Libro Halo: The Fall of Reach traducido...los primeros 18 capitulos
Bueno en un principio un amigo externo a la pagina comenzo con la dificil tarea de traducir de una forma coerente los libros de halo.
Pero por distintos problemas ya no pudo continuar con la labor, y desafortunadamente se quedo en el capitulo 13  
Pero gracias a la colaboracion de un amigo de la pagina el usuario odts, que por distintos problemas no pudo postear el la informacion a logrado traducir los siguientes capitulos y seguira trabajando para traducir todo el libro  
Bueno les dejo el link de la pagina en donde se encuentran los primeros 13:
Libros de Halo en español.
Y aqui pongo el link de los capitulos que siguen hasta el numero 16 de ahi en adelante apareceran en este post,:
https://www.blogger.com/comment.g?bl... 4924947919190
PD. para ver la traduccion correcta vayan hasta la parte de abajo en donde dice: soymikhi
PD2Bueno apartir de aki seran el capitulo 17 por si kieren seguir leyendo espero y les guste
Espero les sirva la info y esperen proximas actualizaciones
Capítulo Diecisiete
0320 Horas, Julio 17, 2552 (Calendario Militar)/ UNSC Iroquis en ruta hacia Sigma Octanus IV
El Comandante Keyes se encontraba de pie con las manos detrás de su espalda, y tratando de buscar la calma. Cosa no fácil de lograr cuando su nave se encontraba en curso de colision con un grupo de batalla Covenant. Dentro de él, la adrenalina corrió por su cuerpo y su pulso se acelero.
Tuvo que darle un pequeño respiro a su tripulación, estaba edxigiendo mucho de ellos. . . en efecto, probablemente todo lo que podían darle.
Sus oficiales Junior miraban los monitores de estado; lanzando de vez en cuando una mirada nerviosa hacia él, pero su mirada siempre regresaba de nuevo hacia el centro del monitor.
Las naves Covenant lucian como juguetes en la distncia. Sin embargo, era cosa peligrosa pensar que eran inofensivas. Un resbalon, un entendimiento de su asombroso poder de fuego, y el Iroquis sería destruido.
El Carguero alienígena tenía tres secciones bulbosas; su inchado centro tenía trece bahías de lanazamiento. El Comandante Keyes había visto cientos de combatientes salir en tropel de ellos, rápidos, precisos, y mortales. Normalmente su IA a bordo manejaría la defensa de punto. . . solo que esta vez, no había IA instalada a bordo del Iroquis.
El Destructor alienígena era de nuevo tres veces más masivo que el Iroquis. Crespaba con torretas de pulso láser, antenas insectoides y quitinosas vainas. El Carguero y el Destructor se movían juntos. . . pero no hacía el Iroquis. Ivan lentamente a la deriva hacia el sistema Sigma Octanus IV.
¿Acaso lo estaban ignorando? ¿Arrasarian el planeta sin siquiera sacarlo del camino?
Las fragatas Covenant, sin embargo, estaban retrasasdas. Giraron al unisono y sus costados enfrentaron al Irouis preparándose para una andanada de costado. Motes de lus roja aparecieron y se esparcieron por las líneas laterales de la Fragata, cargando una sólida banda e iluminación infernal.
“Detectando altos niveles de radiación de particulas beta,” dijo el Teniente Dominique. “Se alistan para disparar sus armas de plasma, Comandante.”
“¿Correcion de curso, Señor?” pregunto el Teniente Jaggers. Sus dedos sobre el tablero de comando.
“Permanezca en curso.” Tomo toda la concentración del Comandante keyes el poder decir eso con facilidad.
El teniente Jaggers se giró y comenzó a hablar, pero el Comandante Keyes no tenía tiempo de ocuparse de sus preocupaciones.
“Teniente Hikowa,” dijo el Comandante Keyes. “Arme un misil Shiva. Remueva todos los seguros de lanzamiento nuclear.”
“Shiva armado, a la orden, Comandante.” La cara del Teniente Hikowa era una mascara de total determinación.
“Coloque el fusible en la secuencia de transmisión de detonación de radio solamente. Desactive la proximidad del fusible. Permanezca en espera por un lanzamiento de programa piloto.”
“¿Señor?” La Teniente Hikowa se vió confundida por su orden, pero dijo, “¡Señor, si, Señor! Haciendo que pase.”
Las Fragatas alienígenas en el centro del monitor no lucían más ni remotamente a los juguetes del Comandante Keyes. Ellas lucían reales y más grandes a cada segundo. El rojo resplandor a los largo de sus costados se había convertido en bandas sólidas. . . casi tan brillantes como para mirarlas directamente.
El Comandante keyes tomo rápidamente su libreta de datos y rápidamente empezó con los cálculos: velocidad, masa y partida. Desearía haber tenido una IA en línea para que comrobara dos veces sus cifras. Esto equivalía a no más que a la educación de adivinar. ¿Cuánto tiempo le tomaría llegar al Iroquis a la órbita de Sigma Octanus IV? Obtuvo un número y lo corto por el 60 porciento, sabiendo que, o bién tomava velocidad. . . o seria muerto por el tiempo que importaba.
“Teniente Hikowa, ponga el curso del Shiva en la marca cero ocho cero. Potencia máxima durante doce segundos.”
“A la orden, señor,” ella dijo, introduciendo los parámetros, y bloqueandolos en el sistema. “Misil listo, Señor.”
“¡Señor!” el Teniente Jaggers se dió la vuelta y se puso de pie. Sus labios se trazaron en una delgada línea apretada. “Ese curso disparara el misisil directamente fuera del alcance de nuestros enemigos.”
“Estoy consciente de ello, Teniente Jaggers. Sientese y espere nuevas ordenes.”
El Teniente Jaggers se sentó. Froto su semblante con una mano temlorosa. Su otra mano era un puño.
El Comandante Keyes vivculó el sistema NAV y fijó un cronometro en su libreta de datos. Veintinueve segundos. “A mi marca, Teniente Hikowa, lance la ojiva . . . no antes.”
“A la orden, Señor.” Su esbelta mano rodo sobre el tablero de control. “Las armas MAC todavía permanecen calientes, Comandante.” Ella le recordó.
“Desvíe la energía mantenida en los capacitadores a plena carga y envíela hcia los motores,” ordeno el Comandante Keyes.
La Teniente Hall dijo, “Desviando, Señor.” Ella intercabió una mirada con la Teniente Hikowa. “Motores operando ahora a ciento cincueta porciento de su potencia nominal. Línea roja en dos minutos.”
“¡Contacto, contacto!” grito el Tenient Dominique. “Torpedos de plasma enemigos afuera, eñor.”
Una luz escarlata brillo desde las Fragatas alienígenas –dos pernos de fuego gemelos se movieron a través de la oscuridad. Lucian como si fueran capaces de poder quemar el mismo espacio en si. Los torpedos estaban en un curso directo hacia el Iroquis.
“¿Correcion de curso, señor?” la voz del Teniente Jaggers quebró con tensión. Su uniforme estab empapado de sudor.
“Negativo,” respondió el Comandante Keyes. “Continue en este camino. Arme todas las capsulas de misiles Archer de popa. Roten los arcos de lanzamiento a uno ocho cero grados.”
“A la orden, Señor,” la Teniente Hikowa arrugo su frente y luego, asintió lentamente y en silencio con la boca. . . “si.”
El hirviente plasma color rojo llenó la mitad de la pantalla principal. Era hermoso verlo, de un modo extraño –como estar sentado en la primera fila de un incendio forestal.
Keyes se encontró extrañamente a si mismo en calma, este sería un buen trabajo, o no lo sería. Las probabilidades eran grandes, pero el confiaba en que sus acciones eran lu única opción de sobrevivir a este encuentro.
El Teniente Dominique se giró. “Colición con plasma en diesinueve segundos, Señor.”
Jaggers giró desde su estación. “¡Señor, esto es suicidio! Nuestra armadura no puede resistir…”
Keyes lo cortó. “Señor, regrese a su estación o tendre que removerlo del puente.”
Jaggers miró suplicamente a Hikowa. “Vamos a morir Aki…”
Ella se rehuso a encontrar su mirada y se volvió a sus controles. “Usted escucho al Comandante, vuelva a su estación.”
“Colision con plasma en nueve segundos,” dijo la Teniente Hall, y se mordió el lavio inferior.
“Teniente Jaggers, trasnfiera los controles de los propulsores de emergencia a mi estación.”
“Si. . . si, señor.”
Los propulsores de emergencia eran tanques de tetrazin de tiridrio y peróxido de hidrogeno. Cuando se mezclaban, lo hacían con fuerza explosiva –literalmente empujando al Irouis hacia un nuevo curso. La nave tenía seis tanques situados estratégicamente en los puntos endurecidos del casco.
El Comandante keyes consulto la cuenta regresiva en su libreta de datos. “Teniente Hikowa: dispare la ojiva.”
“¡Shiva fuera, señor! En curso uno ocho cero, máxima potencia.”
El plasma lleno la panatalla frontal; en centro de la masa roja se torno azul. Verdes y amarillos radiaron hacia el exterior, la luz azul por desplazamiento de las frecuencias de los espectros.
“Distancia trescientos mil kilómetros,” dijo el teniente Dominiqued. “Colisión en dos segundos.”
El comandante keyes espro un latido del corazón, entonces, golpeó los lo propulsores de emergencia. Un bang resonó a través del casco –el Comandante Keyes volo de lado e impacto con el mamparo.
La visión de la pantalla se lleno con fuego y el puente se calentó.
El Comandante Keyes se puso de pie. Contando los latidos de su pulsante corazón. Uno, dos, tres…
En caso de que ubieran sido golpeados por el plasma, no habriá nada que contar. Pues ya estarían muertos.
Sin embargo, solamente una pantalla de visualización funcionaba ahora. “cámara de popa,” dijo.
Los manchas jemelas de fuego avanzaron a lo largo de sus trayectorias por un momento, entonces, se arquearon prezosamente, continuando su búsqueda del Iroquis. Uno tomo ligeramente la delantera a su contrparte, por lo que ahora parecían como dos ojos brillantes.
El Comandante Keyes se maravillo de la habilidad de los alienígenas de poder maniobrar el plasma a tan grande distancia.“Bien,” murmuro para sí mismo. “Persigannos por todo el camino al infierno, bastardos.”
“Rastreenlos,” le ordeno a la Tenient Hall.
“A la orden, señor,” ella dijo. Su pelo perfectamente aseado se había despeinado. “Plasma aumentando de velocidad. Acercándose a la nuestra. . . tomando nuestra velocidad ahora. Nos interceptara en cuarenta y tres segundos.”
“Camara delantera,” ordeno el Comandante Keyes.
La pantalla de visualización resplandeció: la imagen cambió para mostrar las dos Fragatas Alienígenas girando para encontrar la cabeza del Irouis. Las luces azules titilaron a lo largo de sus cascos –pulsos lásers cargándose.
El Comandante Keyes jalo havia atras el angulo de la cámara y vió al Carguero alienígena y al Destructor entrando hacia Sigma Octanus IV. Él leyó su posición en su libreta de datos y rápidamente hizo los cálculos necesarios.
“Correcion de curso,” le dijo al teniente Jaggers. “Valla a punto de partida, cero cero cuatro, punto dos cinco. Declinación, cero cero cero, punto uno ocho.”
“A la orden, señor,” dijo Jaggers. “Cero cero cuatro, punto dos cinco, declinación, cero cero cero, punto uno ocho.”
La pantalla de visualización giró y se centró en el enorme Destrctor Covenent.
“Curso de colision,” anunció la Teniente Hall. “Impacto con el Destructor Covenant en ocho segundos.”
“Espere por una nueva correcion de curso: declinación, menos cero cero cero, pounto uno cero.”
“A la orden, señor,” asi como tipeaba, Jaggers limpiaba el sudor sudor de susojos, y volvia a checar sus números. “Curso en línea. Esperando sus ordenes, señor.”
“Colision con el Destructor Covenant en cinco segundos,” dijo Hall. Y se aferró al borde de su asiento.
El Destructor creció en la pantalla, torrtas lásers y bahías de lanzamiento, bulbosas prominicensias alienígenas y parpadeantes luces azules.
“Mantenga este curso,” dijo el Comandante Keyes. “Suene la alarnma de colision. Ahora cambie a la cámara de los trenes de aterrizaje.”
Los claxsons vociferaron.
La pantalla de visualización cambió y mostro el negro espació –entonces el débil destello azul del casco de una nave Covenant.
El Iroquis chilló y se estremeció cuando rayo en la proa del Destructor Covenant. Los escudos plateados titilaron en la pantalla –entonces la pantalla se lleno de estatica.
“¡Corrección de curso ahora!” grito el Comandante Keyes.
“A la orden, señor.”
Ubo una breve quema de los propulsores del Iroquis codeó hacia abajo ligeramente.
“¡La brecha del casco!” Dijo la Teniente Hall. “Sellando puertas presurizadas.”
“Camara de popa,” dijo el Comandante Keyes. “Armas: disparen las vainas de misiles Archer de popa.”
“Misiles fuera,” contesto la teniete Hikowa.
Keyes miró como el primero de los torpedos de plasma que había estado rastreando al Iroquis impacto en la propa del Destructor alienígena. Los escudos de la nave dieron una llamarada, ondearon. . .y se desvanecieron. El segundo perno golpeó un segundo después. El casco de la nave alíenigena resplandecío y se torno al rojo vivo, derritiéndose e hirviendo. Explosiones secundarias irrumpieron a través del casco.
Los misiles Archer golpearon hacia las eridas de la nave Covenant, pequeños senderos que iban desde el Iroquis hacia su blanco. Se estrellaron contra las heridas abiertas del buque y detonaron. Fuego y desechos escapaban del Destructor.
Una sonrisa se propago a través de la cara de Keyes cuando miraba a la nave alienígena arder, estropearse, y lentamente sumirse en la gravedad de Sigma Octanus IV. Sin poder, el buque Covenant se quemaría en la atmósfera del planeta.
El Comandante keyes dio un pequeño golpe en el intercomunicador. “Refuerzen para maniobrar los propulsores de emergencia.”
El golpeo los controles de los propulsores –la fuerza explosiva detono en el ldo de estribor de la nave. El Iroquis apuntó hacia Sigma Octanus IV.
“Correción de curso, Teniente Jaggers”. Dijo el Comandante keyes. “Llévenos dentro de una órbita apretada.”
“A la orden, señor.” Él furiosamente tipeó en los comandos, desviando la salida de los motores hacia los propulsores de actitud.
El casco del Iroquis brillo de rojo mientras entraba en la atmósfera. Una nube de ionización amarilla se formó alrededor de la pantalla de visualización.
El Comandante keyes agarró el pasamanos apretadamente.
La pantalla de visualización se aclaró y él pudo ver las estrellas. El Iroquis entro en el lado oscuro del planeta.
El Comandante keyes disminuyó bruscamente y empezó a respirar de nuevo.
“El refrigerante del motor falló,” dijo la Teniente Hall.
“Apague los motores,” ordenó. “Ventilacion de emergencia.”
“A la orden, señor. Ventilando plasma del reactor de fusión.”
El Iroquis estuvo abruptamente tranquilo. Ningún rugido de sus motores. Y nadie dijo nada hasta que la Teniente Hikowa se paro y dijo, “señor, esa fue la maniobra más brillante que jamás haya visto.”
El Comandante keyes dio una breve risa. “¿eso cree, Teniente?”
Si uno de sus estudiantes hubiera propuesto tal maniobra en su clase de tácticas, él le ubiera dado un C+. Y le ubiera dicho que esa maniobra estaba llena de valentía y audacia. . . pero era un riego extremo, poniendo a la tripulacíon de la nave en peligro innecesario.
“Esto no ha terminado aún. Manténgase fuerte,” él le dijo. “Teniente Hikowa ¿cúal es el estado de las armas MAC?”
“Capacitadores a un noventa y cinco porciento, señor, y drenándose a una rata de tres porciento por minuto.”
“Prepare las armas MAC, una ronda pesada cada uno. Arme todas las vainas delanteras de misiles Archer.”
“A la orden, señor.”
El Iroquis se libero en el lado oscuro de Sigma Octanus IV.
“Dispare los propulsores químicos para romper la órbita, Teniente Hall.”
“Disparando, a la orde.”
Uvo un breve rugido. La pantalla centrada en los lados traseros de las dos Fragatas Covenant que habían pasado dentro del camino.
Las naves alienígenas comenzaron a dirigirse hacia ellos; destellos azules parpadeaban a lo largo de sus cascos y sus torretas lásers se cargaban. Motas de rojo estacionadas a lo largo de sus líneas laterales.
Había algo allí, sin embargo, era demasiado pequeño como para poder verse en la pantalla de visualización: la ojiva nuclear. Keyes había lanzado el misil en la dirección opuesta –pero sus propulsores no podían superar completamente su tremenda velocidad acometedora.
Como el Iroquis había golpeado sobre la proa del Destructor, y como se encontraban en la órbita de Sigma Octanus IV, la ojiva nuclear se había ido a la deriva más cerca de las Fragatas. . . que habían fijado su atención solidamente en el Iroquis.
El Comandante Keyes golpeó ligeramente su libreta de datos y evió la señal para detonar la bomba.
Uvo un flash de blancura, un crepitar de relámpagos, y las naves alienígenas se desvanecieron como en una nube de destrucción enbolviendolas. Olas de EMP interactuaron con el campo magnetico de Sigma Octanus IV –ondeando como arcoíris boreal. La nube de vapor se expandió y se enfrió, y se desvaneció a amarillo, naranja, rojo, y luego a polvo negro que se dispersó en el espacio.
Sin embargo, ambas Fragatas Covenant seguían intactas. Sus escudos, sin embargo, ondearon una vez. . . y desaparecieron.
“Deme solución de fuego de las armas MAC, teniente Hikowa, de las dos.”
“A la orden, señor. Capacitadores Mac a noventa y tres porciento. Solución de disparo en línea.”
“Dispare, Teniente Hikowa.”
Dos golpes resonaron a través del casco del Iroquis.
Fijen el resto de vainas de misiles Archer en el objetivo y disparen.”
“Misiles fuera, Comandante.”
Dos rayos jemelos y cientos de misiles se movieron a gran velocidad hacia las dos desvalidas Fragatas.
Las rondas MAC rasgaron aunque –una de las naves fue agujereada de nariz a cola; y la otra nave fue golpeada en su linea media, justo cerca de los motores. Las explosiones internas cadenearon a lom largo de la nave, abultando el casco de la segunda nave a través de su longitud.
Los misiles Archer impactaron segundos más tarde, explotando a través de pedazos de casco y armadura, apartando a las naves. La Fragata que había tomado la ronda MAC en sus motores creció como ongo, con ramilletes de fuegos artificiales de metralla y chispas. La otra nave ardió, mostrando el esqueleto de su estrctura interna; se volvió hacia el Iroquis pero no disparo ningún arma. . . solo estaba a la deriva fuera de control. Muerta en el espacio.
“Posición del Carguero Covenant, Teniente Hall.”
La Teniente Hall hizo una pausa, entonces reportó, “En la órbita polar alrededor de Sigma Octanus Cuatro. Pero se esta moviendo a una considerable velocidad. Apuntando hacia fuera del sistema, curso, cero cuatro cinco.”
“Alerte al Alliance y alGettysburg de su posición.”
El Comandante keyes suspiro y se sumergió de nuevo en su silla. El había estropeado a las naves Covenant de cristalizar el planeta –salvando millones de vidas. Él había hecho lo imposible: se había enfrentado na cuatro naves Covenant y había ganado.
El Comandante Keyes hizo una pausa en si mismo –felicitandose. Algo estaba mal. Él jamás había visto al Covenant correr. En todas las batallas que él había visto o leído, él había permanecido en la masacre de hasta el último sobreviviente. . . o si ellos eran derrotados, ellos siempre peleaban hasta la última nave.
“Compruebe el planeta,” le dijo a la Teniente Hall. “Busque cualquier cosa, armas dejadas, transmisiones extrañas. Tiene que haber algo ahí.”
“A la orden, señor.”
Keyes oró porque ella no encontrara nada. A este punto él ya no tenía más trucos. No pudo girar al Iroquis alrededor de Sigma Octanus IV incluso si hubiera querido. Los motores del Iroquis se apagaron por mucho tiempo. Ellos se estaban moviendo en un vector fuera del sistema a considerable velocidad. E incluso si ellos pudieran detenerse, no había manera de recargar las armas MAC, y no quedaba ya ningún misil Archer. Ellos estaban prácticamente muertos en el espacio.
Saco su pipa y la balanceó en su tembloroza mano.
“¡Señor!” Chilló la teniente Hall. “Naves de desembarco, señor. El Carguero alienígena descargo treinta –corrigiendo, treinta y cuatro naves de desembarco. Tengo las siluetas descendiendo hacia la superficie. Están en curso hacía Côte d’Azur. Uno de los mayores centros de población.”
“Una invasión,” dijo el Comandante keyes. “Déme un FLEETCOM TAN PRONTO COMO SEA POSIBLE. Es tiempo de enviar a los Marines.”
Capítulo Diesiocho
0600 Horas, Julio 18, 2552 (Calendario Militar)/ UNSC Iroquis, zona estacionaria militar en órbita alrededor de Sigma Octanus IV.
El Comandante keyes tuvo una sensación de hundimiento a pesar de que había ganado la batalla, que sería la primera de muchas en el Sistema Sigma Octanus.
El miro a las cuatro docenas de otras naves del UNSC orbitando el planeta: Fragatas y Destrcuctores, dos Cargueros y una masiva estación de reparación y reacondicionamiento –más buques que los que el Almirante Cole había tenido a su disposición durante sus cuatro años de larga campaña para salvar Harvest. El Almirante Stanforth había tocado toso los registros.
Aunque el Comandante Keyes estaba agradecido por la rápida y abrumadora respuesta, se preguntaba porque el Almirante había dedicado tantas naves al area. Sigma Octanus no era una posición estratégica. No poseía recursos valiosos. Cierto, el UNSC había recibido ordenes de proteger las vidas de los civiles, pero la flota se separaba peligrosamente. El Comandante Keyes sabía que había sistemas más valiosos que necesitaban protección.
El hizo a un lado todos esos pensamientos. Estaba seguro de que el Almirante Stanforth tenía sus razones. Mientras tanto las reparaciones y el reabastecimiento del Irouis eran su máxima prioridad –él no quería ser atrapado medio preparado si el Covenat regresaba.
O más bien, cuando regresaran.
Fue algo curioso: los alienígenas desembarcaron sus fuerzas y se retiraron. Ese no era su modo usual de operar. El Comandante keyes sospechaba que ese era solo un movimiento de apertura en un juego que el aún no comprendia.
Una sombra cruzo por la cámara delantera del Iroquis como si la estación de reparación Cradle estuviera maniobrando cerca. La estación Cradle era esencialmente un largo cuadro con motores. Grande fue una subestimación; ella tenía más de un kilometro cuadrado. Tres Destructores podrían aber sido opacados con su sombra. La estación operando a pleno vapor, podía reparar seis destructores, tres en su superficie de abjo y otros tres en su superficie superior, haciéndolo en cuestión de horas.
Andamiajes se desplegaban desde sus uperficie para facilitar las reparaciones. Reabastecimiento de tubos, magueras y tranvías de carga que se alimentaban dentro del Iroquis. Sin embargo, tomaría toda la completa atención de la Cradle treinta horas reparar al Irouis.
Los alienígenas no habían recivido un solo disparo serio. No obstante el Irouis había sido casi destruido durante la ejecución de lo que algunos en la flota ya estaban llamando “La maniobra Keyes.”
El Comandante keyes dio un vistazo a su libreta de datos y a la extensa lista de reparaciones. El quince porciento de los sistemas electrónicos debían de ser reemplazados –quemados por fuera por el EMP cuando el misil Shiva detonó. Los motores del Iroquis requerían de una revisión completa. Ambos sistemas de refrigerantes tenían válvulas que se habían fundido por el tremendo calor. Cinco de los imanes superconductores tendrían que ser reemplazados también.
Pero lo más problemático era el daño en la parte de abajo del Iroquis. Cuando le dijeron al Comandante Keyes lo que había pasado, él tuvo que salir en un Interceptor Longsword para inspeccionar personalmente lo que le había hecho a su nave.
La parte de abajo del Iroquis había sido raspada cuando paso sobre la proa del Destructor alienígena. Él sabía que había habido algunos daños. . . pero no estaba preparado para lo que vió.
Los Destructores del UNSC tenían casi dos metros de placas de Titanio-A en sus superficies. El Comandante keyes había erosionado completamente a través de el. Había abierto una brecha en cada cubierta inferior del Iroquis. Los dentados bordes acerrados de las placas se enroscaban hacia afuera de la herida. Hombres con mochilas propulsoras en EVA se encontraban ocupados cortando las secciones dañadas para que nuevas plcas pudieran ser soldadas en su lugar.
La parte inferior era un espejo liso y plano. Pero Keyes sabía que la benigna apariencia aplanada fue engañosa. Si todo el angulo del Iroquis se ubiera inclinado en un solo grado, la fuerza de ambas naves impactando habría sizallado su nave a la mitad.
Las rojas líneas de guerra que se habían pintado en el costado del Iroquis parecían barras ensangrentadas. El Dockmaster le había dicho privadamente al Comandante Keyes que su tripulación le pdria dar brillo a la pintura apagada –o incluso reparar las rayas de guerra, si quería.
El Comandante keyes educadamente rechazo la oferta. Él las quería a la izquierda exactamente de la manera en que estaban. Él quería que recordaran, que mientras todo el mundo había admirado lo que él había hecho –él había cometido un acto de desesperación, no de heroísmo.
Él quería recordaran como un encuentro cercano había sido de muerte.
El Comandante keyes rgreso al Iroquis y marchó directamente hacia su barraca.
Se sentó en su antiguo escritorio de roble y cogió el intercomunicador. “Teniente Dominuque, usted tiene el puente por el siguiente ciclo. No estoy para ser pertubado.”
“Entendido, Comandante.”
El Comandante Keyes aflojo el collarin del uniforme y desabrocho su uniforme. Tomo la botella de setenta años de añejamiento de Escocés que su padre le había dado del cajón de abajo, y virtió cuatro centímetros en una taza de plástico.
Tuvo que encargarse de una tarea todavía más desagradable: que hacer respecto al Teniente Jaggers.
Jaggers había exibido limites de cobardía, insbordinación, y estuvo a punto de cometer motín durante las eventualidades del deber. Keyes podía darle Corte Marcial. Cada reglamento en los libros le gritaba que lo hiciera. . . pero Keyes no tenía para enviar al joven hombre a una junta de investigación. Él ubiera en lugar simplemente transfererido al Teniente a un lugar donde seguiría haciendo algo bueno –quizas a un alejado puesto de avanzada.
¿Era toda laculpa suya? Como Comandante, él tenía sus responbilidades de mantener el orden, de prever que la tripulación incluso pensara en un motín era un aposibilidad.
Suspiró. Quizás debería de decirle a su tripulación que estaba tratando. . . pero simplemente no tenía tiempo. Y ciertamente, ningunno para una discusión como la que Jaggers había estado buscando. No. Los otros oficiales de puente tenían preocupaciones tambien, pero ellos habían segido sus ordenes, como su deber lo requería.
Asi como el Comandante keyes creía en darle a la gente una segunda oportunidad. Éste estaba endonde keyes había señalado la línea.
Para empeorara las cosas, tranferiri a Jaggers dejaría un hueco en la tripulación del puente.
El Comandante Keyes accedió a los registros de Oficiales Juniors del Iroquis. Hubo varios que podían calificar como oficiales de navegación. Hojeó los archivos en su libreta de datos, entonces hizo una pausa.
El documento teórico sobre la compresión de masa espacial aún estaba abierto, así como sus apresurados cálculos de correcion de curso.
Él sorió y archivo esas notas. Él podría un día dar una lección sobre esta batalla en la Academia. Le sería útil tener el material de la fuente original.
También había datos del Sensor del puesto de avanzada Archimedes. Ese reporte se había realizado a profundidad: datos graficos limpios y curso de navegación dibujado para el objeto a través del Salto Hiperespacial –una tarea no fácil incluso con una IA. El reporte incluso tenía etiquetas para ir a la sección de astrofísica del UNSC. Considerada.
Él miró el registro de servicio del oficial que había presentado el informe: Alferez Willian Lovell.
Keyes se inclinó cerca del documento. La Carrera de Servicio Vitae del muchacho era casi dos veces más larga que la suya. Había sido voluntario y aceptado en la Academia Luna. Trasferido en su segundo año, habiendo rtecivido ya la comisión de Alferez por heroísmo en un vuelo de entrenamiento que había salvado a toda la tripulación. Había tomado deber en la primera Corveta dirigida a la batalla. Tre Estrellas de Bronce, un Cluster de Plata y dos Corazones Púrpura, y había sido catapultado a Teniente completo en tres años.
Entonces pasó algo terriblemente malo. La declinación de Lovell dentro del UNSC había sido tan rápida como su ascenso. Cuatro reportes de insubordinación y degradado a teniente Segundo y transferido dos veces. Un incidente con una mujer civil –sin detalles en los archivos, aunque el Comandante Keyes se preguntaba si la niña citada en el reporte, Anna Gerov, era la higa del Vicealmirante Gerov.
Él había sido reasignado al Sensor del puesto de avanzada Archimedes, y había permanecido ahí por todo el último año, una inaudita temporada de tiempo en una instalación tan remota.
El Comandante Keyes examinó los registros cuando Lovell había estado en servicio. Eran cuidadosos e inteligentes.
Hubo una suave llamada a su puerta.
“Teniente Dominique, dije que no quería ser perturbado.”
“Perdon por interrumpir, hijo” dijo una amortiguada voz. La rueda de presión de la puerta giró y el Almirante Stanforth dio un paso adentro. “Pero pensé en pasar de visita mientras estaba en el vecindario.”
El Almirante Stanforth era mucho más pequeño en persona de lo que aparentaba en pantalla, su espalda estaba mas corbada con la edad, y su blanco cabello era delgado en la corona de su cabeza. Con todo, él exudo un tranquilizador aire de autoridad que Keyes reconoció al instante.
“Señor.” El Comandante Keyes se paró en atención, golpeando sobre su silla.
“En descanso, hijo.” El Almirante miro en derredor de su barraca, y su mirada permaneció un momento sobre la copia enmarcada del manuscrito original de Lagrange en el cual se derivan sus ecuaciones de movimiento. “Me puede reservir unos cuantos dedos de wisky, si puede escatimar.”
“Si, señor.” Keyes le alcanzó nerviosamente otra taza de plástico y vertió liquido en la bebida del Almirante.
Stanforth tmó un sorvo y luego sonrió en aprecio. “Muy bien.”
Keyes tomo su silla y se la ofreció al Almirante.
El Almirante se sento y se inclino hacia a delante. “Quería felicitarlo personalmente por el milagro que ha realizado aquí, Keyes.”
“Señor, yo no…”
Stanforth detuvo un dedo. “No me interrumpa, hijo.” Esa fue un apieza helluva de astrogación que usted retiró. Noticia popular. Por no hablar de la moral impulsada que esto le ha dado a la flota entera. Él tomootro sorvo de licor y hexaló. “Ahora, esa es la razón por la que estamos aquí. Necesitamos una victoria. Ha sido malditamnete bastante el quedarnos abatidos por esos alienígenas bstardos. Asi que esto ba a ser una victoria, no importa lo que cueste.”
“Entiendo, señor,” dijo el Comandante Keyes. Él sabía que la moral había estado algo floja durante años a través del UNSC. Ninguna de las Fuerzas Armadas, no importa cuan tan bien entrenada, tenía el estomago para soportar derrota, tras derrota sin afectar su determinación en las batallas.
“¿Cómo van en el planeta?”
“En este momento usted no debe de preocupe por eso.” El Almirante Stanforth regreso aliviado de vuelta a su silla, balanceándose en dos piernas. “el General Kits ha mandado sus tropas ahí abajo. A evacuado a las ciudades de los alrededores, y asaltaran Côte d’Azur dentro de una hora. Empastaran a esos alienígenas más rápido de lo que puede escupir. Solo observe.”
“Desde luego, señor.” El Comandante Keyes aparto la vista.
“¿Tiene algo más que decir, muchacho?” Escupió.
“Bueno señor… esta no es la manera normal de operar del Covenant. ¿Desembarcando una fuerza de invasión y abandonando el sistema? Ellos masacran todo o mueren intentándolo. Esto es algo totalmente diferente.”
El Almirante Stanforth saludo una mano despectiva. “Deje lo que tratan de hacer esos alienígenas en manos de la ONI, hijo. Solamente concentrese en las reparaciones del Irouis y de tenerlo listo para el deber de nuevo. Y ágame saber si necesita cualquier cosa.”
El Almirante Stanforth bevió o último de su whisky y se puso de pie. “Traiga al Msriscal de Flota. Oh” –hizo una pausa. “Una cosa más.” Busco en el bolsillo de su chaqueta y saco una pequeña caja de carton. La dejo sobre el escritorio del Comandante. “Considerelo oficial. El papeleo nos alcanzara suficientemente pronto.”
El Comandante keyes abrió la caja. Dentro había un par de insignias de collar de laton: cuatro barras y una sola estrella.
“Felicidades, Capitan Keyes.” El Almirante se movió rápidamente en saludo, entonces estrecho su mao.
Keyes logro captar y sacudir la mano del Almirante. La insignia era real. Él se sorprendió. No pudo decir nada.
“Usted ha ganado.” El Almirante dio la vuelta. “Ágame saber si necesita cualquier cosa.”
“Si, señor,” Keyes clavo los ojos en la estrella de laton y las barras un momento más, entonces, cambió su mirada hacia afuera. “Almirante. . . hay solo una cosa. Necesito el reemplazo de un oficial de navegación.
La postura relajada del Alirante Stanforth se endureció. “He oído acerca de eso. Malos momentos cuando un oficial de puente pierde su estomago. Bueno, usted solo diga el nombre del candidato y yo me asegurare de que lo tenga. . .tan pronto como no lo saque de mi nave.” Él sonrio. “Siga con ese buen trabajo, Capitan.”
“Señor,” el Capitan Keyes saludó.
El Almirante dio un paso afuera y cerró la puerta.
Keyes pacíficamente se dejo caer en su silla.
Nunca había soñado que podrían hacer de él un Capitan. Tomó la insignia de laton sobre su palma y repitió la conversación con el Almirante Stanforth en su mente. Él había dicho, “Capitan Keyes.” Si, era real.
El Almirante también había dejado de lado sus preocupaciones acerca del Covenant demasiado rápido. Algo no tan apropiado, podría decirse.
Keyes cogió el intercomunicador. “Teniente Dominique: rastree el transbordador del Almirante cuando se valla. Déjeme saber cual nave es la suya.”
“Señor, ¿tenemos un Almirante abordo? No estaba informado.”
“No, Teniente, sospecho que no. Sólo rastreee el siguiente trasbordador que salga.”
“A la orde, señor.”
Keys miró de greso en su libreta de datos y releyó el CSV del Alferez Lovell. Él no podía retirar lo que había pasado con Jaggers –no abría segunda oportunidad para él. Pero quizás de alguna manera él podría balancear los libros para darle al Alferez Lovell una segunda oportunidad.
Él cumplió la documentación necesaria para la solicitud de trasferencia. Las formalidades eran largas einnecesariamente complejas. Él transmitió los archivos al PERSCOM (Canal de Personal) del UNSC y envió una copia directa al personal del Almirante Stanforth.
“¿Señor?,” la voz del Teniente Dominique irrumpió a través del intercomunicador. “Ese transbordador se acopló con el Leviatan.”
“Ponlo en pantalla.”
La pantalla de su escritor cambió a la cámara cinco, la visión de estribor de popa. Entre lasdocenas de naves en órbita de Sigma Octanus IV, pudo divisar fácilmente al Leviatan. Ella era una de los veinte cruceros del UNSC en la flota.
Un Crucero era la nave de guerra más poderosa construida por el hombre. Y Keyes sabía que estaban siendo lentamente jaladas de las zonas del Frente y mantenidas en reserva para resguardar a las Colonias Interiores.
Un pedazo de sombra se movía bajo la gran nave de guerra, negro moviéndose en negro. Revelandose a sí misma sólo una vez a la luz del sol. Entonces regresando de nuevo a la oscuridad. Se trataba de un Prowler.
Esas naves furtivas eran exclusivamente usadas por la Inteligencia Naval (ONI).
¿Un Crucero y un ONI aquí? Ahora Keyes sabía que había algo más presente que un simple estímulo moral. Trató no pensar acerca de ello. Es mejor no ir tan lejos cuando se cuestionan las intenciones de uno de los oficiales superiores –especialmente cuando ese oficial era un Almirante. Y especialmente no cuando la Inteligencia Naval estaba literalmente acehando en las sombras.
Keyes virtió de nuevo otros tres dedos de whisky escocés, puso su cabeza sobre su escritorio –sólo para descansar sus ojos por un momento. Las últimas horas le avian agotado.
“Señor,” la voz de Dominique por el intercomunicador despertó al Capitn Keyes. “Transmisión ancha de la flota entrando, canal de prioridad alfa.”
Keyes se sentó y corrió su mano sobre su cara. Hecho una mirada al reloj de laton colgado sobre su litera. Había dormido por casi sei horas.
El Almirante Stanforth apareció en la pantalla. “Escuchen, damas y caballeros: emos detectado un gran número de naves Covenant amasándose en el borde del sistema, según nuestras estimaciones, diez naves.”
En pantalla aparecieron las siluetas de todas las demasiado familiares Fragatas Covenant y un Destructor apareció como fantasmales manchas en el radar.
“Bamos a permanecer donde estamos,” continuó el Almirante. “No hay necesidad de cargar contra ellos y darles a esos feos bastardos la oportunidad de tomar un atajo a travez del Hiperespacio y aventajarnos. Hagan que sus naves estén listas para la batalla. Tenemos sondas juntando más información. Les pondré al tanto cuando sepamos más. Stanforth fuera.”
La pantalla se volvió negra.
Keyes cogió el intercomunicador. “Teniente Hall, ¿cúal es el estado de nuestras reparaciones?”
“Señor,” ella contesto. “Motores en funcionamiento, pero solo con el respaldo del sistema de refrigerante. Podemos calentarlos al cincuenta porciento. El reabastecimiento de misiles Archer y ojivas nucleares se ha completado. Las armas Mac se encuentran también en funcionamiento. Las reparaciones de las cubiertas inferiores recién acaban de comenzar.”
“Informe al Dockmaster que retire a su equipo,” dijo el capitán Keyes. Dejamos la Cradle, cuando estemos despejados, dispare los reactores al cincuenta porciento. Ballan a sus estaciones de batalla.”
Capítulo Diescinueve.
0600 Horas, Julio 18, 2552 (Calendario Militar)/ Sigma Octanus IV, cuadrante por veinticuatro.
“¡Rápido!” Gritó el cabo Harland. “¿¡Quiere morir en el barro Marine!?”
“¡Que madres, señor!” El soldado Fincher presionó el acelerador y los neumáticos del Warthog dieron vueltas en el cauce del rio. Se engancharon, y la cola del vehiculo quedo a través de la grava, del banco, y de la orilla arenosa.
Harlan se metió a si mismo en la parte trasera del Warthog, que tenía anclado una masiva ametralladora 50 mm de barril.
Algo se movió en la maleza detrás de ellos –Harland disparo una ráfaga sostenida. El ensordecedor sonido del “Viejo Fiel” sacudió los dientes de su cabeza. Helechos, árboles y vainas explotaron y astillaron por las ráfagas de fuego como un guadañaso a travez del follage. . . entonces, ya nada más se movía.
Fincher envió el Warthog revotando a lo largo de la costa, bambolenado su cabeza de lado a lado como si se esforzara por ver a través del aguacero. “Somos patos en un barril, Cabo,” gritó Fincher. “Tenemos que salir de este agujero y volver a la cresta, señor.”
El Cabo Harlan busco una manera de salir de ese desfiladero fluvial. “¡Walker!” el Cabo sacudió al soldado Walker en el asiento del pasagero, pero Walker no respondió. Él tomo su último lanzacohetes Jackhammer con agarre de muerte, sus ojos clavados inexpresivamente hacia adelante. Walker no había dicho ni una sola palabra desde que la misión fué hacia el sur. Harlan esperó a que se recobrase de eso, él ya tenía un hombre caído. La ultima cosa que necesitaba era que su especialista en armas pesadas ubiera perdido la razón.
El soldado Cochran yacía a los pies del Cabo, sujetando sus intestinos con las manos manchadas de sangre. Él había sido atrapado por el fuego durante la emboscada. Los alienígenas usaban alguna clase de arma de proyectil que disparaba lejos, alguna clase de delgadas agujas –que explotban segundos después del impacto.
Las entrañas de Cochran eran carne. Walker y Fincher lo habían llenado con biofom y sellado con sinta –y llegaron incluso a detener el sangrado –pero si el hombre no veía a un médico pronto, seria un hombre sin esperanza.
Casi todos eran hombres sin esperanza.
El escuadrón había dejado la Base de fuego Bravo hace dos horas. Imágenes satelitales mostraron que el camino era tan claro como el area objetivo. El Teniente Mckasky incluso había dicho que era “una carrera de lechero” Se suponía que iban a dejar sensores de movimiento en del cuadrante trece a al veinticuatro –justo lo cual hicieron y regresaron. “Un simple trabajo de novatos.” La meta, le abían llamado.
Lo que nadie le dijpo a Mckasky era que los satélites no penetraban la lluvia y la selva de esta bola pantanosa demasiado bien. Si el Teniente hubiera pensado acerca de ello –como el Cabo Harland estaba pensando acerca de ello ahora –se hubiera figurado que algo andaba mal con mandar tres escuadrones a una “carrera de lechero.”
El escuadrón no era verde. El Cabo Harland y los otros ya habían peleado anteriormente contra el Covenant. Sabían como matar Grunts –cuando se amasaban por centenares, sabían que debían pedir apoyo aéreo. Incluso podían cargarse a unos cuantos Jakals, que tienen escudos de energía. Usted había flanqueado a esos chicos –cargandoselos con los francotiradores.
Sin embargo, ninguno de ellos se había preparado para esta misión.
Ellos habían hecho todo bien, maldita sea. El Teniente incluso había traido sus Warthogs cinco klicks abajo del cauce el rio antes de que el terreno se volviera empinado y resbaladizo para los blindados todo-terreno. El hizo que todos los hombres jorobados se enderezaran. Se movían suavemente y en silencio. Casi gateando todo a través del limo de la depresión que supuestamente debían investigar.
Cuando habían llegado al lugar, no se trataba solamentet de otro sumidero lleno de barro. Una cascada salpicaba una piscina en una gruta. Arcos abían sido tallados en la pared, sus bordes muy degradados. Había un pequeño número de adoquines esparcidos alrededor de la piscina. . . y cubriendo esas piedras había unas diminutas tallas geométricas.
Eso es todo lo que el Cabo Harlan tuvotiempo de ver antes de que el Teniente le ordenara a el y a su equipo que regresaran. Él quería que posicionaran los sensores de movimiento donde tuvieran una clara línea de visión hacia el cielo.
Esa era probablemente la razón por la cual seguían con vida.
La explosión había golpeado a Harlan y a su equipo en el barro. Ellos corrian de greso a la posición en donde habían dejado al Teniente –pero lo único que encontraron fue un barro cristalizado, un cráter, algunos cadáveres quemándose y trozos de hueso carbonizado.
Ellos divisaron otra cosa –un contorno en la niebla. Era bípedo, pero mucho más grande que cualquier hombre que el Cabo Harlan ubiera visto. Y, extrañamente, lucía como si llevara puesto una armadura medieval, incluso cargaba un grande escudo de metal de formas extrañas.
Harland vió el resplandor de una regeneración de arma de plasma. . . y eso es todo lo que necesitaba ver para ordenar una rápida velocidad de retroceso.
Harland, Walker, Cochran y Fincher, retrocedieron -disparando a ciegas sus rifles de asalto.
Covenant Grunts los perseguían, rasgando el aire con sus armas de agujas, moviéndose bajo la jungla, como pequeños fragmentos de navajas que explotaban.
Harlan y los otros se detuvieron y golpearon la cubierta, salpicando en el grueso barro color rojo cuando un Covenant Banshee pasó sobre ellos.
Cuando se pusieron de pié, Cochran tomó una ronda en su estomago. El Grunt lo había atrapado. Cochran se sobresaltó, su lado explotó, y se empino hacia el suelo. Había caído en shok tan rápido que no había tenido nisiquiera tiempo de gritar.
Harland, Fincher y Walker se agasaparon en el fango y regresaron el fuego. Mataron a una docena de pequeños bastardos, pero más seguían llegando, sus ladridos y gruñidos haciendo eco a travez de la selva.
“Alto el fuego,” haía ordenado el Cabo, esperó un segundo, y entonces lanzó una granada cuando tuvo a los Grunts más cerca.
Sus oídos todavía resonando, corrieron, arrastrando a Cochran con ellos y sin mirar atrás.
De alguna manera habían conseguido regresar al Warthog, y largarse de ese desgraciado lugar. . . o, al menos, eso era lo que estaban tratando de hacer.
“Por ahí,” dijo Fincher, y señalo un claro en los árboles. “eso tiene que llegar hasta la cresta.”
“Adelante,” dijo Harland.
El Warthog se deslizo de lado y entonces consiguió llegar hasta el terraplen, saltando en el aire y aterrizando sobre la suave selva. Fincher esquivó unos cuantos árboles y condujó al Warthog pendiente arriba. Emergiendo en la línea de la cresta.
“Jesus, eso estuvo cerca,” dijo Harlan. Moviendo una fangosa mano a travez de su cabello, acomodándolo de nuevo.
Golpeó ligeramente a Fincher en el hombro. Fincher saltó. “Soldado, reaccione.” Trate de contactar a Base de fuego Bravo por la banda ancha.”
“Si, señor,” Fincher respondió con voz basilante. Él miró casi catonicamente al soldado Walker y sacudió su cabeza.
Harland revisó a Cochran. Los ojos delsoldado Cochran permanecían abiertos, agrietando el endurecido barro sobre su cara. “¿Ya regresamos, Cabo?”
“Casi,” Harland le dijo. Su pulso era estable, aunque su rostro había, en unos cuantos minutos, cambiado de color. Parecía como un cadáver. Máldita sea, Harland pensó que comensaría a sangrar.
Harland colocó una tranquilizadora mano sobre el hombro de Cochran. “sosten aquí, te pondremos un parche tan pronto regresemos al campamento.”
Ellos tenían naves de desembarco en Bravo. Cochran tenía una oportunidad. Aunque era delgado, si le daban de regreso a los sirujanos de combate en el cuartel –o mejor aún, a los doctores de la Marina en las naves en órbita. Por un momento Harlan fue deslumbrado con visiones de hojas limpias, comidas calientes -y un metro de armadura entre él y el Covenant.
“Nada mas que estatica en la red, señor,” dijo Fincher, rompiendo a travez de las atenciones de Harlan.
“Quizas la radio fue alcanzada,” murmuro Harlan. “Tu sabes que esas agujas explosivas tiran un monton de metralla. Lo más probable es que tengamos astillas de esas cosas dentro de nosotros también.”
Fincher examinó sus musculosos antebrazos. “Genial.”
“Hay que movernos,” dijo Harland.
Las llantas del Warthog giraron, se aferraron al terreno y el vehiculo se movió rápidamente a lo largo de la cresta.
El terreno lucía familiar.hrln incluso diviso tres sets de huellas –si, este era el camino por el cual el Teniente los había traido. Diez minutos, y ellos estarían de vuelta en la base. No más preocupaciones. Él se relajó, tomo un paquete decigarros, saco uno. Se quito el sinturon de seguridad y lo hizo a un lado con el fin de encender el cigarro.
Fincher acelero el motor y salieron disparados hacia la cima de la cordillera –cruzandola y patinandola para hacer alto.
Si no hubiera sido por la niebla, uvieran visto todo este lado del valle –la exuberante alfombra de selva, el rio serpenteando a través de ella, y en las lejanas colinas, un claro salpicado con fijos emplazamientos de armas, alambre de púas, y estrcturas prefabricadas: la Base de fuego Bravo.
Su pelotón había prácticamente escarvado en la ladera para minimizar la uella del campamento y proveer un lugar donde pudieran almacenar con toda seguridad sus municiones y sus literas. Una anillo de censores rodeaba al campamento para que nada pudiera acercarse a ellos. Radares y detectores de movimiento vinculados a las baterías de misiles tierra-aire. Una carretera corría lejos de la cordillera –tres klicks abajo hacialo que era la ciudad costera Côte d’Azur.
El sol irrumpió a través de la neblina sobre sus cabezas, y el cabo Harlan vió que todo había cambiado.
Sin embargo, lo que les obstruía la visión no era niebla o bruma. Columnas de humo se elevaron desde el valle. . . y ya no había más jungla. Todo había sido quemado del terreno. El valle entero estaba renegrido, ardiendo a fuego lento. Cráteres rojos encendidos brillaban en las laderas.
Él torpemente cogió sus binoculares, sometiéndolos a sus ojos. . . y se congeló. La colina donde estaba el campamento había desaparecido –había sido aplanada. Sólo una reluciente superficie como espejo permanecía. Los lados de las colinas adyacentes refulgieron con un recubrimiento de vidrio agrietado. El aire era espeso, con pequeños voladores Covenant en la distancia. Sobre el terreno, Grunts y Jakals buscaban sobrevivientes. Unos cuantos Marines corrian a resguardo. . . había cientos de heridos y muertos sobre el suelo, indefensos. Algunos gritando y tratando de gatear para salir de ahí.
“¿Qué es lo que tiene, señor,?” Fincher preguntó.
El sigarrillo cayó de la boca de Harlan y calló en su camisa pero él no podía quitar su mirada del campo de batalla en la lejanía.
“No es nada,” susurró.
Una forma se movió en el valle –mucho más grande que los Grunts o Jakals. Sus sontornos eran borrosos. Harlan trató de enfocar sus binoculares sobre eso, pero no pudo. Era la misma cosa que había visto en el cuadrante trece por veinticuatro. Los Grunts le dieron un ancho objeto. La cosa levantó su brazo –la totalidad de su brazolucía como una gran arma –y un perno de plasma golpeó cerca de la porilla del rio.
Aún a esta distancia, Harlan pudo oír los girtos de los hombres que habían estado escondiéndose ahí.
“Jesus,” soltó los binoculares.”¡Nos largamos ahora!” él dijo. “Fincher, da la vuelta a esta bestia.”
“Pero-“
“Se han ido,” susurró Harlan. “Todos están muertos.”
Walker lloriquó y se sacudió de atrás a adelante.
“Estaremos muertos también, a menos que te muevas,” dijo Harland. “Ya estuvimos de afortunados una vez el día de hoy, no lo presionemos.”
“O, si,” Fincher metió reversa en el Warthog. “Baya suerte.”
El aceleró colina atrás y saltó al Warthog sobre el terraplen y de vuelta al rio.
“Sigue el rio,” Harland le dijo. “Tomaremos todo el camino hacia el CJ.
Una sombra cruzó su camino, Harland miro en derredor y vió un par de Banshees Covenant de ala pequeña descendiendo rápidamente tras ellos.
“¡Muevete!” le grito a Fincher.
Fincher pisó el acelerador y salpico plumas de agua por doquier. Rebotaron sobre rocas y pasaron a través de la corriente.
Pernos de plasma golpearon el junto a ellos –explotando en vapor. Los pedazos de roca cristalizada por el tremendo calor, hicieron un sonido metalico al chocar contra el blindaje del Warthog.
“¡Walker!” Harland gritó. “Usa esos Jackhammers.”
Walker se agachó, doblándose en su asiento.
Harland disparó la ametralladora de barril. Las balas trazadoras cortando a travez del aire. Los voladores esquivaron ágilmente. La pesada ametralladora era sólo precisa a un rango razaonablemente corto –y ni aún eso, con los rebotes que Fincher mantenía en el Warthog a travez de todo el lugar.
“¡Walker!” exclamó. “Nos vamos a morir si tu no pones esos misiles en el aire.”
Él le hubiera ordenado a Fincher que tomara el lanzador –pero él hubiera tenido que detenerse para agarrarlo. . . eso, o tratar de conducir sin manos. Si el Warhog se detenía, entonces no serían más que patos en un barril para esos voladores.
Harland dio un vistazo a la orilla del rio. Eran demasiado empinadas para el Warthog. Ellos estaban atrapados en el río, sin cobertura.
“¡Walker! Haz algo.”
El Cabo Harland disparo la ametralladora de nuevo hasta que sus brazos se entumecieron. No era bueno; las Banshees estaban demasiado lejos, demasiado rápidas.
Otro perno de plasma golpeó –directamente frente al Warthog. El calor lanzo su abrazo sobre Harland. Ampollándole la espalda.
Gritó, pero continuío disparando. Si no hubieran estado sobre el agua, ese plasma hubiera derretido los neumáticos. . . probablemente los hubiera freido a todos.
Una ráfaga de calor y un penacho de humo hicieron erupción a lado de Harland.
Por una fracción de segundo el pensó que los artilleros Covenant habían encontrado su blanco –que estaba muerto. Él gritó incoherentemente, sus pulgares estaban atascados presionando los gatillos de la ametralladora.
El Banshee que tenía en la mira comenzó a destellear intermitentemente, entonces se convirtió un una bola de fuego soltando metralla.
Se dió la vuelta, su aliento picotenado en su pecho. No habían sido alcanzados.
Cochran se arrodilló a su lado. Un abrazo aferrado a su estomago, y el otro brazo levanto el lanzacohetes Jackhammer en su hombro. Él sonrió con los lavios esnsangrentados y busco para fijar al otro volador suelto.
Harland se agachó, y otro misil salió disparado directamente sobre su cabeza.
Cochran se rió, expectorando sangre y espuma. Lágrimas de regocijo o dolor –Harland no podía saber- emanaron de sus ojos. Se derrumbó hacia atrás y dejo que el lanzacohetes al rojo vivo se deslizara de su mano.
El segundo banshee exploto y se deslizo en espiral hacia la selva.
“Dos klicks mas,” grito Fincher. “Un momento” él hizo girtar la rueda y el Warhtog empezó a andar por el cauce del río, y fue dando tumbos hasta la sima de la colina, y más alla, y se deslizo sobre una carretera asfaltada.
Harland se recoto y toco el cuello de Cochran para sentir su pulso. Ahí estaba, débil; pero él aún seguía con vida. Harland miró a Walker. Él no se había movido, sus ojos estaban cerrados y apretados.
El primer impulso de Harland fue dispararle en ese mismísimo momento –maldita sea, eludiendo el deber, cobarde bastardo, casi les había costado la vida -no. Harland estaba medio asombrado de que él no se había congelado, también.
El Cuartel Jeneral estaba por delante. Pero el estomago del cabo Harland se hundió cuando vio humo y llamas ondeando en el horizonte.
Pasaron el primer punto de inspección armado. La guardia y los bunkers habían sido devastados, y sobre el barro había miles de marcas de Grunts.
Más atrás, vió un circulo de sacos de arena alrededor de una casa del tamaño de un trzo de granito. Dos Marines lo saludaron. Mientras se acercaban al Warthog, los Marines se encuadraron y saludaron.
Harland saltó hacia afuera del vehiculo y les devolvió el saludo.
Uno de los Marines tenía un parche sobre su ojo y su cabeza estaba vendada. Su rostro manchado de hollín. “Jesus, señor,” él dijo. “es bueno verlos, chicos.” Se aproximo al Warthog. “¿Tienen algún operador de radio en esa cosa?”
“Yo –yo, no estoy seguro,” dijo el cabo Harland. “¿Quién esta a cargo aquí? ¿Qué paso?”
“El Covenant nos golpeó duro, señor.” Tenían tanques, apoyo aéreo –miles de esos pequeños chicos Grunts. Arrasaron los cuarteles principales. El puesto de comando. Casi alcanzan el bunker de municiones.” Él miró a lo lejos y su único ojo se cristalizo de nuevo. “Lo juntamos y peleamos, aunque, eso fué hace más de una hora. “Creo que matamos todo No etoy seguro.”
“¿Quién esta a cargo, soldado? Tengo a un hombre gravemente herido. Necesita evacuación, y yo tengo que hacer mi reporte.”
El Marine sacudió su cabeza. “Lo siento, señor. El hospital fue al primero que le dieron. Acerca de quién esta a cargo. . . pienso ue usted es el el oficial de mayor rango aquí.”
“Genial,” murmuro Harland.
“Tenemos cinco chicos ahí atrás.” El Marine sacudió su cabeza hacia las columnas de humo ardiendo en la distancia. “Están en trajes contra-incendios, buscando armas y municiones.”
“Entendido,” dijo Harland. “Fincher, prueba de nuevo con la radio, ve si puedes enlazarte a un SATCOM. Pide evacuación.”
“Enseguida,” dijo Fincher.
El soldado herido le preguntó a Harland, “¿Podemos recibir ayuda de la Base de fuego Bravo, señor?”
“No,” dijo Harlnad. “Le dieron también. Hay Covenants por todo el lugar.”
El soldado bajo la cabeza bruscamente, viendo su rifle.
Fincher le entrego a Harlnad el auricular de la radio. “Señor, SATCOM es bueno ya, tengo al Leviatan en la bocina.”
“Este es el cabo Harland.” Dijo por el micrófono. “El Covenant alcanzó la Base de fuego Bravo y el Cuartel general Alfa. . . eliminándolos en el acto. Emos rechazado al enemigo en el sitio Alfa, pero nuestras bajas han sido casi del cien porciento. Tenemos heridos aquí. Necesitamos evacuación inmediata. Repito: necesitamos evacuación inmediatamente.”
“Entendido, Cabo. Entendemos su situación. Evacuación no es posible en este momento. Tenemos nuestros propios problemas qui” –hubo una ráfaga de estatica. La voz regreso de nuevo. “La ayuda esta en camino.”
El canal murió.
Harland miro a Fincher. “Comprueba el transceptor.”
Fincher corió el diacnostico. “Funciona,” dijo. “Obtengo algo del SATCOM.” Mojo sus labios. “El problema debe estar por terminar.”
Harland no quiso pensar que clase de problemas podría tener la flota. Él había visto demasiados planetas cristalizados desde la órbita. Él no quria morir ahí –no e esa forma.
Se giró hacia el hombre en el bunker. “Dijeron que la ayuda esta en camino, asi que rlajense.” Miró hacia el cielo y susurró. “Mejor que envíen a un regimiento entero aquí abajo.”
Un puñado de otros Marines regresó al bunker. Ellos habían recatado municiones, rifles extras, una caja de granadas de fragmentación, y algunos missiles Jakhammer. Fincher tomó el Warthog y algunos hombres para ver si podían transportar las armas más pesadas.
Llenaron con más biofoam a Cochran y lo vendaron. Él cayó en coma.
Entraron en el bunker y esperaron. Escuchando explosiones a una extrema distancia.
Walker finalmente habló. “Asi que. . . ¿ahora qué, señor?”
Harland no volteó a ver al hombre. Cubrió a Cochran con otra manta. “No lo se, ¿puedes pelear?”
“Eso creo.”
Le paso un rifle a Walker. “Bien. Ve ahí arriba y observa.” Saco un cigarrillo, lo encendió, le dio un puff y se lo paso a Walker.
Walker lo tomó, poniéndose de pie temblorosamente y salió.
“¡Señor!” Dijo. “Nave de transporte descendiendo. ¡Es una de las nuestras!”
Harland tomó la señal de bengalas. Corrió hacía afuera y miro hacia el horizonte. Alto, en el borde del oscuro cielo divizó un punto, y el incomnfundible rugido de las turbinas de un Pelican. Saco la bengala y la arrojo sobre el suelo. Un momento depues, espesas nubes de humo verde se elevaban hacia el cielo.
La nave giró rápidamente hacia su posición y comenzó a descender.
Harland entrecerró sus ojos. Comenzó a buscar el resto de las naves. Sólo había una.
“¿Una nave?” Walker susurró. “¿Es todo lo que enviaron?” Cristo, eso no es apoyo –eso sólo es un simple detalle.”
El Pelican se deslizaba hacía el terreno, salpicando barro en un radio de diez metros, entonces aterrizó. La rampa se abrió y una docena de figuras salieron.
Por un momento Harland creyó que se trataban de las mismas creaturas que había visto anteriormente –acrazados y más altos que cualquier humano que hubiera visto. Se congeló, no hubiera podido aprestar su arma aunque hubiera querido.
Eran humanos, sin embargo. El que estaba parado enfrente de los demás media más de dos metros de altura y parecía que pesaba más de doscientos kilogramos. Su armadura era de una extraña aleación verde reflectora, y negro mate por debajo. Sus movimientos eran elegantes y fluidamente rápidos, y precisos, también. Parecían más robots que personas de carne y hueso.
El primero que bajo de la nave caminó hacia él. Aunque su armadura carecía de insignias, Harland pudo ver la insignia de un Jefe Maestro sobre el HUD de su casco.
“¡Jefe Maestro, señor!” Harland se quebró en saludo.
“Cabo,” él dijo. “Es fácil, reuna a sus hombres y nos pondremos a trabajar.”
“¿Señor?” Harland preguntó. “Tengo un monton de heridos aquí, ¿qué trabajo es el que vamos a hacer, señor?”
El casco del Jefe Maestro se ladeo. “Emos venido a tomar Sigma Octanus Cuatro de las manos del Covenant, Cabo,” él dijo calmadamente. “Para ello, vamos a matar a todos y a cada uno de ellos.”
__________________
|