-Comandante supremo Uruo ‘Losanee, una nave se está dirigiendo hacia aquí- Dijo un soldado vestido de armadura azul pálido, casi tan alto como Uruo pero más flacucho.
-¿Nave San Shyuum?, ¿ tan rápido nos localizaron los bastardos?- pregunto Uruo mientras se levantaba de su silla con furia.
-No comandante… es Sangheili, tiene el emblema del Pacto de la Unión y viene hacia aquí, ¿Qué debemos hacer?- el chico titubeaba al hacer la pregunta.
-Así que una nave del ejercito de la Unión viene hacia aquí, que noticias traerá sobre la guerra…- dijo Uruo -Los recibiré yo mismo, ¡ve y prepara la zona has que se mueva cualquier soldado que camine por ahí!-
-¡si comandante supremo!- respondió el escuálido Sangheili, mientras se retiraba de la tienda.
Fuera, todo parecía un circo de los que solían viajar por las arenas del desierto hacia las ciudades, los Sangheilis corrían desesperadamente de un lugar a otro, llevaban cajas, otros quitaban del camino sus cosas, otros dejaban de jugar en la mesa, y los últimos corrían hacia el viento.
Pronto las arenas comenzaron a alzarse desesperadamente sobre el sueño, cada grano de arena era lanzado con tal fuerza que al impacto con la piel descubierta causaba una comezón terrible, el aire se pinto de dorado, casi parecía oro.
Una figura se abría paso entre la nube dorada que rodeaba el campamento y un sonido estridente de aire saliendo con gran poder despedido casi dejaba sordos a los mas cercanos; los soldados rodeaban la zona donde la figura comenzaba a descender.
La figura, alargada y achatada, ovalada en muchos lugares, de un color plata brillante.
Descendió sobre la arena y la densa nube se disipaba lentamente, los Sangheilis rodeaban la nave de la Unión; un silbido se escucho proveniente del vehículo, y una compuerta se abrió, los curiosos esperaban a quien saliera de la nave.
La multitud abrió paso a Uruo, quien se acercaba a la compuerta de la nave, una figura imponente bajaba seguido de varios soldados Sangheili, el más imponente llevaba una armadura parecida a Uruo, pero esta no era totalmente violeta, tenía el pectoral en plata y algunas líneas a través de las muñequeras y hombreras de color plata, llevaba un yelmo que hacía que su cabeza llevara una cresta con líneas temáticas en plata; su capa era rojo vino y estaba rasgada. El Sangheili era más grande que Uruo por unos dedos de diferencia pero un poco más delgado.
-Miren quien vino a recibirnos el famoso Uruo ‘Losanee, comandante supremo del ejército de Augur, ¡jaja! Cuanto tiempo Uruo- dijo el Sangheili visitante.
-Them ‘Kasamee, comandante supremo del ejército de la Unión. ¡Je!; si, bastante tiempo, desde la batalla del lago fantasma, donde fuimos Ossoona- Contesto Uruo.
-basta de formalidades tontas Uruo, no eres un soldado tonto adulador, llámame como siempre lo has hecho, “Kasame”- Dijo Kasame mientras se acercaba a Uruo y le daba una palmada en la espalda. Los soldados de la unión caminaron hasta encontrarse con los soldados curiosos de Augur. Kasame caminaba con Uruo fuera de la multitud –Uruo necesito que hablemos en privado, caminemos por las arenas y admiremos el paisaje como cuando éramos jóvenes rasos-
Uruo y Kasame caminaron hasta perderse en la nube de arena en aquel desierto, el sol brillaba con intensidad, pero su forma era apenas visible entre el polvo que se alzaba del suelo ventisco.
-Ponerle colores propios a la armadura es despreciar el puesto que se ha dado, Kasame tu deberías saberlo bien- dijo Uruo mientras caminaban.
-Un soldado debe honrar el lugar de donde vino, el violeta sigue siendo el color dominante, las líneas son solo una muestra de respeto a donde nací- respondió Kasame con el seño fruncido.
-Nuestros antepasados crearon la armadura y su color significa algo, es cuestión de entender a los antepasados- Uruo miro a Kasame mientras caminaba, Kasame se detuvo y se puso frente a Uruo amenazante.
-Todo es antepasados y religión para ti Uruo ¡demonios!- dijo Kasame, se formo un silencio mientras ambos se miraban. La tensión se rompió con una estridente carcajada de Kasame.
-Por los dioses, Uruo, como las discusiones del pasado- Kasame puso una mano sobre el hombro de Uruo –Tu religión- inmediatamente se golpeo el lado derecho del pecho. –Yo, honor. Las virtudes que necesita un Sangheili guerrero, la sabiduría queda para los ancianos y científicos, los soldados somos solo Honor y fe y gloria, y ambos unidos formamos el equipo perfecto, una máquina bien engrasada- Kasame dio un largo suspiro –Como aquella batalla en lago fantasma, hace ya algunos soles; los dos juntos, una victoria para la memoria de todo Sangheili-
-Una victoria amarga, el general Nimmee pereció en aquella batalla y mi hermano de sangre también; desde que Nimmee cayó los tres bandos parece que trabajaran por separado, ya no hay esa unión ni esa seguridad que brindaba Nimmee a los soldados- Respondió Uruo.
Kasamee volvió a suspirar y retomo el paso hacia el horizonte –Nimmee aquel Sangheili de las tierras libres, quien diría que alguien que no nació dentro de alguno de los grandes continentes llegaría a unir a todo el planeta bajo un mismo símbolo, Nimmee fue un gran líder y compañero, recuerdo esa batalla como si la estuviera viviendo en este momento, unos años atrás, apenas me habían nombrado comandante supremo del Pacto de la Unión; los San Shyuum habían logrado formar un campamento al sur del continente de la Unión, en Lago Fantasma, la principal fuerza terrestre de la flota San Shyuum estaba ahí, Nimmee quería atacar y crear una distracción, que mejor distracción que el mismísimo General liderando el ataque, todo eso para mandar a dos Ossoona al destruir el armamento del campamento. La noche anterior a la batalla Nimmee me llamo a la sala de mando central, me dio la noticia, sería uno de los Ossoona y podía elegir el segundo que me acompañase a esa peligrosa misión, sin duda fuiste mi primera elección, mi viejo compañero cuando existía el Ejercito Principal- Kasame vio el ocaso en el cielo -, No hubo resistencia para ninguno de los dos, logramos entrar a la sala de armamento y volar todo el lugar en pedazos, los dos regresamos riéndonos, la sonrisa se borro de nuestros rostros cuando al llegar al campamento los Sangheilis ancianos llevaban el cuerpo sin vida de Nimmee, y mas pálida se puso tu cara cuando te dieron la noticia que la flota de Augur donde estaba el comandante supremo de esta… Urion… tu hermano de sangre, y sus naves, fueron destrozadas- Kasame casi no podía resistir la tristeza en sus ojos.
-Después de la muerte de Urion fui nombrado comandante supremo…- Uruo se unió a Kasame viendo el sol ocultarse entre las dunas y el viento…
-Basta de recordar muertos, los muertos no ganan batallas…- dijo Kasame -, vamos al grano Uruo, los San Shyuum tienen, algo, nuestros soldados llegaron a una base San Shyuum, al parecer van en busca de algo, en el gran bosque de los ancestros allí en el continente de la unión-
-¿Así que quieres que vaya contigo y luchemos juntos?- Interrumpió Uruo.
-¡Ja! Parece que soy predecible. Es eso mismo Uruo, los San Shyuum van por algo grande, llevan toda su flota a la batalla; no puedo solo Uruo, vamos, luchemos como los viejos tiempos, rifle en mano y espada en su funda, solos contra un millar de inútiles San Shyuum rogando piedad, ¡ja-ja-ja!- Respondió Kasame.
-Un comandante supremo, esta donde su ejército- Dijo Uruo.
-Déjate de tonterías, el verdadero honor esta en batalla, un verdadero comandante supremo esta en donde la batalla. Además, nadie dijo que iras solo, también necesito Sangheilis valientes para el combate.
Te llevas a la mitad de tu ejército, y dejas a la otra bajo el mando de ese capitán general que tienes. Entiende Uruo, si los San Shyuum preparan toda una flota para tomar algún lugar, es porque ahí hay algo grande… Por cierto, tú sabes que cuando los San Shyuum hablan de grandes cosas, siempre se trata de los dioses…- Exclamo Kasame con una sonrisa en el rostro, sabía que ese último argumento convencería a Uruo, con su excentricidad religiosa, Uruo no soportaría una herejía ni una profanación.
-Bien… Iré, recordar viejos tiempos entre camaradas me sentara de maravilla-
El sol se escondía entre las arenas, y las lunas y estrellas se asomaban en la bóveda celestial.
~ DOS TRAICIONES ~
Dos figuras Sangheili se forman entre los diminutos rayos de luz lunar, que se escapa de entre las ramas de los arboles purpuras de aquel frondoso y ruidoso pantano que daban un abrazo cálido entre el frio y húmedo clima del lugar. Las dos entidades misteriosas miraban de pie muy seguros hacia un claro pantanoso; tenían el agua hasta los tobillos y los pequeños insectoides con cuerpos bioluminicentes revoloteaban alrededor de los siniestros, curiosos por aquellos intrusos de su pantano.
-Comandante supremo- dijo el Sangheili mas bajo -, ¿cual es el propósito de estar aquí?-
El segundo Sangheili, era un gigante entre los gigantes, era enorme y musculoso, su armadura, color negro y dorado con detalles en purpura, una capa oscura pero con el pliegue interior en dorado, que bajaba desde el hombro hasta quedar flotando en el agua, su rostro era serio y áspero.
El imponente Sangheili giro su cabeza con suma tranquilidad, hacia su diminuto capitán general.
-Pronto lo descubrirás Rha’s, al fin los Sangheilis se unirán bajo un mismo imperio un mismo pacto, el plan maestro esta apunto de ejecutarse- dijo el comandante supremo con la voz más fría, profunda y tenebrosa que ningún Sangheili jamás había escuchado.
Desde las alturas una nave plateada con luces celestes descendían ante los Sangheilis, la compuerta de dicha nave se abría dejando salir los rayos de luz del interior que acariciaban los rostros de los Sangheilis espectadores quienes inmutaban de su posición; y tan pronto como el portón se abría el pantano se iluminaba y los animales se alejaban del lugar. Una sombría y diferente forma bajaba de la nave, opacada por la luz grito hacia los Sangheilis.
-Viskar, comandante supremo separatista, largo nombre, y raro aliado en batalla-
-Nuestros objetivos son los mismos general Ghulu, que nuestra especie sea distinta no significa que por dentro seamos diferentes- Respondió Viskar con su voz grave.
-Los Sangheilis también son poetas, tal parece que no solo son soldados sanguinarios- dijo la figura misteriosa.
-Y los San Shyuum son amigables después de todo… bueno supongo que alguno quiso charlar conmigo antes de morir pero sin el traductor que ahora posees no podía entenderles- dijo Viskar mientras soltaba una risa –Vamos al grano Ghulu, un San Shyuum del planeta natal infiltrado entre el consejo de aquellos que los traicionaron. Hasta un tonto sabría que has venido para pedir ayuda-
-General Ghulu para ti, Sangheili.
Hace ya varios lustros, el pueblo San Shyuum se separo después de una desastrosa guerra, los responsables huyeron en naves en busca de nuevos planetas para habitar con su paranoia religiosa dejando la mitad de nuestro planeta en cenizas, los natales intentamos seguirlos, y bueno… después de unas cuantas riñas nos logramos infiltrar, creemos que ahora con la distracción de esta guerra podemos acabar con los traidores; no necesitamos ayuda, pero si la decisión del pueblo Sangheili es apoyar para facilitarnos el trabajo y que les perdonemos la vida, eso es algo extra que no se podía dejar pasar- Ghulu había bajado de la nave y caminaba hacia Viskar y Rha´s de forma segura, El San Shyuum vestía una túnica roja, nada parecido al traje de guerra que se veía habitualmente en batalla, su rostro era de un adulto a punto de entrar a la vejez, su voz era cortante y rasposa. Cuando Ghulu hubo llegado delante del comandante supremo, lanzo una mirada desafiante, como sabiendo y esperando la respuesta del Sangheili.
-General Ghulu, las cosas van de acuerdo al plan, parece que los dos otros comandantes mordieron el anzuelo, se dirigen hacia la batalla, es cuestión de tiempo, después de la siguiente batalla yo tomare el control de todo el ejército y podremos atacar a la fuerza San Shyuum con todo- Dijo Viskar mientras desviaba la mirada de Ghulu.
-Piensas que el pueblo te seguirá, ¿cuando los otros dos mueran en el combate?, ¿no es algo confiado Sangheili?- Replico Ghulu
-Hay que darle tiempo al tiempo general, se lo he dicho, todo va como lo planeado, pronto tendrá el poder de la flota San Shyuum traidora y los podrá llevar de vuelta a su planeta para ser juzgados- Respondió Viskar.
El San Shyuum miro una vez más a Viskar, y sin decir una sola palabra, dio la media vuelta, y volvió a la luz de su nave, una vez dentro, y en medio de ruido y viento que ondeaba como los feroces tentáculos de una bestia abatiendo el agua, la nave despego perdiéndose entre la penumbra de la noche.
Pasaron unos cuantos minutos de silencio, los dos Sangheilis miraban desafiantes a la nave alejarse y confundirse entre las estrellas, pronto el ruido nocturno volvía a apoderarse de lugar atenuando cada vez más el estruendo de los motores que se alejaban.
Rha’s dio la vuelta hacia Viskar, mirándolo fijamente.
-¿El plan maestro es arrodillarse ante un San Shyuum que nos trata como basura?- dijo Rha´s una vez que la nave se hubo perdido entre la noche.
-Nunca, el plan es unificar al ejercito Sangheili ante un solo líder, el es solo un medio para conseguirlo. Cuando le entregue a los San Shyuum, dejara este planeta en paz, a cambio me ayudara a acabar de una vez por todas a esos otros estorbos y de una vez por todas apoderarme de una vez por todas del ejército y de todo Sangheilos –
Aunque Viskar no había dejado en claro de que estorbos se trataba, Rha’s estaba seguro de quienes eran, mientras ambos caminaban hasta perderse entre el pantano y la oscuridad, Rha’s se sentía preocupado por su pueblo y temeroso por lo que aquel Sangheili que tenía a su lado podría hacer con él.
~ MAR DE ALMAS~El sol se asomaba por el horizonte, la nave Sangheili parecía viajar entre dos cielos, el mar como espejo reflejaba cada detalle de las nubes, el mar Sangheilo era frio y calmado, un inmenso mar que separaba a los dos continentes, los ancestros habían bautizado al gran azul, como “aguas sin fin”, ningún ancestro antes de la Unión se había atrevido a cruzar las aguas sin fin, el mar era traicionero, los huracanes ahí podían hacer salir de curso a cualquier nave, y las nubes de dichos fenómenos, podían hacer que todo se vuelva tan oscuro como una noche sin estrellas.
Sin embargo, ese día el mar parecía tan calmado, la flota Sangheili, de unas diez naves surcaba el horizonte sobre las olas.
En la nave madre, yacían los dos comandantes supremos quienes planeaban su ataque, contra los San Shyuum.
La sala de reuniones de dicho vehículo, era inmensa, una mesa con bordes purpuras, teniendo en el centro un inmenso mapa holográfico de Sangheilos, la sala podía contener hasta a veinte Sangheilis sentados, pero en ese momento solo contenía a dos enormes Sangheilis.
-Falta medio sol para llegar a las tierras de la Unión, ni siquiera estamos a medio camino, ¡estoy harto Uruo!, no soporto estar encerrado en esta maldita tumba voladora- Replico Kasame mientras miraba por los ventanales de la sala.
Uruo se acomodaba en su asiento.
-Calma Kasame, no podemos movernos más rápido, las naves San Shyuum circulan estos lugares, si nos apresuramos nos detectaran desde los satélites, lo mejor es movernos con calma-
Kasame no era un Sangheili que pudiera estar quieto en un lugar, Uruo recordaba que durante la academia, Kasame tendía a estar fuera del campamento todo el día, caminando y recorriendo los campos, cuando los superiores se hartaban de sus escapadas, lo encerraban en una cabina, Uruo aun recuerda los gritos de rabia de Kasame cuando lo encerraban, y como maldecía a los superiores.
Kasame saco a Uruo de sus recuerdos, cuando sacudió la mesa al sentarse, parecía más tranquilo, los dos se dispusieron a hablar sobre la emboscada que darían al día siguiente.
Las horas pasaban en la sala, todo parecía normal entre la nave, los Sangheilis en la sala de reuniones, no paraban de hablar sobre sus planes.
Pero el silencio reino en momento, un rugido de metal se escucho desde la parte trasera de la nave, seguido de un temblor que casi tira a Uruo de la silla donde se encontraba.
Se escuchaban gritos afuera, los soldados corrían fuera de sus habitaciones hacia los puestos en las torretas.
Uruo y Kasame salieron corriendo de la sala hacia la sala de mandos, varios temblores detenían su paso por momentos, hasta que por fin llegaron a la sala de mandos.
-¡¿Qué ocurre?! ¡Maldita sea!- Pregunto Kasame mientras se dirigía hacia el piloto.
-Una flota San Shyuum nos ha encontrado comandante supremo, nos disparan; son demasiados- Dijo el piloto.
-Kasame… ¿Quieres revivir viejos tiempos?- dijo Uruo mientras miraba a Kasame desde la compuerta.
Kasame sonrió a Uruo, y juntos salieron de la sala dirigiéndose a toda prisa hacia las naves de combate.
Al llegar ya varias naves habían despegado y unas cuantas aun estaban por hacerlo.
Uruo y Kasame abordaron la nave de combate más cercana, una inmensa nave Phantom de tripulación bien armada con cañones carabina.
-Yo conduzco tu controla el cañón, después de todo eres mejor disparando- Dijo Uruo mientras se colocaba en el puesto de piloto.
El Phantom despegaba y salía de la nave; ya en el cielo el combate era evidente, un pequeño crucero de combate San Shyuum disparaba hacia todas partes, mientras cientos pequeñas naves de combate San Shyuum parecían insectos revoloteando en el aire.
Sin duda las pequeñas naves San Shyuum eran muchas más de las que disponían los Sangheilis, y el crucero de combate estaba mucho mejor armado que las naves Sangheili.
El Phantom de los comandantes se movía ágilmente sobre las nubes, destruyendo una nave tras otra.
-Tenemos que derribar ese maldito crucero o volara a todas nuestras naves- Grito Uruo desde el puesto de piloto.
-¡Primero haznos un favor y ayúdame a disparar a ese maldito San Shyuum que tenemos en la espalda!- Replico Kasamee.
El Phantom se perdía entre el cielo, seguido por la nave San Shyuum, el cual disparaba a discreción sobre los comandantes. No había escapatoria el San Shyuum era muy bueno piloteando.
Los comandantes no podían apuntarle por más que intentaban y el ambiente se ponía más tenso, los disparos rosaban el Phantom y lo sacudían de un lado al otro.
-¡Uruo demonios has algo!- gritaba desesperado Kasame.
Uruo movió los controles de vuelo despiadadamente, Kasame salió volando del puesto de la torreta hacia un lado del asiento.
La nave Phantom se adentraba en una espesa nube, su seguidor no se quedaba atrás y se adentro también.
La oscuridad reinaba dentro de aquella espesa nube y solo podía verse en ciertos momentos, cuando rayos surcaban las paredes de la nube, y todo se veía claro.
La nave se sacudía al atravesar los risos del feroz viento de aquella nube, dentro, las alarmas sonaban, y los cuerpos Sangheili se bañaban de luz roja proveniente de aquellas alarmas.
Los indicadores fallaban debido a la interferencia de los rayos que pasaban tan cerca. Kasame se levantaba titubeante y volvía a su puesto.
En un instante la penumbra se fue, y un azul segador invadió las ventanas de la nave.
-¡Uruo estamos en curso de colisión con el maldito mar, cabron!- grito Kasame.
-Lo sé- Dijo Uruo.
Uruo nuevamente tiro de los controles, y la nave dio un fuerte giro poniéndose paralelamente al agua, rosándola y lanzando agua y hielo hacia los costados.
El San Shyuum no tuvo tanta suerte, salió de la nube e impacto con el agua quedando aturdido.
-Ahora ya lo tienes quieto, ¡dispara!- Dijo Uruo.
Kasame abrió fuego, haciendo explotar a la nave San Shyuum aun en el agua; el Phantom corrigió su rumbo y se lanzo contra el crucero de combate.
El crucero disparaba hacia los Sangheilis, el Phantom se acercaba a los costados y Kasame disparaba el cañón, destruyendo las torretas laterales.
Se dirigió hacia las parte trasera del crucero, Kasame apunto el cañón a los motores, y después de unas cuantas ráfagas, este explotaba en mil pedazos, y el crucero caía al mar mientras explotaba.
Las naves San Shyuum restantes, se perdieron en el horizonte; victoriosos los comandantes regresaron a la nave madre.
Se dirigieron a la sala de mandos, para los informes. El piloto, les informaba a los comandantes de lo sucedido y del conteo de bajas que seguía aumentando con el tiempo.
Las palabras fueron acalladas por un estruendo, parecido al rugido de una bestia agonizante, las caras de los Sangheilis en la sala de mandos se vieron iluminadas de un blanco intenso.
Un rayo enorme había dado contra una nave Sangheili, la nave estaba hecha pedazos; en llamas azules y con múltiples explosiones, se desviaba entre el cielo, hasta impactar otra nave Sangheili la cual también exploto, ambas cayeron al agua.
De entre las nubes superiores y el horizonte, se asomaba una gigantesca nave como ninguna otra se había visto.
Parecían tres pilares que se unían en el centro, formando una especie de pirámide flotante.
Las naves Sangheilis eran diminutas a comparación de ese gigante flotante, los Sangheilis pronto se dieron a la retirada.
Tres naves más sucumbieron ante el rayo destructor de aquella gigantesca nave.
En la nave madre Kasame estaba furioso, a punto de explotar, arrojaba objetos hacia las paredes y caminaba en círculos por la sala de mandos.
El ambiente era silencioso, nadie se atrevía a hablar, las naves se perdieron rumbo a su lugar de origen.
espero les guste



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