NOTA: Como ya pasó un tiempo desde que publiqué este Fan Fic de Halo, me he tomado la acción de editarlo, y ponerlo en su totalidad en este mismo post, a excepción de la cuarta pare... pero en cuanto pueda la publicaré.
AVISO: YA ESTÁ LA TERCERA PARTE...
FAN FIC
HALO, Compañía de Reconocimiento Ghost ( Ghost Recon)
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Miembros de la Compañía Ghost:
01.-Mayor Jericho: Líder de la Compañía Ghost.
02.-Teniente Chinne Rawley “Raptor”: Oficial de Vuelo del Pelican Charlie 327
03.-Sub Teniente Laura: Oficial Copiloto del Pelican Charlie 327
04.- Teniente Brethai: Segundo Oficial de la Compañía Ghost
05.-Oficial Técnica Cassandra “Cass”: Miembro de la Compañía Ghost (Francotiradora)
06.-Oficial de Comunicaciones Argento: Miembro de la Compañía Ghost
07.-Sargento Gladiuz: Tercero al mando de la Compañía Ghost
08.-Cabo Nazz!: Miembro de la Compañía Ghost
09.-SPC (Soldado de Primera Clase) Especialista en Armas Pesadas Fister: Miembro de la Compañía Ghost
10.-SPC Especialista en Armas pesadas Curt: Miembro de la Compañía Ghost
11.-SPC Parker: Miembro de la Compañía Ghost
12.-SPC Lancer: Miembro de la Compañía Ghost (Francotirador)
13.-SPC Chip: Miembro de la Compañía Ghost
14.-SPC Dardo: Miembro de la Compañía Ghost
-----PRIMERA PARTE-----
Decima Flota de Guerra del UNSC: Grupo de Batalla Concordia, bajo el comando del Contraalmirante Below, en orbita alrededor de Ballast.
¡Tu no has solicitado tú ingreso, hijo! ¡Tú has sido seleccionado! ¡El porqué, tú lo sabes mejor que nadie! ¡Ahora párate derecho, encuádrate, y siente orgullo, pues ahora eres miembro de la Compañía de Reconocimiento Ghost!
Despliegue+00 horas: 06 minutos: 35 segundos (Reloj de Misión del Mayor Jericho) Nave de descarga Pelican Charlie 327, en incursión furtiva hacia la ciudad capital de Ballast, Ringaía.
Compañía de Reconocimiento Ghost… Estas palabras rondaban la mente del Mayor Jericho mientras se encontraba de pie en la cabina del Pelican Charlie 327
“Raptor.” El cual había sido decorado con pintura de guerra –en tonos oscuros– con las garras y cabeza de un feroz Velocirraptor, muy al estilo que solían emplear los antiguos aviones de combate del siglo XX durante la llamada última gran guerra terrestre. Aunque el gesto había sido más bien un favor hacia el Oficial de Vuelo, el Teniente Chinne, quien era apodado “Raptor” por la tripulación del UNSC
Danielle.
¡Ja! Se dijo Jericho a sí mismo. Recordando el porqué “su” Pelican había sido pintado de tal manera, pues aunque un poco disconforme al principio, cayó en la cuenta de que le vendría bien al estatus de elite de su unidad, aunque su mero fin fuera con el único propósito de 'aclimatar' al Teniente Chinne.
Chinne Rawley y su tripulación de vuelo habían sido transferidos del Carguero del UNSC
Danielle, pues él y su tripulación eran los autores del mejor historial operacional entre la flota de pilotos desde que la guerra había comenzado. Si, él era un haz.
Un haz, gente como esta es justo la que él necesitaba; personas que sabían lo que hacían, personas dignas de llevar el parche de la Compañía de Reconocimiento Ghost sobre su hombro.
Compañía de Reconocimiento Ghost… las palabras volvieron a su mente, y él dibujó una sonrisa sobre su rostro que más bien fue una mueca, pues lo que él lideraba era más bien un esuadrón de fueras especiales –él único de su tipo en la flota.
Ahora, parado de pie detrás de los dos mejores pilotos que pudo haber encontrado, se preparaba para una misión de alto riesgo. Él y su “Compañía” tenían la misión de infiltrar las líneas enemigas y recolectar información acerca del infalible enemigo que se encontraba en plena invasión sobre la ciudad capital del planeta.
La respuesta por parte de los humanos había comenzado hace ya unas seis horas, cuando se notificó acerca de una flota Covenant que se acercaba al planeta. El Covenant había salido del Hiperespacio a unos escasos treinta y dos mil kilómetros de la luna de Ballast –Andora; aniquilando a las patrullas y a su nave bandera la Fragata
Toluca –todas las naves patrulla, junto a la Estación de Monitoreo Remoto Andora, habían hecho uso del Protocolo Cole cuando ésta confirmo el Contacto alienígena. Sin embargo, el mensaje de auxilio ya había salido, así que el Covenant desperdició un tiempo valioso cristalizando la estación lunar. Tal vez, o tal vez no, nadie podía saber lo que pasaba por la mente de esos feos bastardos.
La evacuación había comenzado primeramente con la Fuerza de Defensa Planetaria. La cual sólo contaban con seis Fragatas, pero esto no se vino a hacer a gran escala hasta que parte del Grupo de Batalla del UNSC Concordia, apareció y cortó el ataque que el Covenant planeaba lanzar desde el ecuador del planeta.
Para cuando el resto del Grupo de Batalla arribó, la flota Covenant había circulado el planeta, y parecía que el Contraalmirante Below se había dado por bien servido cortando el envolvente ataque del Covenant. Ahora, esperaba... dándole tiempo a las naves de evacuación antes de desencadenar el infierno en orbita.
La flota había descargado sus respectivos contingentes de Infantería, parte de los cuales se encontraban en un intento de retomar la asediada capital...
“Muy bien, Mayor,” dijo “Raptor” Chinne, “Nuestro tiempo de llegada estimado a la zona de aterrizaje es de dos minutos.”
“Dos minutos,” Respondió Jericho. “Son nuestros jinetes caballeros ‘–damas’” agregó con una pizca de picardía, refiriéndose a la Sub Teniente Laura –la copiloto– y regresándole una mirada burlona a Chinne.
La compuerta de acceso se abrió y Jericho entró en el compartimento trasero. “Muy bien, niñas, nuestro nuentro tiempo de llegada estimado a la ZA es de dos minutos. Los quiero a todos listos para saltar de este reptil emplumado cuando dé la orden, ¿Está claro, Marines?”
“¡Señor, está claro, señor!”
“¡Desde luego que sí!” rugió Jericho. He hizo una pequeña pausa para examinar a los 11 miembros de su Compañía que yacían sentados unos frente a otros. Todos cargaban con un pleno equipo de combate –mejor que el que usaban los Marines regulares, desde luego, pues la ONI no los dejaría desamparados cuando estas 'incursiones' habían salido directamente desde sus oficinas. El equipo básico se componía del ya estándar blindaje personal balístico que empleaban los Helljumpers, alternado con camuflaje negro y gris. Sobre la armadura corporal todos llevaban sus respectivas mochilas de equipo cargadas de suministros y diversas municiones, llevaban protección de piernas, muslos, codos, y antebrazos. Usaban una versión mejorada del casco empleado por los Helljumpers, y el casco del Sargento Gladiuz en particular, tenía pintada una enorme calavera sobre el visor–un aspecto de terror que a él le gustaba. Y además del cuchillo de combate hecho a mano de 15 pulgadas al estilo indio que cargaba, podía decirse que era el miembro más temible de toda la Compañía –todos los miembros de la compañía llevaban una videocámara estándar de combate en la parte interna superior derecha del HUD de su casco.
Sin embargo, había dos personas especiales en el equipo, empezando por la Oficial Técnica, Cassandra, quien cargaba con el mejor equipo de Software furtivo con el que la ONI podía contar –y proveer. La otra persona era el Oficial de Comunicaciones Argento, quien la hacia de radio operador. Los demás miembros componían el núcleo de la compañía, comenzando con el Teniente Brethai, el Cabo Nazz!, y los seis Soldados de Primera Clase más feroces que Jericho alguna vez hubiera visto, pues todos habían sido sacados de las fuerzas especiales –todos eran fuerzas especiales.
La nave de descarga se sacudió con una ráfaga de aire mientras el veterano piloto descendió y condujo la nave a ras del terreno a una velocidad de 200 km/h. Se trataba de una maniobra estándar para no ser detectado por radar, y aunque a Chinne le gustaban este tipo de “locuras,” él estaba bien consiente de su papel y de las personas a las cuales transportaba.
Atrás, en el compartimento de tropas, sobre la parte superior del arco de la escotilla de acceso, una luz pulsó en rojo. Nazz! se puso de pie, pues era él encargado de dirigir a la Compañía durante su descenso y organizarlos mientras el Mayor decidía el mejor curso de acción. Y esto era así porque ellos según tenían entendido, saldrían del Pelican en plena zona de combate. Y aunque se suponía que estarían bien protegidos por las Fuerzas del UNSC, a Jericho nunca le habían gustado las suposiciones. A él le gustaba ir primero, como era costumbre en su antigua Unidad de Asalto ODST “Hell Dog.”
Nazz! dio la señal del pulgar arriba y como uno sólo todos los miembros de la Compañía se pusieron de pie. La nave se sacudió y tomó algo de inercia por el repentino giro que hizo –pero todos estaban sujetos a sus respectivas hileras de pasamanos.
"¡El lugar está caliente, repito, esta muy caliente caliente!" dijo el piloto Chinne.
La rampa comenzó a descender. A continuación, la luz roja cambió a verde cuando el Pelican se acercó a los tres pies de altura sobre el terreno. “¡Ahora, Troopers!” Grito Nazz!, y fue el primero en tocar el terreno.
Lo que tenía enfrente era como una especia de visión apocalíptica. Por un lado, a su izquierda, como a unos trescientos metros, podía ver a un grupo de Tanques Escorpion avanzando hacia lo que parecía ser el mismísimo infierno –seguidos de cerca por los Marines. En la parte media de su campo de visión había un enorme… vehículo Covenant derribado que parecía algún tipo de escarabajo –o eso fue lo que le pareció a Nazz!–, haciéndola de división entre los contingentes de Infantería humanos y Covenant, que arremetían desde la parte derecha.
Él ya había señalizado a Parker para que mantuviera una posición de cobertura sobre el equipo mientras la Compañía terminaba de descender, y fue justo cuando escuchó al Mayor Jericho gritar, “¡Deprisa, avancen hacia la retaguardia del Vigésimo Quinto!”
El Pelican se elevó y salió disparado como una bala, lejos de la contienda.
El ambiente era todo de tiros, rugidos espantosos, y explosiones. Cuando la Compañía logró cubrir la distancia que los separaba de sus fuerzas amigas, se reunieron con el Sargento Striker del la Vigésimo Quinta División de Infantería del Cuerpo de Marines.
“¡Sargento!” Gritó Jericho, “¡Necesito que me informe la maldita situación pero ya!”
“¡Señor!” Grito un perplejo Striker en respuesta. “¡El Covenant mantiene una punta de lanza sobre la parte comercial de la ciudad. Nuestros cazas lograron detener a su Infantería mecanizada y ahora estamos tratando de hacerlos retroceder, señor, pero la ciudad aún no ha sido evacuada por completo, por lo que estamos ganando tiempo.
Un fuerte alarido interrumpió la explicación de Striker cuando la ametralladora ligera anti-aérea de un Warthog cercano comenzó a escupir sus mortales rondas. Los dos líderes voltearon hacia la refriega y vieron que los Covenant habían sobrepasado la línea de tanques Scorpion por la derecha.
Pasando a través de las ruinas de su extraño vehículo gigante, las fuerzas Covenant se lanzaban sobre los humanos. Había muertos por igual –la mayoría Grunts, pero todo esto cambió cuando un gigante en armadura blanca salió a escena. Mató a tres Marines por sí sólo, avanzó hasta el tanque más cercano y apareciendo desde ninguna parte, introdujo un haz de energía color azul a través del blindaje de cerámica de la cabina de éste. Algunos Marines retrocedieron, pero fueron cortados por una explosión color verde que prácticamente “deshizo” a algunos de ellos. Parecía que el frente estaba por caer, y a Striker no le importó dejar al Mayor Jericho sin palabra alguna para sumarse así mismo a la contraofensiva que ya había entrado en efecto por parte de los humanos.
El gigante en armadura blanca había muerto a tiros justo después de bajar del tanque que se había “cargado.” Su extraña arma se había prácticamente desecho sobre el piso. Pero ahora el problema eran los dos Hunters que lideraban el fallido esfuerzo del Ultra. Tras ellos, un contingente de recién arribados Jackals se reunía. Los Hunters avanzaban, destrozando Warthogs y clavándose a un Marine con sus afiladas espinas. El Sargento Gladiuz había saltado a la parte trasera de un Warthog que tenía montado un cañón de proyectiles de alto impacto. Con una serie de estos, y a tiro limpio, logró bajarse a uno de los Hunters. El otro Hunter estaba a punto de desaparecerlo con su pesado cañón ya levantado cuando un misil antitanque tierra-aire lo despedazó.
El soporte aéreo había llegado. Los Jackals fueron despedazados por el fuego combinado del Sargento Gladiuz, las armas de los otros Warthogs, y los potentes cañones calibre 70 mm de los cazas Hornets.
“¡Muy bien, avancen Marines, ahora es cuando!” Gritó Striker.
“¡Parker!” gritó Jericho, “Recoge esa maldita cosa –la espada de energía– y toma el Warthog del Sargento. Cass, ve con él. Los demás, monten en la canasta de aquel otro Warthog, y el resto vengan con migo.”
Jericho subió al asiento del copiloto de un tercer Warthog y le dijo a un incrédulo Sargento Striker que había volteado a verlo, “Sargento, mi compañía tiene una misión que cumplir en medio de todo este infierno, así que nos separaremos he iremos hacia el oeste de nuestra actual posición. Infórmeme por la frecuencia de radio de cualquier cambio de planes en la División. ¿Está claro?”
Striker pausó por dos segundos completos, pero antes de que las palabras volvieran a salir de la boca del Mayor, Striker respondió: “Señor, si, señor.”
La compañía avanzó hacia el oeste. Al frente, en el primer Warthog, iba el Mayor Jericho, junto al Soldado Chip y a uno de los dos especialistas en armas pesadas de la Compañía que había tomado su lugar tras la potente ametralladora de barril. Los demás miembros los seguían en un Warthog equipado para transportar personal con el teniente Bretahi como copiloto, y la retaguardia era cerrada por Parker, Cass y el Sargento Gladiuz.
-----SEGUNDA PARTE-----
“¡Qué demonios…!” Se preguntaba Chip mientras se encontraba boca abajo, abrochado al asiento del Warthog que había sido volcado. Él no podía ver al Mayor por ninguna parte, ni escuchar a nadie de su Compañía, y tampoco podía escuchar nada por la frecuencia de radio porqué su casco había desaparecido. Estaba un poco mareado, y su visión lentamente comenzó a aclararse. Algo no andaba bien. Comenzó a gritar, a pedir ayuda, y ahí fue cuando cayó en la cuenta de que se encontraba boca abajo, aún en el Warthog, pero en el segundo piso de una tienda comercial que daba hacia la calle. Demonios, hacia un calor infernal. Cual fue su sorpresa cuando creyó que lo que se había destrozado del parabrisas del Warthog en la volcadura, no se había hecho añicos, sino que se había derretido. Una punzada de pánico lo invadió, y comenzó a luchar por zafarse del protector abrazo del cinturón de seguridad que indudablemente había salvado su vida.
“¡Demonios! ¡Vamos, hijo de puta! ¡Ha, ha!” gritaba enfadado mientras trataba de zafarse cuando escuchó unos horribles susurros –más parecidos a graznidos– que no pudo comprender.
“&%%(/%=&%%&$$#, &%)%%=(%, ¡¡/&%/$&, )(/%=)(%!!” Y se encontró así mismo completamente inmóvil y pálido.
No tengo armas –pensó con pánico mientras tanteaba la vacía funda de su pistola M6D sobre su muslo derecho.
¡Armas! Se dijo así mismo
¡Pero si seré Imbécil! Y se alcanzó uno de los dos cuchillos de combate que traía consigo.
Llevó su mano a la altura de su corazón, y tomó su estándar “Suizo” de 10 pulgadas que llevaba enfundado con la empuñadura hacia abajo. Lo desenfundó y de un solo tajo inclinado cortó el cinturón. Se golpeó su espalda contra el suelo con un “Mmmm,” lo más bajo que pudo escupir. Casi al mismo instante escuchó un ruido, volteó hacia el interior de la tienda, y se encontró con la mirada de un espantoso cabeza de buitre Jackal, al mismo tiempo que un fuerte
¡Boom! Hacia estremecer al estropeado Warthog.
El alienígena levantó su arma, y Chip, con la mente en blanco, vio un pulso de energía color verde fijado hacia él. Pero una fracción de segundo después, un cuchillo de combate se había clavado justo entre los ojos de la maldita horrible creatura. La descarga salió, pero no hacia él, sino hacia el techo –la cual dejó un humeante agujero.
Detrás del caído alienígena se amasaba un pequeño contingente de más Jackals, subiendo por la escalera eléctrica que comunicaba el piso con la planta baja del edificio.
Como una sombra, una figura saltó hacia los alienígenas, Chip no pudo saber que rayos era eso. Pero de algo estaba seguro, sea lo que fuera, estaba de su parte. Todo esto ocurrió tan rápido que Chip pudo ver todo lo que ocurrió aún antes de levantarse todavía tirado bajo el asiento –o más bien, parte de lo poco que alcanzó a ver– pues ni siquiera había tenido tiempo de levantarse cuando él último alienígena ya estaba en el suelo, sin cabeza.
–Lo que Chip vislumbró, fue como un Spartan saltaba desde encima de su volcado Warthog, clavándole un cuchillo justo en medio de los ojos a un pasmado Jackal, seguido del Spartan cayendo sobre el cuerpo de éste y recuperando su cuchillo. Como un rayó, el Súper soldado había tomado del cuello con una mano al Jackal que se encontraba detrás, dándole un tajo por el mero centro de su cuero y desparramando sus entrañas. Con un gancho vertical había levantado a un tercer Jackal casi hasta el techo, visiblemente dislocándole el cuello, y, dándose la vuelta, con una patada circular hacia atrás, había atrapado al cuarto y último Jackal en la cabeza, arrancándosela por la fuerza del golpe.
Chip estaba atónito, y como en cámara lenta, pudo ver como aquel súper… hombre, se daba la vuelta hacia él, caminaba, he increíblemente echaba por la ventana hacia la calle al pesado Warthog con no más que sus puras manos.
“¿Se encuentra bien, Soldado?” dijo el gigante en armadura color verde oscuro.
A Chip no le salían las palabras, pero esto no era para él, él era un Soldado de Primera Clase de una Unidad de Elite. Así que se levantó, y lo único que pudo decir fue, “Como el demonio. Gracias… Señor…” Para Chip no estaba bien claro que rango podía tener aquel extraño Soldado, porque aparte de un escudo –
The Nightmare Unit– algo parecido al que él llevaba sobre su hombro,
Ghost Recon– el Spartan no llevaba insignia alguna.
Chip, como todos en la flota, había escuchado acerca de los Spartans y de sus logros en el campo de batalla. Pero escuchar, y ver por sí mismo, eran dos cosas diferentes.
“Yo… estoy algo un poco confundido,” continuó Chip, “No entiendo que…”
“Usted es un soldado de la Compañía Ghost,” Dijo el Spartan cortándole. “Seguramente fue dado por muerto cuando su Unidad fue emboscada por un grupo de Hunters Covenants calle abajo. No lo tome a mal, pero ese fue el mejor curso de acción que dadas las circunstancias, su Oficial Comandante tuvo el buen juicio de seguir.”
“Escuché sus gritos y vine a investigar. No lo puedo llevar con migo, porque al igual que su Unidad, yo también tengo una misión que cumplir, así que lo mejor que puede hacer ahora es reencontrarse con su Unidad o salir de aquí lo más rápido posible, las fuerzas de tierra Covenant contraatacan con furia, y ya han hecho retroceder a parte del Vigésimo Sexto. Esto es todo lo que puedo hacer por usted. Buena suerte, Soldado.”
“¿Cual es su nombre?” agregó Chip. Y el Spartan respondió: “385.”
Y dando un salto de más de cuatro metros de distancia hacia la calle, el misterioso héroe había desaparecido tan rápido como apareció.
Ca-ra-jo Había pensado Chip viendo saltar al Spartan. Caminó hasta el borde y se asomó por la ventana. Era una caída de más de dos metros, con escombros y cristal roto sobre la calle.
¡Rayos! Se dijo así mismo, cuando comprendió porque lo habían dado por muerto. Pues pudo ver al Warthog volcado sobre la acera de la calle; toda la parte trasera estaba prácticamente derretida, y en donde se suponía que debería estar la potente ametralladora no quedaba más que parte del pilar de soporte de esta, todo retorcido y fundido. Más allá, hacia su derecha, pudo ver un Hunter muerto, y al lado de éste, el Warthog del Sargento Gladiuz, volcado.
Sin una palabra, se dio la vuelta hacia el interior mientras pensaba:
385, Unidad Pesadilla. ¡Ja! baya que no pudieron haber encontrado un nombre mejor se dijo, tratando de recordar si alguna vez había oído acerca de esa Unidad en alguna parte.
Alcanzó los cadáveres de los Jackals y confiscó sus dispositivos de escudo portátiles, se llevó uno a su antebrazo derecho, y vio que quizás por la adrenalina no se había dado cuenta, pero tenía dos esquirlas de metralla bien encajadas en el protector de su antebrazo izquierdo,
Lo que me faltaba, pensó. El protector estaba desecho, así que se lo quitó y lo arrojó. Y se metió el resto de los escudos portátiles entre su traje –sólo le cabían dos. Recogió una pistola de plasma y echó una mirada en derredor. Bajó por las escaleras eléctricas hasta el primer nivel. Parecía como si la tienda hubiera sido saqueada –de hecho lo había sido, por aquellos pepenadores que aprovecharon el terror de que el Covenant se aproximaba para introducirse en la tienda y llevarse lo que podían.
Chip caminó hacia la salida y pudo ver que la fachada de la tienda estaba salpicada de metralla de granadas de fragmentación. Salió a la calle y se encontró de frente con un gran cráter de pavimento fundido. Había un segundo cráter a unos cuantos metros hacia su derecha. Caminó hacia este último, y justo a la vuelta de la esquina pudo ver al tercer Warthog, aquel con la canasta para personal, en el cual viajaban la mayoría de los Troopers. Al parecer había arrollado a un Hunter, o éste los había embestido, Chip no sabía, sólo podía ver el cadáver del masivo alienígena contra el edificio de enfrente con el Warthog trepado sobre su espalda, y con sus filosas espinas saliendo a través de los asientos y el chasis de este. No había nadie, ni rastros de equipo dejado atrás.
Chip caminó entre estos, buscando su casco, pero no lo ayó por ninguna parte. Ni tampoco lo había divisado en la tienda. Lo bueno era que no había cuerpos humanos –de ninguna clase. Comenzó a estudiar la situación caminando entre la escena de la batalla. Se detuvo, rastreó, y comenzó a avanzar. Su camino lo llevó de vuelta doblando la esquina y subiendo por la calle en la que se encontraba la tienda comercial en la cual había “aterrizado.” Avanzó unos veinte metros y se detuvo, pensando como si fuera el Mayor y tratando de comprender lo que él pudo haber hecho.
No, se dijo así mismo.
Si hubieran pasado por aquí, se hubieran detenido para siquiera asegurarse doblemente de que estaba muerto. A menos que estuvieran… huyendo. Si, pero aparte de los dos Hunters que habían emboscado la caravana no había señal de más atacantes.
Chip continuó avanzando, dobló otra esquina, y vio que estaba en lo cierto, si había habido más atacantes, y parte de ellos yacían tirados frente a él.
Despliegue+00 horas: 48 minutos: 13 segundos (Reloj de Misión del Mayor Jericho)/ Cuadrante 17 por 35, Ringaía.
¡Ah, rayos! Se dijo así mismo Jericho, tocándose su costado izquierdo que había tomado unas tres o cuatro esquirlas de metralla, y súbitamente recordó cuando su Unidad fue emboscada por una barricada ambulante de un par de Hunters. Él había tenido tiempo de saltar, pero Chip y Curt… bueno, así era esto, y él se decía a sí mismo que ya estaba acostumbrado, si, era el maldito "peso" que acompañaba a todo Oficial. Lo bueno era que esas malditas cosas… bastardas, habían tenido lo que se merecían.
“Los perdimos, señor, me hice cargo del último de esos bastardos,” dijo el francotirador Lancer, quien se encontraba en un segundo piso de un edificio abandonado en donde la compañía había entrado para refugiarse.
Ellos habían huido del lugar de la emboscada, perdiendo a dos hombres, al Soldado de primera Clase Chip, y al Especialista en Armas Pesadas Curt. Curt era el artillero que iba detrás del Mayor, quien tomó de lleno el primer disparo del Hunter. Chip, bueno Chip no había tenido suerte tampoco. Sólo el Mayor Jericho se había salvado, tomando el uno porciento de entre las cien probabilidades que tuvo de morir. Había saltado, más por mero reflejo que nada, pero aún así, no había salido ileso, pues había sido alcanzado por la ola de calor y por fragmentos de metralla de las granadas de Curt, que al parecer habían detonado con el calor.
Justo después de haber acabado con los Hunters y vengado a sus camaradas, un pelotón de Jackals los había divisado. Ellos se encontraban totalmente desprotegidos y un tanto “golpeados” por la emboscada, así que se hicieron en retirada, hasta que encontraron un edificio abandonado, y se resguardaron en el.
“Muy bien, Lancer. Permanece atento, en caso de que haya más de esos feos hijos de puta ¿Cass, como vas con esa cosa?”
“Todavía hay interferencia, señor, a menos que… bueno, ya sabe.”
“Eso no pasará jamás. Lo último que quiero es estar sordo.”
Jericho tenía un problema. Su Oficial Técnica no podía recibir las señales satelitales en tiempo real del cuadrante en el que se encontraban, porque una señal intrusa bloqueaba la electrónica. Ahora, él sabía que podía ponerle fin a esto, usando el potente aparato de Argento para puentear una señal satelital a la terminal de Cass, pero si lo hacía, la potencia que la señal requeriría, bloquearía la aún potente banda de transmisión del equipo de Argento, y quedarían totalmente aislados. Los radios sólo servían para comunicarse entre ellos, no con la División, aunque sólo por causa de la señal de bloqueo, desde luego.
Jericho ya había hecho esta clase de incursiones anteriormente, pero ninguna en un escenario urbano (y desde luego que no en estas condiciones). Así que si no podían recibir imágenes tácticas de donde se encontraban, y de la posición del enemigo, tendrían que pensar seriamente en abortar la misión o recurrir al método tradicional, calle por calle, edificio por edificio. Aunque desde luego que esta última opción no era muy ‘razonable’ dado lo crucial de la situación, no, el mayor y sus Oficiales tendrían que decidir –y rápido.
Con un demonio, ya perdí a dos buenos soldados, y ahora esto, se dijo así mismo. “Muy bien, escuchen. Argento eres nuestros oídos, así que quédate con la oreja pegada a ese auricular. Esperaremos a ver como marcha la situación, para decidir el mejor curso de acción. Mientras tanto, monten un perímetro temporal en torno de este primer piso, aseguren bien sus campos de fuego. ¡Vamos, Marines, pero ya!”
“¡Ya lo oyeron, a moverse!” Saltó el Sargento Gladiuz y comenzó a impartir órdenes a sus subalternos.
El único de los especialistas en armas pesadas de la Compañía que quedaba, Fister, colocó su pesada y potente ametralladora calibre 50 mm con munición perforante en una esquina de la construcción, la cual tenía una amplia vista hacia la calle, pues la pared había sido derrumbada. Lancer cubría desde arriba, junto con Dardo, y el resto de los integrantes cubrían los otros flancos, incluyendo a Nazz!, y al mismo Gladiuz. Cass y Argento se encontraban más atrás, dentro del perímetro, y más al fondo aún, se encontraban el Mayor Jericho y el Teniente Bretahi.
Dentro del primer piso del edificio, un perímetro había sido montado, y se requeriría de dos uno o dos pelotones para poder entrar en el. Aunque claro, estas estadísticas se hacían en estudios humanos, no Covenants.
Agazapados al fondo, en el extremo opuesto de la sala, el Teniente Bretahi le comentaba sugerencias al Mayor Jericho que los demás no lograban escuchar por completo.
Dado que no tenían soporte en tiempo real de la situación, Bretahi estaba haciendo uso del mapa de la ciudad que había sido enviado a su terminal de recepción táctica por Cass. Ahora, enlazado con el HUD del Mayor, discutían la mejor ruta a seguir.
“Eso esta bien, señor, concuerdo con usted, dado que esa maldita señal de bloqueo no nos permite comunicarnos con las Divisiones de Infantería. No sabemos en donde están las líneas del Frente, o si todavía hay uno. La Vigésimo Quinta estaba esparcida por todo este sector.” Bretahi retrajo y amplio unos cuadrantes sobre sus respectivos HUD’s con el joystick del control (algo parecido al del Xbox 360, por cierto) de mando táctico. So sabemos como llevaron el Frente, y por lo que hemos visto, tal vez el Covenant hizo una brecha o lo sobrepasó por el flaco izquierdo. Ahora esto es territorio del más fuerte, y debo remarcar que no somos nosotros. Sólo somos un pelotón de fuerzas especiales, sin apoyo acorazado, soporte aéreo, o lo mínimo que espero, apoyo logístico.
“Malditamente que esta en lo cierto, Teniente. Aún así, tengo una opción para…
Jericho no pudo terminar lo que estaba diciendo porque fue interrumpido por Argento.
“Mayor, trafico en la red Táctica, el canal viene directo de la flota.” Jericho bajó el mapa táctico de la ciudad para despejar su HUD y señalizó a Argento que se aproximara.
“El Decimo Sexto se repliega al noroeste de nuestra posición. Bombarderos de ala ancha se dirigen hacia la ciudad. Las fuerzas Covenant se han atrincherado en la plaza de comercio.” Hubo un poco de estática y la transmisión continuó. “Espera hay más. Un crucero Covenant se dirige hacia la ciudad también. El Vigésimo Quinto ya no enfrenta al Covenant, ahora sólo mantiene un perímetro defensivo, también en retirada. Eso es todo.”
“Parece que la situación está cambiando y nosotros no somos más que ratas en un gran alcantarillado,” dijo Jericho. “El Covenant busca algo en esa plaza, eso es seguro, porque una de sus naves viene para reforzar esa posición. Ahora ya no les interesa acabar con los Marines, pues esa plaza era su objetivo. Ya que tienen lo que querían, ahora sólo se concentrarán en defenderla. Esos bombarderos los arán desaparecer junto con la maldita plaza entera. Pero sin duda esto le da otro giro al juego. El Covenant no dejará una de sus naves expuesta sobre la ciudad para ser bombardeada por nuestra flota, no, sin duda el infierno está a punto de desatarse sobre orbita, y sólo de la flota depende lo bien librados que salgamos de esta.”
“¿Y ahora qué, señor?” pregunto Bretahi.
“¿Qué es lo que haría usted, Teniente?”
“Yo me largaría de aquí lo más rápido posible. Esta incursión es demente, no se como esos estúpidos de la ONI pueden pensar en una misión como esta.”
“Bueno eso es porque ninguno de esos estúpidos ha estado en una misión como esta.”
Eso es lo que digo, señor. Además, estamos aislados, y sin imágenes satelitales, no sabemos en donde está el enemigo en medio de esta maldita jungla de acero. ¿Que tal si después de que el Covenant encuentre lo que busca –o si ya lo encontró– manda toda esta ciudad al infierno? Lo cual creo que arán después de que los cazas los arrasen en la plaza.
“Muy bien,” dijo Jericho. “Procederemos según el informe de Argento. El Covenant se encuentra en posesión de la plaza de comercio, por lo que asumiremos que el grueso de sus fuerzas estará ahí para reforzar la posición. Nos replegaremos a un punto de extracción. Pero tomaremos cualquier oportunidad que se nos presente en el camino para sacar aunque sea algo de provecho de esta misión. ¿Está claro?”
“Eso es lo menos que podría hacer para salvar la reputación de la Compañía, señor,” dijo Gladiuz con una ligera sonrisa en su rostro, aunque lo único que Jericho, Bretahi y Argento vieran, fuera una feroz calavera asintiendo.
Más estática vino por el canal de Argento. “¡Señor, es el Teniente Diegoled, del Vigésimo Quinto!”
“¿Cómo?”
“Pásamelo”
“¿Mayor Jericho?”
“Adelante, Teniente.”
“Mayor, escuche, las comunicaciones están en línea de nuevo, la Unidad de Guerra Especial Nightmare voló la señal de bloqueo. Eviten la zona de la plaza de comercio, pues será arrasada. La evacuación está ya casi completa, por lo que todas las divisiones se repliegan formando un perímetro defensivo. La flota se moviliza para bloquear al Covenant. Así que le recomiendo que salga de ahí lo más pronto posible o se quedará sin apoyo de toda clase. La ciudad ya no es importante, así que no nos tocaremos el corazón para despedazarla para mandar a esos malditos al infierno. Repliéguese ahora hacia el cuadrante 42, pero ágalo rápido, porque el perímetro disminuye cada vez más hacia la zona de extracción, el Carguero
Intruder nos recogerá.”
“Negativo a la zona de extracción, Teniente. No nos espere, repito, no nos espere.”
“¿Señor?”
“Le agradezco por el informe, Teniente, pero aún tenemos trabajo que hacer. Cambio y fuera.”
Jericho le devolvió el aparato a Argento, y éste permaneció en silencio. Bretahi miró a Parker y a Fister que habían volteado hacia el Mayor. “¿Qué demonios me están mirando? ¡Vigilen sus campos de fuego!”
Y como uno sólo, Fister y Parker voltearon la mirada, sintiendo la pesada mirada del Sargento Gladiuz sobre ellos.
“Escuchen, esto es lo que haremos,” dijo Jericho. Nos replegaremos a nuestro punto de extracción alterno “Cola de Zorro,” y como ya lo dije, salvaremos lo que podamos rescatar de esta misión, pues además de esta cosa –el arma del Ultra que Parker le había dado– no tenemos nada.”
“Mayor,” dijo Cass, “la señal regresó, tal y como lo dijo el Teniente Diegoled.”
“Excelente, mándame la señal a mi receptor táctico.”
El receptor táctico era algo así como una versión mejorada del rastreador de movimiento que empleaba la armadura MJOILNIR, pues además de recibir datos tácticos en tiempo real de los enemigos en derredor, este podía ser configurado cuadrante por cuadrante, podía mostrar el movimiento del enemigo hasta ochocientos metros de distancia, con un margen de error del .45 %. Aunque claro, siempre y cuando un satélite estuviera mandándole imágenes dese orbita. Además podía ser configurado también como terminal para diversos usos.
El despliegue llenó la pantalla del receptor altamente resistente a lo golpes que Jericho llevaba en su antebrazo izquierdo, el cual milagrosamente había librado las metrallas, parte de las cuales aún permanecían en su dorso.
“Tengo señal,” dijo Jericho. Son…”
“Señor,” dijo Lancer, interrumpiéndolo. “Contacto enemigo, a ciento ochenta metros, Jackals, señor, un equipo de reconocimiento, parece. Son seis.”
“¿Los tomo?”
“Atención,” dijo Jericho. Y los miembros de la compañía se aprestaron aún más en posiciones.
“Tómalos, Lancer.”
“Enterado.”
Lancer fijó la magnificación de 10 x, y vio al Jackal que iba adelante de la formación como si lo tuviera a no más de un metro de distancia. “Que feo eres, maldito bastardo. Toma esto para que me recuerdes,” dijo Lancer y apretó el gatillo.
¡Baam! Resonó a través de toda la calle, y el jefe Jackal de escudo rojo cayó decapitado, pues la fuerza del disparo le había despedazado toda la cabeza. Los demás se agazaparon. Lancer tomó otro tiro, y un segundo Jackal cayó. Movió ligeramente su hombro derecho para suavizarlo por la arremetida de los culatazos, pero sin apartar la vista de sus danzantes blancos. “Valla, tu eres más feo que tu primo. Tomate esta también.” Otro fuerte ¡Baam! resonó, y el Jackal objetivo voló un metro hacia atrás, partido por la mitad.
Lancer vio a otro Jackal de escudo color rojo, pero este estaba asiendo señas a algo o a alguien más allá de la calle que él no podía ver. Sin palabras esta vez, Lancer lo fijó, y apretó el gatillo. El pobre infeliz terminó como los demás.
Lancer sacó el cargador vacio, introdujo otro, y jaló el cerrojo con un sonido metálico
clak, clack.
“Continuemos con la fiesta, pajarracos,” dijo y volvió a poner su ojo sobre la mira.
Pero lo que vio esta vez, no fue a tres Jackals esperando por ser abatidos, vio aun vehículo acorazado, o de tropas, él no estaba seguro. Pero el vehículo ya había girado sobre la calle en la dirección de la Compañía. Lancer subió la mira, y entonces tomó en objetivo a un Grunt que iba sobre un cañón frontal en la parte superior del vehículo. “Tu si quieres morir,” le dijo antes de dispararle. El pequeño alienígena cayó también.
“Muy bien, eso es todo lo que puedo hacer desde aquí,” le dijo a Dardo, ya expuse mucho la posición, ¡Vamos!” Y se retiraron al primer nivel junto a los demás.
Cuando bajaron, los demás ya estaban listos para hacer frente a la nueva amenaza…
-----TERCERA PARTE-----
Despliegue+01 horas: 04 minutos: 37 segundos: (Reloj de Misión del Teniente Chinne)/ Cuadrante 42, Zona de Extracción designada del UNSC.
“Esto está del carajo, Laura,” le comentaba Raptor Chinne a su Oficial Copiloto, ambos parados en el borde de la rampa del compartimento trasero de tropas de su Pelican, mientras veían como una gran cantidad de tropas del UNSC se reunían para ser evacuados en el cuadrante 42, un área de unos 800 metros cuadrados en las afueras de la ciudad de Ringaía. Había unas dos docenas de Naves Transportadoras (esas que salen en el video de Halo Wars) Había también 6 Fragatas, unas levantando el vuelo, otras atracadas sobre sus respectivas zonas de aterrizaje, y otras tantas apenas descendiendo. Y a la distancia, alto en el cielo, más allá del enjambre de cazas Hornets que resguarda el espacio aéreo, el Carguero Intruder descendía hacia su posición para recoger al resto de las Divisiones de Infantería de Marina que esperaban por ser evacuadas.
Ellos seguían comentando acerca de lo mal que la situación estaba marchando para su Compañía de Reconocimiento mientras en sus alrededores –más allá de los cuadros de ZA designados para los Pelicans– Los Marines corrían de acá para allá entre centenares de vehículos Warthogs, transportes de tropas, y tanques de batalla. La mayoría pasando revista en sus respectivas unidades y en las habituales formaciones que caracterizaban a las Compañías y Pelotones. Otros más en grupos, algunos comentando impacientes por el arribo del Intruder, otros tantos platicando acerca de a cuantos Covenant se habían cargado –en un grupo, la Teniente Laura, quien escuchaba mientras Chinne le hablaba, vio como un Marine levantaba en trofeo el casco de un Elite salpicado de sangre morada con tres agujeros de bala en el. Más allá, un Sargento le decoraba su casco a un francotirador con nuevas marcas de éxito –pintando nuevas líneas diagonales obre los pequeños dibujos de cráneos Covenant que venían en un fondo de dos escudos con dos cuchillas entre cruzadas, alineados en hileras a un costado del casco– el cual de por sí ya casi cubría de líneas la mayoría de marcas Covenant pintadas en el, mientras el autor de estas marcas les revivía con ademanes a sus camaradas la forma en la que le había volado la cabeza a un pobre infeliz. Con un gesto físico apenas imperceptible incluso para ella, la Teniente Laura se rió para sí –esa era una costumbre que algunos francotiradores tenían, marcar su casco con sus éxitos, al igual que suelen hacer algunos pilotos de caza. El resto de los Marines, se mantenían en el borde del perímetro, haciendo guardia.
Ahora Chinne se había callado y miraba al cielo, impaciente. Su Oficial copiloto miraba a un grupo de Marines que parecían estar un tanto "alegres" platicando entre sí. Él estaba esperando a que las comunicaciones se despejaran, ya que aunque el Covenant los había bloqueado, se le había notificado que una Unidad de Spartans –la Compañía Nightmare– se encargaría de despejarlas de nuevo, sin embargo, no era el sí la compañía de Spartans lograría el despejar las comunicaciones el porqué Chinne estaba impaciente –porque él sabía que lo harían– sino el tiempo que transcurría sin saber nada acerca del Mayor Jericho y sus camaradas.
A la distancia, él, pudo notar como más tropas seguían llegando al cuadrante de extracción. Demonios, pensaba para sí, nada agradable para él el tener que quedarse en los alrededores hasta nuevo aviso, cuando ya todos estaban por marcharse.
De pronto, el vio que su compañera hizo un ademan, llevándose su mano derecha hacia su auricular. Laura permaneció escuchando por un momento, y entonces le dio la señal del pulgar arriba con su mano izquierda.
“Ya era tiempo,” dijo Chinne. Y entró a la cabina de su Pelican.
Tomó su casco, sentó en su asiento, y le dio al control de la radio. Sssssss siseaba por su auricular mientras cambiaba los canales. Sssshhhhh, wiooouuuu, shhhh, rrrrrrssshhhh, trchtrchtrch, Rayos, pensó Chinne para sí. “El canal está ocupado,” dijo.
“¿Está ocupado?” dijo Laura, quien había entrado también en la cabina. “Quizás alguien se esta comunicando con ellos, ya que no hay forma de que supieran que las comunicaciones se han restablecido, a menos de que Argento halla estado insistiendo por el canal hasta dar.”
“Bueno, y si es así, no se están comunicando con nosotros. Seguiré tratando.”
Entonces, repentinamente, Chinne escuchó la familiar voz de Argento por el canal: “¡Aquí Argento, de la Compañía de Reconocimiento Ghost! Cambio.”
“Este es Charlie 327, ¿cual es la situación? Cambio.”
“¡Chinne!” dijo Argento, “¡Al fin, maldición! Te pasaré con el Mayor.” Y Chinne escuchó como el Oficial de Comunicaciones le gritaba al Mayor. ¡Señor, Charlie 327!” Y entonces Chinne pudo escuchar en la lejanía la voz del Mayor, un tanto ahoga por el ruido de los inconfundibles disparos de las pesadas ametralladoras calibre 50 mm que algunos de los miembros de la Compañía cargaban.
Se oyó un fuerte ¡BLASH! Seguido de la vos de Argento “¡Ah, maldito bastardo!” Alguien más gritó “¡Francotirador!” y a continuación la voz de Cass diciendo, “¡Lo tengo!” Seguido de un fuerte¡Bam! conforme una de las rondas de 14.5 mm salía disparada de su rifle de francotirador.
“Ok, despejado,” se oyó decir a Cass, seguido de la respiración de Argento mientras corría, “Ah, ah, ah,” y un crujido, conforme este se poyaba contra un muro. “Chinne, aquí Jericho, escucha, estamos un poco ocupados aquí, no puedo hablar por ahora, te llamaré tan ponto como sea posible. Cambio y fuera.”
El canal murió.
Chinne se reclinó en su asiento, con sus brazos cruzaos tras su cabeza. No dijo nada. Pero no hacia falta decir nada para ver la gran consternación que había en su mirada. Laura se sentó a su lado.
Despliegue+00 horas: 56 minutos: 12 segundos (Reloj de Misión del Mayor Jericho)/ Cuadrante 17 por 35, Ringaía.
Lancer descendía hacía la planta baja del edificio junto con Dardo, a tiempo para ver como el Mayor le ordenaba al Teniente Bretahi –haciendo un puño con la palma hacia él, bajándolo, y lanzándolo hacia adelante– la maniobra mejor conocida entre ellos como el “martillo,” entonces se volvió hacia Lancer y se señalizó ambos ojos con los dos primeros dedos de su mano derecha, y los apuntó nuevamente hacia la dirección en la cual, a unos cientos de metros adelante, se encontraba la amenaza.
Lancer entendió. Fister abrumaría al vehículo enemigo con su potente ametralladora calibre 50. Cando este se detuviera, girara, o los pasajero se desbandaran, el los tomaría con su rifle. Entonces los demás miembros de la Compañía avanzarían lanzando fuego de supresión y acabarían al enemigo, o si en el peor de los casos, se volvían unas perras, los forzarían a replegare.
Lancer corrió a toda prisa a refugiarse a la pared del edificio que estaba cruzando la calle. En la esquina opuesta, hacia la derecha, él pudo ver a Cass tomar posición también. El vehículo enemigo ya había avanzado varios metros hacia su posición desde que lo habían avistado para ese entonces.
Por órdenes de Bretahi, Fister cruzó la calle, pegado más hacia la posición de Lancer. Apuntó, se plantó en el suelo, y apretó el gatillo. ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! Unos cientos de metros hacia adelante, el vehículo Covenant fue golpeado de frente por una lluvia de potentes balas penetrantes calibre 50. Las cuales dejaban agujeros como boquetes sobre el casco color púrpura del condenado vehículo. Y justo como era de esperarse, una banda de Jackals saltó apresuradamente de cada costado el vehículo en busca de una mejor cobertura. Justo entonces, el vehículo explotó, atrapando en el candente abrazo a tres Jackal que habían saltado del lado izquierdo de este. Los feos bastardos se contorsionaban como poseídos de aquí para allá en ademanes de muerte, envueltos en su propia medicina infernal, mientras sus compañeros que habían contado con un poco de más “suerte” corrían hacia sus respectivas aceras de la calle por cobertura. Pero no llegarían lejos, cuatro más fueron alcanzados por la mortal lluvia de Fister, otro que penó que la había librado fue alcanzado en el mero centro de su costado por un “pagado y enviado” de Lancer. El último al lado izquierdo fue muerto por Cass.
“¡Ahora, Marines!” Rugió el Sargento Gladiuz, corriendo hacia adelante a la cabeza de una línea diagonal, con el resto de los Troopers conformándola.
Atrás quedaron solamente Lancer y Fister en una esquina, Cass en la otra, y Argento que corría hacia esta, y el Mayor Jericho al fondo –avanzando hacia adelante, mirando en su terminal de recepción táctica para comprobar la zona, y estaba justo por decir algo cuando su mirada fue atraída de nuevo hacia adelante por un ¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! El Sargento Gladiuz había encontrado más resistencia.
Un grupo de malaventurados Grunts siendo arreados por una media docena de Elites en armadura negra. Al contacto, los Troopers habían abierto fuego, encabezando los tiros el Sargento Gladiuz. La hilera de Grunts calló primero, cuales pinos de madera en un limpio tiro de boliche. Pero los Elites eran ágiles, y no eran ni dos ni tres, era una media docena de rudos bastardos en armadura color negro.
Hubo un intercambio de lluvia mortal. Los Elites rugieron, y varios cayeron, pero por desgracia, el plasma era más dañino para los humanos que las balas para los alienígenas. Pero por una buena disciplina, los humanos habían entrado en contacto en formación, lo que redujo las posibles consecuencias. No obstante, Dardo fue alcanzado en el hombro por un perno color azul, cayó. Los demás se abrieron hacia la izquierda cuando Parker gritó, “¡Fuego en el agujero!” y lanzó dos granadas de fragmentación volado por el aire en dirección de los Elites, uno de los cuales y había encendido una granada de plasma y estaba listo para arrojarla, pero su movimiento fue cortado en seco y con un profundo rugido de agonía por Dardo, que tirado sobre el pavimento, le había disparado. Sus camaradas en negro se abrieron también para evitar tanto las entrantes granadas, como la que el agonizante Elite sostenía aún en su mano.
Para entonces, Parker había escalonado la línea y tomado uno de los brazos de Dardo alrededor de su cuello, quien fue ayudado por Gladiuz. Ninguno de los tres tuvo tiempo de decir algo, así que sólo se voltearon, con sus facciones faciales apretadas y haciendo muecas cuando dos fuertes ¡BAM! resonaron tras ellos, y cayeron al suelo. Apenas hacían el primer movimiento cuando otro ¡BAM! resplandeciente detonó. Seguido de unos rugidos ininteligibles.
“¡Rápido!” Gritó Gladiuz, poniéndose de pie junto a Parker y levantando a Dardo. “¡Creo que no–” dijo Dardo, pero sus palabras fueron cortadas por el sonido del fuego de supresión de Nazz!, impidiendo momentáneamente cualquier contraataque alienígena. ¡”Vamos, vamos!” decía Nazz!, mientras hacia ademanes con una mano para que se replegaran en la dirección en la cual habían venido.
Varios metros atrás, Fister, seguido de Lancer, avanzaron cuidadosamente, asegurándose de permanecer sobre la banqueta de la calle para tener algo de la cobertura que las tiendas y edificios adjuntos le podrían ofrecer.
Lancer avanzaba metro y medio detrás de Fister, rifle al hombro, y apuntando en la dirección de la escaramuza. Él vio a sus camaradas comenzar a retroceder, cuando de pronto, un Elite color negro apareció. Lancer no le dio un segundo pensamiento al asunto cuando su dedo apretó el gatillo. ¡Bam! resonó por toda la calle, dejando una casi imperceptible estela color blanco en un trazo limpio hacia el Elite, quien fue arrojado hacia atrás con sus sesos desparramados como fuente vertiéndose en cámara lenta. Lancer aún escuchaba el sonido del casquillo dando vueltas por el aire cuando disparó un segundo tiro, pero lo erró en el costado de un edificio.
Un par de Elites se habían introducido en una tienda, flanqueando a los Troopers en su camino de retirada, lancer los había visto por su mira, así que se apresuró y alcanzó a Fister, golpeándolo en el hombro y señalando en aquella dirección. Fister asintió.
“Muy bien, vamos–” dijo Gladiuz, pero su atención fue atraída por un gutural rugido de furia y odio, y por fortuna, por un par de errados pernos azules. Dos Elites los habían flanqueado desde el interior de la tienda que tenían a su derecha, y para su desgracia, los Elite se les venían encima.
Gladiuz levantó su rifle, pero fue apartado por el antebrazo de un Elite de dos metros sesenta de estatura que lo derribó con su peso, su arma salió de sus manos. El otro se abalanzó contra Parker y dardo, Nazz! Fue arrojado más atrás.
“¡Ahh! Hijo de puta!” gritó Gladiuz, mientras corría su mano por su cuchillo. El Elite rugió de nuevo, formando un puño con una mano y lanzándolo hacia su cabeza, pero Gladiuz lo evadió, metiendo el propio antebrazo del Elite que sujetaba su brazo derecho. Gladiuz desenfundó el cuchillo, pero el Elite tenía aún sus escudos personales. Hubo detonaciones de disparos. Giraron, Gladiuz quedó arriba, cuchillo en mano, pero el Elite lo bloqueó de nuevo, entonces, Nazz! Disparó su pistola M6D Magnum contra la cabeza del Elite, este consternado, metió su gran pie entre el pecho del Sargento, y lo impulsó por el aire, con las manos libres, el Elite intentó alcanzar su tirado rifle de plasma, pero una segunda descarga lo alcanzó en un costado. Sus escudos parpadearon y cedieron. La pistola sonó con un ¡Track! ¡Track! Estaba vacía, Maldita sea, pensó Nazz! Quien se había acabado casi todo el cartucho disparándole al otro Elite, y las armas de asalto no estaban al alcance, Parker entonces, quien había recibido un puntapié en el estomago, levantó su pistola, apunto de disparar para mandar al Elite al infierno, cuando Gladiuz se le abalanzó como una pantera. Esta era la oportunidad que él había estado esperando. El Elite metió una mano, pero esta fue rebanada por un hoja de 15 pulgadas, un fuerte “!Arrrrrghhhhh!” se oyó del Elite, seguido del sargento incrustando profundamente su cuchillo entre el cuello y parte de la quijada del alienígena. Un chorro a presión de sangre morada lo salpicó. “¡Ahh, maldito bastardo, toma! ¡Toma! ¡Toma! ¡Toma!” Cada “Toma” fue acompañado de una profunda puñalada. Hasta que el sargento se puso de pie, y como si nada hubiera pasado, empapado de sangre morada, caminó hacia su arma, la recogió, y dijo, “Zona despejada.”
Un tanto atónito Nazz! Se levantó y fue a recoger las armas de los demás. Parker ayudó a Dardo.
Varios metros atrás, un también sorprendido Fister decía, “Baya, el Sargento si que es un tipo de cuidado.” Él y Lancer no habían podido cubrir a sus camaradas porque los Elites se habían prácticamente mezclado entre ellos, dejándolos sin la oportunidad de un tiro limpio. Una táctica eficaz con francotiradores rondando.
Lo que los Troopers no esperaban, era el toparse también con un escuadrón de Fuerzas Especiales enemigas, el maldito asunto había estado reñido.
“Atención, gente, movimiento, atrás, en la calle paralela, Cass, viene de tú lado.” Se oyó decir al mayor Jericho por la frecuencia del escuadrón. Fister se apresuró a regresar, ahora cruzando la calle en la dirección de Cass y Argento.
Los alcanzó, y pudo ver una hilera de Jackals con sus escudos verde-azulados pandeándose mientras avanzaban. Parte del grupo Covenant que recién habían abatido, y que seguramente los habían flanqueado por detrás de la manzana.
Argento hablaba, y Fister lo oyó decir: “¡Al fin, maldición!” pero el tenía que concentrarse en lo suyo, y disparó. Una de las figuras parecidas a buitre se encontraba en el tercer piso de un edificio con plena vista hacia la esquina en la que se encontraba Fister. Él la alcanzó a ver, pero en vez de levantar su arma, se apartó, y con buena razón, era un francotirador.
Un haz golpeó justo en la esquina del edificio, y Argento gritó: “¡Ah, maldito bastardo!” seguido de Fister: ¡Francotirador!” entonces Cass, que estaba con ellos, se dio la vuelta, Fister señaló, y ella asintió, “¡Lo tengo!” Un fuerte ¡Bam! resonó a continuación.
“Ok, despejado,” dijo Cass. Y Argento corrió hacia el Mayor para comunicarlo con Charlie 327. Al fondo de la calle, cuatro de los seis Jackal que habían sobrevivido a la oleada de Fister, entre los cuales había dos Elites más, corrían cargando y evadiendo mientras disparaban sus armas de plasma. Gladiuz y el resto de los Troopers –después de una rápida comprobación a Dardo y viendo que la herida no era letal– ya se habían reunido con ellos nuevamente, y ya comenzaban a intercambiar tiros mientras se movían de acá para allá, avanzando y cediendo terreno mutuamente con las fuerzas alienígenas. Jericho hablaba con Chinne. “Chinne, aquí Jericho, escucha, estamos un poco ocupados aquí, no puedo hablar por ahora, te llamaré tan ponto como sea posible. Cambio y fuera.”
Chip había escuchado primeramente a la distancia, los inconfundibles disparos de un rifle de francotirador, había contado cuatro disparos, seguidos de una momentánea pausa, después escuchó el pesado fuego de una ametralladora calibre 50. Seguido de más disparos de francotirador. Probablemente su Compañía estaba cerca, ya que aparte de cadáveres humanos y unos cuantos Covenant, no había visto a ninguna fuerza militar en el área.
Se detuvo a escuchar justo detrás de un carro eléctrico, que tenía debajo a un arrollado Jackal. Ja, estúpido, se dijo Chip, y pateó al feo desgraciado en la cabeza.
De pronto escuchó un articulado Gragh, seguido de un fuerte ¡Pam! Que levemente estremeció el terreno, y luego nuevamente: Grash… ¡Pam! Grash… ¡Pam! Grash… ¡Pam! Chip se dio la vuelta y corrió por la calle a contra esquina, llego, se poyó contra la pared del edificio, y lentamente asomó su cabeza a la vuelta. A unas dos cuadras más allá, el pudo ver la figura de algo… enorme, que se movía a cuatro patas sobre la avenida, no podía ver bien de que se trataba, porque sólo veía una silueta negra, contrastando el reflejo de un poniente sol, y sin luz eléctrica en los alrededores, bueno, la vista a esta distancia no ayudaba mucho. Lo que Chip si sabía era que esa maldita cosa sin duda avanzaba hacia la dirección en la que probablemente estaban sus compañeros, y no es que ellos no supieran acerca de esta nueva amenaza, sino que él resentía el no poder estar con ellos cuando probablemente tuvieran que enfrentarse a este maldito monstruo mecanizado. No, él tenía que hacer algo, si algo se les había dejado claro durante su entrenamiento, era que los ODST’s eran leales hasta la muerte, y él no iba a ser quien rompiera con la tradición.
Apartó su mirada y comprobó nuevamente la zona, nada, no había signos de vida, entonces avanzó hacia desde donde se había regresado para mirar, y continuó avanzando. Chip ya había remplazado su protector del antebrazo desecho con un dispositivo Covenant de escudo, y con un cuchillo en mano, y una pistola de plasma en la otra, apresuró su marcha.
¡Bam! ¡Bam! ¡Bam! “¡A eso es a lo que me refiero!” dijo un Nazz! que corrió hasta el cadáver de un negro Elite y le metió un potente tiro de gracia de su rifle de asalto en la cabeza.
Atrás, el Mayor Jericho hablaba por radio con su Piloto de Unidad.
“Así es, el Teniente Diegoled del Vigésimo Quinto nos informó de la evacuación, lamentablemente no llegaremos ahí a tiempo, está demasiado lejos para nosotros, y estamos a pie, estamos rescatando lo que podamos de esta maldita misión, y una extracción en zona urbana es peligrosa aún, ya que hay patrullas Covenant todavía en el área. Nos replegaremos aun punto de extracción Cola de Zorro, por el momento permanece atento para las coordenadas, las enviaremos en cuanto nos sea posible para la evacuación– al fondo se oyó a alguien decir: ¡Mayor, escuche! Seguido de la voz de Jericho, “Eso es todo, cambio y fuera.”
Los puntos Colas de Zorro eran áreas móviles de extracción que cambiaban de acuerdo a las circiunstacncias, Chinne ya los había llevado a cabo anteriormente, pero ninguno bajo estas circunstancias, con una nave de guerra Covenant aproximándose a la ciudad, y el resto de sus fuerzas amigas retirándose. Él tendía que hacer algo al respecto, por poco que fuera, porque lo que él hiciera o no hiciera en los próximos minutos, decidiría no sólo el destino de sus compañeros, sino el de él y su copiloto.
“Permanece aquí por si llaman por las coordenadas,” le dijo Chinne a Laura, “Tengo que comprarnos algo de apoyo.” Y salió de la cabina. Laura volteó hacia la consola, y escuchó por el canal abierto que los bombarderos ya estaban en camino desde los cargueros en orbita. Ella pudo ver a través del parabrisas de la nave como los soldados corrían de aquí para allá, mientras Fragata Aliance cargaba tanques de batalla y equipo pesado…