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Sección II


Halo


Capítulo Dos
Despliegue+00 horas: 03 minutos: 24 segundos (Reloj de Misión del Mayor Silva)/ Comando HEV, en descenso de combate hacia la superficie de Halo.


De acuerdo con los protocolos de inserción estándar del UNSC, la vaina HEV del Mayor Antonio Silva aceleró una vez que fue lanzada, así que fue uno de los primeros en entrar a la atmósfera de Halo. Había un número de razones para esto, incluyendo la fuerte convicción de que los Oficiales debían de guiar, en vez de seguir, estando dispuestos a hacer cualquier cosa que se les pidiera por sus tropas, exponiéndose así mismos a la misma cantidad de peligro.
Sin embargo, seguía habiendo otras razones, comenzando con la necesidad de recolectar, ordenar, y organizar a las tropas una vez que hubieran alcanzado la superficie. La experiencia había demostrado que cualquier cosa que los Helljumpers manejaran en complicidad durante la primera –llamada hora dorada– tendría un efecto desproporcionado en los sucesos o falla de toda la misión. Especialmente ahora, cuando los Marines caían a un mundo hostil falto de cualquier información de inteligencia, y equipo específico para un determinado ambiente. Equipo que normalmente recibirían antes de la inserción. Pero para compensar esto, la vaina de comando estaba cargada con una gran cantidad de equipo, más que el resto de los demás “huevos,” incluyendo algún altamente poderoso equipo de representación, junto con la IA militar Clase C requerida para operarlo.
Esta particular inteligencia había sido programada por una persona masculina, la cual llevaba el nombre de Wellsley –después del famoso Duke de Wellington– y una personalidad que coincidía con tal. Aunque era un buen partido, era menos capaz que una IA de un nivel como el de Cortana, ya que todas las capacidades de Wellsley se cerraban sobre asuntos militares, las cuales la hacían extremadamente útil en un cierto grado de “mentalidad-cerrada.”
La HEV se sacudió violentamente y terminó pivoteando mientras la temperatura interior rosaba los 98° grados. El sudor caía por el rostro de Silva.
“Así que,” continuó Wellsley, con su voz vía los auriculares del oficial. “Basado en la telemetría disponible desde el espacio, además de mi análisis, parece que la estructura etiquetada como HS2604 satisfacerá sus necesidades.” El tono de la IA cambió ligeramente mientras una sub-rutina de conversación hacia lo suyo. ¿“Quizás le gustaría llamarla “Gawilghur” después de la fortaleza que conquisté en la India.?
“Gracias,” graznó Silva mientras la vaina se invertía por segunda vez, “Pero no gracias. En primera: tú no tomaste la fortaleza, Wellington lo hizo. En segunda: no había computadoras en 1803. Y en tercera: ninguna de mis tropas sería capaz de pronunciar Gawilghur. Así que la designación Base Alfa estaría bien.”
La IA emitió una pasable emisión de un suspiro humano. “Muy bien, entonces. Como estaba diciendo, la Base Alfa esta localizada en la parte superior de esta pequeña colina.” La pantalla curvilínea localizada a solo seis pulgadas de la nariz del Marine pareció tiritar y el video trajo a la vista una imagen de una ancha formación parecida a un pilar, coronado por una mesa con unas abigarradas estructuras de techo plano situadas para un fin.
Eso fue todo lo que Silva vio antes de que el recubrimiento de su vaina HEV comenzara a desprenderse revelando la jaula de aleación que contenía al oficial y a su equipo. El aire se volvió frío y rasgó sobre su ropa. Un momento después, el paracaídas de arrastre se desplegó y asumió la forma de una lámina. Silva hizo una mueca mientras la vaina desaceleraba con una sacudida de huesos. Su arnés comprimiendo sus hombros y pecho.
Wellsley envió una señal electrónica hacia los demás Helljumpers. El resto de las vainas HEV’s giraron en la dirección que fuera necesaria para orientarse a sí mismas sobre la vaina de comando y seguirla a través de la atmósfera.
Todas, excepto la vaina de la soldado Marie Postly, quien escuchó como su paracaídas principal se desprendió. Hubo un repugnante momento de caída libre, entonces la vaina se sacudió mientras desplegaba el paracaídas de apoyo. Una luz roja parpadeó en panel de instrumentos frente a ella. Y ella comenzó a gritar por la frecuencia dos, hasta que Silva la cortó. Él cerró sus ojos. Esa era la muerte que cada Helljumper temía, pero ninguno de ellos habló sobre eso. En alguna parte, hacia la superficie de Halo, Postly estaba apunto de cavar su propia tumba.
Silva sintió que su HEV se estabilizaba y tomó otra mirada hacia la pequeña colina. Era lo suficientemente alta como para proveer una buena vista de los alrededores, además de los escarpados acantilados que forzarían a cualquier atacante a llegar por aire o por sus angostos caminos. Y como bonus, la estructura localizada en la sima prevería a sus Marines de un alojamiento defensivo. “Se ve bien. Me gusta.”
“Eso creí,” contestó Wellsley con altanería. “Sin embargo, hay un pequeño problema.”
“¿Cuál es?” disparó Silva mientras la última sección del recubrimiento de la vaina se desprendía y el ambiente a su alrededor desgarraba sobre su mascara.
“El Covenant es dueño de esta particular pieza de bienes raíces,” contestó la IA calmadamente. “Y si la queremos, vamos a tener que tomarla.”

Despliegue+00: horas: 02 minutos: 51 segundos (Reloj de Misión de SPARTAN-117)/ Bote Salvavidas Lima Foxtrot Alfa 43, en descenso de emergencia hacia la superficie de Halo.

El Jefe maestro observó el Anillo entrar a la vista mientras el piloto guiaba el Bote Salvavidas pasando un grueso borde plateado y descendiendo “dentro” de la superficie interior de la construcción, antes de colocar a la pequeña nave en una calculada zambullidla sobre el extraño paisaje de abajo. Mientras miraba hacia adelante, él vio montañas, colinas, y una llanura que se curveaba y eventualmente salía de foco conforme el Anillo subía para completarse así miso en algún lugar sobre su cabeza. La vista era hermosa, extraña, y desorientadora al mismo tiempo.
Entonces el turismo termino repentinamente cuando la superficie vino a reunirse con ellos. El Jefe Maestro no pudo ver si el Bote Salvavidas tomó fuego enemigo, si sufrió una falla del motor, o si golpeó con algún obstáculo en la aproximación final. Realmente no importaba; el resultado sería el mismo.
El piloto había tenido tiempo de gritar, “¡Vamos demasiado rápido!” Un momento después, el casco rebotó contra algo sólido, y el Spartan quedo noqueado.
El dolor apuñalaba a través de su cabeza mientras su casco se encontraba estrellado contra el mamparo en su camino hacia las placas del suelo –seguido de una aferrada negrura…

“Jefe… Jefe… ¿Puedes oírme?” La voz de Cortana hacia eco en su cabeza.
El Spartan abrió sus ojos y se encontró así mismo de frente por encima de los paneles de luces, los cuales destellaron y chisporrotearon. “Si, puedo oírte,” el contestó. No hay necesidad de gritar.”
“¿Oh, en serio?” la IA replicó en un tono profundo. “Quizás prefieras presentarle una queja por escrito al Covenant. El accidente provocó una gran cantidad de tráfico de radio y es mi suposición que el comité de bienvenida está ya en camino.”
El Jefe Maestreo luchó por mover sus pies, y estos estaban a punto de responder cuando vio los cuerpos. El impacto del choque había destripado el bote, abriéndolo y destrozando a la desprotegida gente dentro de el. Nadie más había sobrevivido.
No había tiempo de sopesar el asunto, no si buscaba mantenerse con vida, y evitar que Cortana cayera en manos enemigas.
Él se apresuró a reunir tantas municiones, granadas, y suministros como pudo llevar. Acababa justo de revisar los seguros de un cuarteto de granadas cuando Cortana le llamó en alarma: “Peligro, he detectado múltiples naves Covenant acercándose. Recomiendo que nos movamos hacia las colinas. Si tenemos suerte, el Covenant creerá que todos a bordo del bote salvavidas murieron en el choque.”
“Enterado.”
El plan de Cortana tenía sentido. El Spartan comprobó el área en busca de amenazas, entonces se apresuró hacia el cañón y hacia el puente que lo cruzaba. La extensión carecía de barandillas de seguridad, y estaba construido de un extraño metal bruñido. Debajo del puente, una cascada retumbaba en una masiva caída.
El resto del Mundo se arqueaba al la distancia sobre ellos. Grandes afloramientos de agua, suavizadas rocas grises, y una dispersión de lo que parecían ser coníferas, las cuales le recordaban a los bosques en los que había entrenado en Reach.
Aunque había diferencias, sin embargo, como el camino del Anillo que se estrechaba y se elevaba en el horizonte para completarse de nuevo en la dirección opuesta, la manera en la que las sombras caían sobre la tierra, y el vigorizante aire limpio que le llegaba a través de sus filtros. Era hermoso, además de impresionante, aunque potencialmente peligroso también.
“Alerta, nave de descarga Covenant aproximándose.” Dijo Cortana con voz tranquila pero insistente.
La profecía resultó correcta cuando una gran sobra flotó sobre el extremo lejano del puente y los motores de la nave chillaron una advertencia. Había muy pocas dudas acerca de que el Spartan hubiera sido divisado, así que hizo planes para lidiar con el asunto.
Alcanzó el extremo del puente, vio lo que parecía una redondeada precipitación en el terreno más allá, hacia su derecha, y se apresuró para sacar provecho de ella. Se asomó por el borde del risco, ignorando la larga caída. Cuidadoso de mirar donde pisaba, el Jefe Maestro circuló la roca y encontró una grieta donde la roca tocaba el acantilado. Ahora, con su espalda hacia la pared, tenía una oportunidad de defenderse así mismo.
Comprobó su rastreador de movimiento, y se dio cuenta de que un par de Banshees Covenant estaban prácticamente encima de él. Los aeroplanos alienígenas llevaban consigo cañones de plasma y cañones de barra de combustible. Aunque no especialmente rápidos, seguían siendo peligrosos, especialmente contra tropas de tierra.
Combinados con soporte aéreo, los Grunts y Elites que bajaron de la nave de descarga alienígena en forma de U presentaban una seria amenaza.
Él estabilizó su puntería y la fijó sobre la cercana amenaza de los Banshees. Cuidadoso de no abrir fuego ates de tiempo, el Spartan esperó a que el Banshee entrara en rango, entonces apretó el gatillo. La primera nave de asalto vino directo hacia él, lo que la hizo relativamente fácil de centrarla. Impactos de bala chispeaban en el casco del Banshee mientras su contador de munición disminuía.
La nave se estremeció cuando al menos algunas de las rondas perforantes penetraron el fuselaje y esta empezó a dejar un rastro de humo.
El Jefe Maestro no estaba en posición de apreciar los resultados de sus esfuerzos, sin embargo, cuando el segundo Banshee descendió desde el sol, llenó el área alrededor de él con fuego de plasma. La barra de escudo en su despliegue disminuyó y comenzó a pulsar en rojo. Un gemido de alarma en los parlantes de su casco.
El Jefe Maestro regresó el fuego. Sin pausa, liberó el seguro he introdujo un nuevo clip de munición dentro del receptor.
Se agazapó, examinado el cielo en busca de objetivos, y divisó al Banshee número uno justo a tiempo. Se preparó a sí mismo para otro asalto. El Spartan permitió que el aeroplano enemigo se aproximara, tomó una ligera iniciativa, y apretó el gatillo de nuevo. La nave Covenant corrió dentro de la lluvia de balas, explotando en llamas, y estrellándose contra la pared del acantilado.
La segunda nave aún seguía ahí, volando en perezosos círculos, pero el Spartan sabía que era mejor ponerse de pie y observar. Una media docena de puntos rojos aparecieron en su rastreador de movimiento. Cada marca representaba un potencial agresor y la mayoría estaban localizados a su retaguardia.
El Jefe Maestro esperó a que sus escudos regresaran a su carga completa, entonces se volvió, saltó encima de la roca, y tomó una cuidadosa mirada en derredor. La nave Covenant había depositado un grupo de Grunts en el lado lejano del cañón donde se encontraban ocupados examinando los restos de su bote salvavidas.
Pero eso no era todo. A su derecha, de su lado del puente, otro grupo de Grunts se estaba moviendo en su dirección a través de los arboles. Todavía se encontraban un poco lejos, lo que le daba unos pocos segundos para prepararse.
Aunque no armado con el estándar S2 AM rifle de francotirador, su elección de arma para esta clase de situación, el Spartan traía consigo la pistola M6D que Keyes le había dado. La cual estaba equipada con una mira de aumento por 2x, la cual en manos de un experto, y a la distancia a la que se encontraba, podía hacerla golpear algunos lancos.
El Jefe Maestro se alcanzó la pistola, se volvió hacia el grupo que estaba alrededor de los restos, y fijó la retícula de objetivos sobre el Grunt más cercano. A pesar del hecho de que ellos no eran una amenaza inmediata, los alienígenas a los que les apuntaba del otro lado del cañón se encontraban en una ideal posición para flanquearlo, lo que significaba que tenía que lidiar con ellos primero. Doce tiros sonaron, y siete Grunts cayeron.
Satisfecho de que su flanco derecho estaba razonablemente seguro, introdujo un nuevo clip de munición dentro de la pistola y cambió su atención hacia las tropas enemigas que estaban emergiendo de entre los arboles. Este grupo de Grunts se encontraba cerca ahora, muy cerca, y abrieron fuego. El Jefe Maestro eligió como objetivo al alienígena más distante en primer lugar, asegurándose que de ese modo tendría un brecha en los demás, incluso si se volvían y trataban de escapar.
Los tiros de pistola vinieron en una rápida sucesión. Los Grunts ladraron, bullaron y gorgotearon mientras las bien dirigidas balas rechazaban sus cuerpos sin vida pendiente abajo.
Cuando ya no hubo más objetivos a los que dispararles, el Jefe Maestro tomó un momento para recargar la pistola, cliqueando en el seguro, y regresando el arma a su funda. Saltó fuera de la roca y se agazapó bajo un afloramiento de rocas.
Divisó al Banshee por encima. Circulando fuera de rango, esperando para abalanzarse si salía de su cobertura. Lo cual significaba que él podía sentarse ahí y esperar el arribo de más fuerzas de tierra, o podría abandonar su escondite he intentar escapar.
Recargó su rifle y se deslizó hacia adelante por sobre la roca. Una vez en terreno abierto, se trataba de un corto tramo pasando los esparcidos cuerpos de los Grunts. Así que se agazapó debajo de la cobertura que ofrecían los arboles.
Contó hasta tres y se deslizó de roca en roca. Avanzó colina arriba, muy consciente del Banshee a sus espaldas, pero razonablemente seguro de que le había sacado camino.
No había irregularidades sobre su detector de amenazas, hasta que alcanzó la sima e hizo una pausa para examinar el terreno que tenía adelante. Un revelador punto rojo apareció sobre HUD. El Jefe Maestro aminoró su camino hacia adelante, esperando el momento del contacto.
Entonces vio el movimiento, mientras las siluetas se movían de entre el terreno, cubriéndose. Había cuatro de ellos, incluyendo un Elite de armadura azul. El Elite cargó imprudentemente hacia adelante, disparando mientras venía.
Él había combatido Elites anteriormente –había cierto significado en el color de las armaduras de los alienígenas– y estos siempre luchaban como agresivos novatos. Una fina sonrisa se asomó en los labios del Jefe Maestro. Él Ignoró los mal colocados disparos del alienígena, se enderezó, y contestó el fuego. El Elite avanzó cerrado, y los Grunts comenzaron a replegarse hacia los arboles. Su indicador de amenazas sonó en alarma y una flecha roja señalizó hacia la derecha. El Jefe Maestro cogió y activó una granada M9 HE-DP.
Se volvió justo a tiempo para ver como otro Elite –con la armadura color rojo de un veterano– cargaba contra él. Su granada estaba ya a la mano, y la distancia hasta el objetivo era suficiente, así que dejó volar la M9. La granada detonó con un fuerte sonido de ¡whump! y lanzó al soldado enemigo por el aire mientras dejaba a un árbol cercano sin la mitad de sus ramas.
El novato estaba cerca ahora, y rugió con un grito de guerra. El alienígena regó al Jefe Maestro con fuego de plasma. Sus escudos se drenaron precipitadamente.
El Spartan retrocedió, disparando su rifle de asalto en cortas ráfagas controladas, hasta que finalmente se cargó al Elite restante.
Con su líder caído, los Grunts rompieron filas y comenzaron a escabullirse. El Jefe Maestro cortó su retirada con una lluvia de balas.
Soltó el gatillo, sintió el silencio ajustarse al entorno, y supo que había cometido un error. El veterano se había acercado condenadamente sin ser detectado, ¿cómo?
Se dio cuenta de que desde un principio él seguía luchando como parte de una unidad. Aunque había sido entrenado para actuar independientemente, él había pasado la mayor parte de su carrera militar como parte de un equipo. El Elite había logrado flanquearlo porque él simplemente estaba acostumbrado a que uno de sus camaradas Spartan estuviera vigilando.
Se le había separado de la cadena de mando, solo, y muy probablemente rodeado por el enemigo. Él asintió, con su rostro lúgubre detrás del reflectante visor de su casco. Esta misión requeriría de una enorme revisión a sus tácticas.
Siguió su camino ascendiendo a través de una estrecha pradera de puntiaguda hierba que le llegaba hasta la rodilla.
Se precipitó hacia el sonido de la batalla. Quizás ya no estaría por sí mismo…

Despliegue+00 horas: 05 minutos: 08 segundos (Reloj de Misión del Capitán Keyes)/ Bote Salvavidas Kilo Tango Victor 17, en descenso de emergencia hacia la superficie de Halo.

Quizás porque el navegante del Autumn, el Alférez Lovell, se encontraba en los controles, o quizás por simple cuestión de suerte, pero cualquiera que fuera la razón, el resto del viaje hacia abajo a través de la atmósfera de Halo se llevó a cabo sin ninguna complicación. Tan pacíficamente que hizo a Keyes ponerse nervioso.
“¿Dónde le gustaría que lo aterrice, señor?” preguntó Lovell.
“En donde sea,” respondió Keyes, “siempre y cuando no haya fuerzas Covenant en los alrededores. Algo de cobertura estaría bien –ya que este bote salvavidas va a actuar como un imán.”
Al igual que la mayoría de su clase, el bote de salvamento jamás había sido usado para un extenso uso atmosférico; pues de hecho, volaba como una roca. Pero la sugerencia tenía sentido, así que el piloto giró hacia lo que él arbitrariamente había designado como el “oeste,” hacia donde los pastizales se reunían con unas colinas bajas.

El bote salvavidas iba bajo, tan bajo que las patrullas Covenant apenas tuvieron tiempo de ver lo que era antes de que el pequeño buque pasara sobre sus cabezas y desapareciera.
Los Elites veteranos, ambos de los cuales estaban montados en pequeños aerodeslizadores monoplazas –Gosts– pudieron observar al pequeño bote de salvamento arribar a la superficie.
El de mayor alto rango de la pareja dio conocimiento del avistamiento. Se volvieron hacia las colinas y dispararon sus aceleradores. Lo que prometía ser un largo y aburrido día de pronto se tornaba interesante. Los Elites se echaron miradas el uno al otro, agazapados sobre sus controles, y corrieron para ver quién de los dos podía alcanzar al bote salvavidas primero –y cual de ellos sería el que tendría la mejor puntuación de la tarde.

Dentro, en las colinas de adelante, Lovell disparó los retro-propulsores del frente del bote de salvamento, soltando los flaps que las pequeñas alas tenían, y usando los chorros del vientre del bote. Keyes miró con admiración mientras el joven piloto soltaba el bote dentro de una hondonada en donde sería casi imposible de divisar, excepto desde una perspectiva elevada. Lovell había sido un oficial problemático, bien encaminado a una deshonorable conducta, pero Keyes lo había reclutado. Había recorrido un largo camino desde entonces.
“Buen trabajo,” dijo el Capitán mientras el bote salvavidas aterrizaba. “Muy bien, niños y niñas, saquemos todo lo que nos pueda ser útil, y pongamos tanta distancia como podamos de aquí. Cabo, ponga a sus Marines como centinelas. Wang, Dowski, Abiad, abran esos compartimentos. Veamos que marca de champaña tiene el UNSC en estos botes. Hikowa, deme una mano con este cuerpo.
Hubo una cierta cantidad de conmoción mientras el cadáver de ‘Nosolee era llevado hacia afuera y bruscamente tirado en una grieta, el bote estaba fuera de uso, y los controles deshabilitados. Con las mochilas de emergencia a sus espaldas, la tripulación del puente comenzó a subir por las colinas. No llegaron lejos cuando un Boom sónico llegó con estruendo por sobre la tierra, el Pillar of Autumn rugió a través del cielo y cayó sobre el horizonte hacia el arbitrario “sur.”
Keyes sostuvo su aliento mientras esperaba para ver que pasaría. Él, al igual que los OC, tenía implantes neurales que lo vinculaban con la nave, la IA de la nave, y el personal clave. Hubo una pausa, seguida de lo que sintió como un leve temblor. Un momento después, un mensaje de la sub-rutina de Cortana apareció a través de su visión, por cortesía de su enlace neural:
>SRC-1:: EMISIÓN DE DESASTRE :: >ATERRIZAJE DEL PILLAR OF AUTUMN. AQUELLOS SISTEMAS QUE PERMANECEN FUNCIONALES SE ENCUENTRAN EN MODO DE ESPERA. DISPOSICIÓN OPERACIONAL A 8.7 % >SRC-1 FUERA.
No se trataba del tipo de mensaje que un Oficial Comandante quisiera recibir. A pesar de que el Pillar of Autumn ya nunca volvería a navegar el espacio de nuevo, Keyes tomó un pequeño confort acerca del hecho de que su nave aún seguía teniendo el equivalente a un pulso, y de que aún podría venir a la mano.
Él forzó una sonrisa. “Muy bien, gente, ¿qué es lo que estamos esperando? Nuestra guarida espera. Él último en llegar a la cima excava la letrina.”
El personal del puente continuó con su ascenso.

En lugar esforzarse por mantener las HEV unidas, los Helljumpers cayeron en una zona de aterrizaje que se extendía aproximadamente unos tres kilómetros de diámetro. Algunos de los desembarcos eran clásicos, aquellos en los que los más afortunados Marines se desasían de sus jaulas de choque a unos cincuenta metros de la superficie y aterrizaban como solados en un video de entrenamiento.
Otros tenían un trato menos elegante, como los esqueléticos restos de sus vainas de inserción se estrellaban contra los acantilados, caían en lagos, y en un afortunado caso, rodaban dentro de una profunda quebrada. Mientras los sobrevivientes Helljumpers salían de sus HEV’s, una baliza localizadora saltaba a la vida, y así ellos eran capaces de orientarse así mismos hacia el punto rojo en las transparentes pantallas de sus cascos. Pues ahí era en donde el mayor Silva había aterrizado, un temporal Cuartel General había sido establecido, y el batallón podría reagruparse.
Cada vaina fue despojada de las armas, munición extra, y suministros que cargaban, lo que significaba que la fuerza que convergió en la meseta estaba bien equipada. Pues se tenía por dado que los Helljumpers eran capaces de operar sin reabastecimiento externo por un periodo de dos semanas, y Silva estaba satisfecho de que sus tropas habían retenido la mayoría de su equipo, a pesar de las difíciles condiciones del desembarco.
De hecho, es lo que pensaba Silva mientras veía a sus tropas aproximarse desde cada dirección. Lo único que faltaba eran una flota de Warthogs y un escuadrón de Scorpions, aunque estos bienes podrían venir luego, oh, si podrían, poco después de que la colina fuera arrebatada de las manos enemigas. Mientras tanto, los Helljumpers tendrían que usar lo que siempre utilizaban sobre la superficie: sus pies.

La Primer Teniente Melissa Mackay había aterrizado a salvo, al igual que casi toda su compañía 130. Tres de su gente habían sido muertos en acción en el Autumn y dos se encontraban perdidos y presumiblemente muertos. No tan malo, considerando todas las cosas.
Con la suerte que tenía, Mackay había golpeado la suciedad sólo a medio klick de distancia de la baliza localizadora, lo que significaba que para el tiempo en que un perímetro hubiera sido establecido, ella ya tendría su equipo a través del terreno, localizado al Mayor Silva, y ya se habría reportado. Mackay era una de sus favoritos. El oficial ODST asintió a modo de saludo. “Buen descenso, Teniente… me estaba empezando a preguntar si se había tomado la tarde.”
“No, señor,” respondió Mackay. “Estaba dormitando en mi descenso y me dormí hasta que mi alarma me despertó. No volverá a ocurrir.”
Silva mantuvo recto su rostro. “Me alegra oírlo.”
El pausó, y entonces señaló. “¿Ve esa colina? ¿Aquella con las estructuras en la cima? La quiero.”
Mackay miró, alcanzó sus binoculares, y miró de nuevo. La línea de la colina apareció a lo largo de la base de la imagen y estaba punto de salir del marco de las coordenadas que Willsley insertó para reemplazar los conceptos de longitud y latitud que se empleaban en la mayoría de las superficies planetarias, pero no aquí.
El sol se estaba “poniendo” pero aún había la suficiente luz para ver. Mientras ella evaluaba el área objetivo, un Banshee Covenant despegó desde la cima de la colina, circulando hacia el “oeste,” y viniendo directamente hacia ella.
“Parece un fruto de cascara dura para abrir, señor. Especialmente desde el terreno.”
“Lo es,” agregó Silva, “y es por lo cual vamos ha abordarla tanto desde el aire como desde el suelo. Sólo el Señor sabe como lo hicieron, pero un grupo de pilotos de Pelicans fueron capaces de lanzar sus transportes antes de que el “viejo” bajara al Autumn, y están escondidos a unos diez klicks al norte de aquí. Podemos usarlos como soporte y para operaciones aerotransportadas.
Mackay redujo sus binoculares. “¿Y el Autumn?”
“Está KIA atrás en algún lugar,” contestó Silva, apuntando su pulgar hacia atrás sobre un hombro. “Me gustaría ir para ofrecerle mis respetos finales, pero tendrá que esperar. Lo que necesitamos es una base, algo que podamos fortificar, y usar para mantener a raya al Covenant. De otra manera, de poco en poco irán cazando a nuestra gente.”
“Y aquí es donde entra la colina,” dijo Mackay.
“Exacto,” respondió Silva. “Así que, a moverse, quiero a su compañía al pie de esa colina tan pronto como sea posible. Si hay algún camino hacia la sima, quiero que lo encuentre y lo siga. Una vez que llame su tención, los golpearemos desde arriba.
Hubo un fuerte ¡Bang! Mientras uno de los miembros de la primera compañía disparó su lanzador portátil M19 SSM, volando del cielo al Banshee que se aproximaba. El batallón aclamó mientras los restos del Banshee salían lanzados y caían desde el cielo.
“Señor, si, señor,” respondió Mackay. “Cuando lleguemos ahí, me puede comprar una cerveza.”
“Es lo justo,” agregó Silva, “pero tendremos que prepáralas primero.”

Incluso a los Grunts se les tenía que ser concedido un descanso de vez en cuando, por lo que largos tanques cilíndricos equipados con esclusas de aire habían sido enviados a la superficie de Halo, en donde se les bombeaba metano de lleno y podían ser utilizados en lugar de barracas.
Habiendo sobrevivido al cercano ataque suicida del Autumn rescatando a un Elite herido, he insistiendo que el guerrero había sido evacuado en vez de ser abandonado a la muerte, Yayap había extendido la duración de su propia vida, sin mencionar a los Grunts que estaban directamente bajo su comando.
Ahora, a modo de celebrar la victoria, el soldado alienígena estaba acurrucado dentro de una pequeña bola, durmiendo. Una pierna suya se movió mientras el Grunt soñaba que recorría los pantanos de su mundo de origen, pasando de los pilares de fuego a los pantanosos estuarios donde había crecido.
Entonces, antes de que pudiera cruzar una fila de escalones de piedra hacia el enjuncado cobertizo en el lado más lejano del estanque de peces ancestrales de su familia, Gagap sacudió su brazo. “¡Yayap, levántate, rápido! ¿Recuerdas al Elite que trajimos de la nave? ¡Está afuera, y quiere verte!
Yayap saltó de su lugar. “¿A mi? ¿Dijo por qué?”
“No,” respondió el otro Grunt, “pero no puede ser bueno.”
Eso era cierto en gran manera. Mientras Yayap nadaba reflejándose por el caos de equipo que colgaba en desordenados racimos a través de la longitud del cilindro. Entró en el baño comunal, y se apresuró a ponerse su armadura, aparatos de respiración y los arneses de armas.
¿Que sería lo más peligroso? Yayap se preguntaba, ¿mostrarse desaliñado y dejar que el Elite encontrara un defecto en su apariencia? ¿O mostrarse después porque se había tomado el tiempo necesario para asegurarse de que su apariencia fuera aceptable? Tratar con Elites siempre parecía involucrar tales acertijos, esa era una de las muchas razones por las cuales Yayap tenía una calurosa aversión por los de su tipo.
Finalmente, habiéndose decidido a favor de la decisión de apresurarse, Yayap entró en la esclusa de aire, esperando a que está ciclara a través de él, y emergiendo a la brillante luz del sol. La primer cosa que notó fueron los centinelas, quienes normalmente estarían apoyados contra el tanque discutiendo cuan horribles eran las raciones, se encontraban rígidos en posición de atención.
“¿Eres tú al que llaman Yayap?” la profunda voz llegó desde atrás de él, causando que el Grunt diera un salto. Se volvió, se puso en atención, y trató de verse como un soldado. “Si, excelencia.”
El Elite llamado Zuka ‘Zamamee no llevaba casco. No podía, no con el vendaje que envolvía su cabeza, pero el resto de su armadura se encontraba en su lugar. La cual se veía limpísima, al igual que las armas que llevaba. “Bien.” Los médicos me dijeron que tú y tú equipo no sólo me jalaron hacia la nave, sino que forzaron al bote de asalto a traerme hacia la superficie.”
Yayap sintió un bulto en su garganta y luchó para tragar. El piloto había sido un tanto reacio, citando la orden de esperar por un cargamento completo de tropas antes de romper contacto con la nave humana, pero Gagap había sido bastante insistente –incluso había llegado tan lejos, al grado de tirar de su pistola de plasma y agitar sus manos.
“Si, Excelencia,” contestó Yayap, “pero puedo explicarlo–”
“No hay necesidad,” respondió ‘Zamamee. Yayap casi saltó; la voz del Elite estaba falta del habitual tono de comando. Sonaba casi… tranquilizadora.
Yayap estaba todo menos tranquilizado.
“Ustedes vieron que un superior estaba herido,” continuó el Elite, “he hicieron lo que pudieron para que recibiera un tratamiento médico oportuno. Esa clase de iniciativa es rara, especialmente entre las clases bajas.”
Yayap miraba al Elite, incapaz de contestar. Se sintió desorientado. En su universo, los Elites no ofrecían elogios.
“Para mostrar mi apreciación, le he transferido.”
A Yayap le gustaba la aparente tranquilidad de la unidad a la que estaba signado, y no tenía deseos de salir de ella. “¿Transferido, Excelencia? ¿A qué unidad?”
“A mi unidad,” contestó el Elite, “mi asistente fue asesinado cuando abordamos la nave humana. Tú tomarás su lugar.”
Yayap sintió que su espíritu se iba en picada. Los Elites que actuaban como agentes especiales de los Profetas eran unos fanáticos, elegidos por su ilimitada voluntad de arriesgar sus vidas –y las vidas de aquellos bajo su comando. “Gracias, Excelencia,” tartamudeó Yayap, “pero yo no merezco ese honor.”
“¡Tonterías!” respondió el Elite. “Tu nombre ya ha sido añadido a los registros. Reúne tus pertenencias, despídete de tu unidad, y veme aquí en quince unidades a partir de ahora. Estoy programado para aparecer ante el Consejo de Maestros mas tarde. Tú me acompañaras.”
“Si, Excelencia,” dijo Yayap obedientemente. “¿Puedo preguntar acerca del propósito de la reunión?”
“Puedes,” respondió ‘Zamamee, tocándose con una mano el vendaje sobre su cabeza. “El humano que infligió esta herida era un guerrero tan capaz que representa un peligro para todo el grupo de combate. Un individuo que, si nuestros registros pueden ser creídos, es personalmente responsable por las muertes de más de mil de nuestros soldados.”
Yayap sintió que sus rodillas comenzaban a ceder. “¿Por sí solo, Excelencia?”
“Si. Pero nunca temas, esos días se han ido. Una vez que reciba la autorización, tú y yo encontraremos a ese humano.”
“¿Encontrarlo?” exclamó Yayap, olvidando el protocolo. “¿Y entonces qué?”
“Entonces,” gruñó ‘Zamamee, “Lo mataremos.”

El aire del amanecer era frío, y Mackay podía ver su aliento mientras subía y se preguntaba que es lo que le podría esperar. Habían pasado la mitad de la noche marchando a través de la llanura para estar en posición debajo de la colina, y la otra mitad la habían pasado entre tratando de encontrar una forma para llegar a la cima, y tomando una pequeña siesta.
La segunda tarea había sido fácil, quizás pequeñamente fácil, debido a que descuidadamente no se habían construido barricadas, el pie de la rampa de cuatro pies de ancha estaba totalmente desprotegida. Ya que la última cosa que el Covenant esperaba era que una nave humana apareciera del Hiperespacio y desembarcara infantería sobre la superficie de la construcción. Visto desde este punto de vista, una cierta falta de preparación era entendible.
En cualquier caso, el camino iniciaba a nivel del suelo, subiendo en espiral, y no había sido utilizado durante un tiempo a juzgar por lo que ella podía ver, eso era lo que parecía, de todos modos, si bien era difícil estar seguro desde abajo, y Silva fue comprensiblemente renuente ha enviar uno de los Pelicans revelándoles el plan desde lejos.
No, Mackay y sus tropas tendrían que abrírselas a través del estrecho camino y confrontar cualquier defensa que el Covenant pudiera tener allí, y esperar que los Pelicans arribaran lo suficientemente rápido para calmar la presión.
Los ojos de la Teniente leyeron sobre la transparente pantalla sujeta a su casco la cuenta regresiva, esperando a que se completara, y se puso en marcha a través de la colina. La compañía del Sargento Tink Carter se volvió hacia los hombres y mujeres alineados detrás de él. “¿Qué demonios están esperando? ¿Una invitación grabada? Vamos a hacerlo en equipo.”

Mientras la Compañía B marchaba hacia la colina, y la Compañía C marchaba hacia la cita con los Pelicans, el resto del batallón usaba las horas que quedaban de oscuridad para prepararse para el siguiente día bajo el vigilante ojo del Mayor Silva. Censores inalámbricos habían sido colocados a doscientos metros monitoreados por Wellsley; equipos de fuego de tres personas tomaron posiciones a ciento cincuenta metros; y un equipo de respuesta rápida había sido establecido para apoyarlos.
No había ninguna cobertura natural aquí, así que los Helljumper movieron su equipo sobre una baja elevación, he hicieron lo que pudieron para emplazar fortificaciones en derredor. La suciedad excavada de los fosos de fuego fue usada para construir una baja barrera en torno al perímetro del batallón, conectando trincheras en donde habían escavado, y una pequeña zona de aterrizaje había sido establecida para que los Pelicans pudieran caer sobre la huella del batallón.
Ahora, de pie en el punto más alto de la improvisada pista de aterrizaje, y mirando fuera del oeste, Silva escuchaba a Wellsley hablar dentro de su oído. “Tengo buenas y malas noticias. Las buenas noticias son que la Teniente Mackay ha comenzado a subir. Las malas, son que el Covenant está a punto de atacar desde el oeste.”
Silva se volvió y miró hacia el oeste. Una enorme nube de polvo apareció durante los cinco minutos desde que el comenzó a mirar. “¿Qué clase de ataque?” demandó secamente el oficial ODST.
“Eso es bastante difícil de decir,” contestó Wellsley deliberadamente, “Especialmente sin naves, satélites, y aviones de reconocimiento de los que normalmente dependo para informarme. Sin embargo, juzgando por la cantidad de polvo, más mi conocimiento del inventario de armas Covenant, parecería que se trata de un equivalente a una antigua carga de caballería similar a esa que Napoleón tiró en mi camino en Waterloo.”
“Tú no estuviste en Waterloo,” Silva le recordó a la IA mientras se llevaba los binoculares hacia los ojos. “Pero, asumiendo que estás en lo correcto, ¿qué es lo que cabalgan?”
“Vehículos de reconocimiento y ataque rápido, a los cuales nuestras fuerzas se refieren como Ghosts,” respondió Wellsley pedantemente. “Quizás un centenar de ellos… juzgando por el polvo.”
Silva maldijo. Las circunstancias no podían ser peores. El Covenant tenía que responder a su presencia, él lo sabía, pero había tenido la esperanza de tener un poco más de tiempo. Ahora, con la mitad de fuerzas comprometida en otros sitios, estaba a merced de cerca de doscientas tropas. Aún así, ellos eran miembros de las Fuerzas Especiales ODST’s, lo mejor en el UNSC.
“Muy bien,” dijo Silva tristemente, “si quieren cargar, démosles la bienvenida tradicional. Ordena que la formación se repliegue, dile a las Compañías A y D que formen un cuadro de infantería, y vamos por todas las municiones de apoyo bajo el nivel de tierra. Quiero armas de asalto en los posos, lanzadores a medio camino sobre la pendiente, y francotiradores sobre la pista. Nadie dispara hasta que de la orden.”
Al igual que Silva, Wellsley sabía que las legiones romanas habían usado los cuadros de infantería con buen efecto, al igual que lo había hecho Lord Wellington, y muchos desde entonces. La formación, que consistía en una caja con las tropas, todas viendo hacia el exterior, era extremadamente difícil de romper.
La IA relató las instrucciones a las tropas, quienes, aunque sorprendidos de ser desplegados de esa arcaica manera, sabían exactamente lo que debían hacer. Para el tiempo en el que los Ghosts arribaron, e inundado todo el lugar como un diluvio que se aproximaba, el cuadro ya estaba formado.
Silva estudió el indicador de rango y esperó hasta que el enemigo entrara en el. Entonces por la frecuencia de todo el batallón dijo: “¡Disparen! ¡Disparen!”
Ráfagas de balas perforantes rasgaron por el aire. Las maquinas a la cabeza se tambalearon como si hubieran tropezado contra un muro, los Elites eran tumbados de sus asientos.
Pero ahí había una gran cantidad de vehículos de ataque, y mientras la horda entrante bañaba a los Marines con fuego de plasma, las tropas ODST’s comenzaban a caer. Afortunadamente, las armas que disparaban pernos de energía eran fijas, lo que significaba que la elevación continuaba ofreciendo a los humanos una buena protección, siempre y cuando no se les permitiera a los Ghosts subir por la pendiente.
También operando a favor de los Helljumpers se encontraba la misma levitación que las maquinas tenían sobre el terreno, algo pobres de conducción, y de falta de coordinación general, muchos de los Elites parecían ansiosos de anotarse una muerte: rompieron la formación y se precipitaron delante de sus camaradas. Silva vio una nave de ataque tomar fuego de otro Ghost, la cual se estrelló contra una tercera máquina, que subsecuentemente estalló en llamas.
La mayoría de los Elites eran bastante competentes, aunque, después de una confusión inicial, se pusieron a trabajar en la elaboración de tácticas destinadas a romper el cuadro. Un Elite de armadura dorada lideró el esfuerzo. Primero, en lugar de permitir que las máquinas circularan a los humanos en cualquier dirección, él las forzó a que lo hicieran en el sentido contrario del reloj. Entonces, habiendo reducido las colisiones en al menos un tercio, el Oficial enemigo escogió el poso más bajo, el único contra el cual los cañones fijos de plasma eran más efectivos, y los echó sobre el una y otra vez. Marines fueron asesinados, el fuego de supresión fue decayendo, y una esquina del cuadro se volvió vulnerable.
Silva lo contrarrestó enviando un escuadrón a reforzar el punto débil, ordenándole a sus francotiradores que concentraran el fuego sobre el Elite dorado, y llamando por los lanzadores para proveer fuego de rotación –si los lanzacohetes humanos tenían alguna debilidad, era el hecho de que sólo podían disparar dos cohetes antes de comenzar a recargar, lo que dejaba al menos cinco segundos para el contraataque– alternando el fuego, y concentrándose en los Ghosts más cercanos a la colina, los defensores Marines eran capaces de aprovechar la efectividad de las armas.
Esta estrategia probó ser efectiva. Ghosts destrozados, quemados, y en desuso formaban una barricada de metal, protegiendo a los humanos del fuego de plasma, he interfiriendo con nuevos ataques.
Silva levantó sus binoculares y examinó el humo sobre la zona de batalla. Ofreció un silencioso gracias a cualquier deidad que estuviera viendo por la infantería. Si él hubiera llevado el asalto, Silva hubiera enviado el soporte aéreo en primer lugar para diezmar a los Helljumpers, seguido de desplegar los Ghosts desde el oeste. Sus contrarios habían sido entrenados de otra manera, teniendo mucha confianza en sus mecanizadas tropas, o simplemente el ataque había sido planeado sin experiencia.
Cualquiera que fuera la razón, los Banshees fueron arrojados a la escaramuza con retraso, aparentemente como una idea de último momento. Los especialistas en armas pesadas de Silva se sacaron a dos de las aeronaves en su primera pasada, clavándose a otro en su segunda pasada, y enviaron al cuarto hacia el sur con un rastro de humo de sus estropeados motores.
Finalmente, con el Elite dorado muerto, y más de la mitad de su número masacrado, los Elites restantes se retiraron. Algunos de los Ghosts que quedaban estaban intactos, pero al menos doce de los sobrevivientes llevaban conductores extra, y la mayoría estaban plagados de agujeros de bala. Dos con los motores destruidos, fueron remolcados fuera del campo de batalla.
Esto es por lo que necesitamos la colina, pensó Silva mientras sobrellevaba la carnicería. Para evitar otra carnicería como esta. Veintitrés Helljumpers estaban muertos, seis con heridas críticas, y diez con heridas menores.
Estática irrumpió en su oído, y la voz de Mackay crujió a través de la frecuencia de comando. “Azul Uno a Rojo Uno, cambio.”
Silva volteó hacia la colina, usando sus binoculares, y vio humo que se alzaba a lo lejos a medio camino de la formación de pilares. “Este es Rojo Uno, cambio.”
“Creo que tenemos su atención, señor.”
El Mayor sonrío, aunque fue más una mueca. “Entendido, Azul Uno. Montaremos un espectáculo para ellos también. Aguanten… la ayuda está en camino.”
Mackay se eludió de regreso bajo una saliente rocosa mientras el último lote de granadas de plasma llovía desde arriba. Algunas pasaban de largo, otras encontraban objetivos, uniéndose a ellos, y explotando después.
Un soldado gritó cuando una de las granadas alienígenas aterrizó en la parte superior de su mochila. Un Sargento gritó “¡Tírala!” pero el Marine entró en pánico y trastabilló, saliéndose del camino. La granada explotó y bañó la pared del acantilado con lo que parecía pintura roja. La Oficial de infantería hizo una mueca.
“Entendido, Rojo Uno. Pronto será todo un desastre, mejor tarde que nunca. Cambio y fuera.”
Wellsley ordenaba a los Pelicans en el aire mientras Silva se hacía por la llanura, preguntándose si su plan funcionaría, y si tendría el estomago que el precio exigía.
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¡¡Coño!!

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POR M4R180R0:Lo Mejor Del Foro Gracias Muchas Gracias¡¡¡¡¡
SI, COMO LO DIJE ANTES DE QUE ME QUITARAN LAFIRMA: ESO ES LO QUE QUERÍA OIR SIN PEDIRLO, SE ARADECE
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Editado por odts en 17-mar-2008 a las 00:44.